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Belén Marticorena

Sobreviviendo en la Jungla

Belén Marticorena


Sonría, por favor

29/04/2022

Yo no había caído, pero esta semana una amiga me hizo notar que la gente apenas sonríe, que nos cuesta mucho y que hemos adquirido un rictus serio y taciturno que nos acompaña allá donde vamos. Tal vez haya sido un efecto de las mascarillas o puede que sea el resultado inmediato de medidas tan increíbles como intentar prohibir beber cerveza o vino con el menú de nuestro restaurante favorito. Estos visionarios que tenemos por dirigentes solo son felices prohibiéndonos cualquier experiencia que nos pueda hacer sonreír.

He de decir que de inmediato, o como máximo a los cinco minutos de vernos, ya estábamos mi amiga y yo carcajeándonos como locas por cuestiones lúdico festivas de lo más liviano y sin ninguna trascendencia. Y es aquí cuando he comprobado que la sonrisa no era solo un mero complemento que dejabas en cualquier sitio, como un sombrero o un paraguas, sino que es un elemento básico que me colocaba de manera natural cada mañana para enfrentarme a la jungla. Una de mis armas secretas, con la que sabía que podía ganar batallas y empatizar con el sieso de enfrente, una herramienta mágica que en las manos, o mejor dicho, en la boca adecuada, lo puede transformar casi todo. Y en cualquiera de sus versiones, misteriosa como la de la Mona Lisa, o sexy como la de Marilyn, lo importante es no perderla o dejártela olvidada en cualquier esquina, porque no hay garantía de devolución.

Me he asustado y he pensado que algo tan natural y sano debería ser una imposición y que para este tipo de asuntos sí que deben publicar uno de esos decretos especiales que salen siempre con nocturnidad y alevosía. Es urgente y necesario establecer su uso indiscriminado como algo obligatorio, en especial para quienes no lo practican nunca. Yo misma me la voy a colocar hasta que me duelan los mofletes y tenga agujetas. Sé que ahora mismo no parece que haya muchas razones que nos puedan hacer sonreír, pero buscando, buscando… esta semana he encontrado un motivo único para sacar nuestra sonrisa a pasear, y es el descubrimiento de una vía inicial para la cura del cáncer, solo por eso merece la pena ponernos una sonrisa enorme y empezar a contagiársela a todo quisqui.