La industria del automóvil afronta "la tormenta perfecta"

G. Arce
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La industria del automóvil afronta "la tormenta perfecta" - Foto: Alberto Rodrigo

Un informe en el que participan más de un millar de directivos augura cambios drásticos en un sector que es estratégico para Burgos

El sector de la automoción, o lo que es lo mismo, las principales empresas de la ciudad y más de 7.000 empleos directos (sumando industrias, concesionarios y talleres), se enfrenta desde hace un tiempo y en un discreto silencio a una "tormenta perfecta", que le obliga a adoptar cambios estratégicos a corto y medio plazo si quiere salvar con éxito los nuevos retos de un mercado marcado por el nuevo ecosistema de movilidad y la digitalización. Este es el aviso que traslada el XX Informe Global sobre Automoción (GAES, por sus siglas en inglés), que será presentado mañana jueves en la Casa del Empresario, sede de FAE.

El trabajo, basado en una encuesta realizada entre 3.000 participantes, de los que 1.000 son directivos de la industria del automóvil, advierte de que esta industria afronta el reto "más importante de su historia" con cambios procedentes de varios frentes. Por un lado, como demuestra la reciente aplicación de restricciones arancelarias de Estados Unidos a México o la guerra comercial entre las grandes potencias, está creciendo la incertidumbre geopolítica y el proteccionismo, "lo que afecta a industria de componentes como la burgalesa, pues depende mucho del libre acceso a las cadenas de valor globales", explica Begoña Cristeto, socia de KPMG en España y participante en la jornada.

Otro reto es la sostenibilidad, que se traduce en la imposición de una fuerte reducción de emisiones contaminantes, algo que no viene obligado solo por la legislación sino que ya lo demanda el consumidor. Por primera vez en la historia, una tendencia tecnológica es marcada por el regulador (por los gobiernos). "Hasta ahora era los fabricantes los que, invirtiendo en I+D+i, determinaban cuál era la tecnología a implantar; ahora es el regulador el que ha dicho que, de aquí a 30 años, la tecnología tiene que ser la eléctrica". "No ha habido una neutralidad tecnológica por parte del regulador", reconoce Cristeto.

El tercer reto es la revolución tecnológica en la que estamos inmersos y que afecta a esta industria en dos ámbitos: la mejora de sus procesos productivos (implantación de la industria 4.0) y el cambio en el producto. "El coche es cada vez más conectado, más sostenible, más autónomo... La industria ha visto como su producto estrella ha pasado a ser un activo secundario dentro del ecosistema de movilidad: tiene que pasar de ser una industria del automóvil a una industria de la movilidad".

Estos cambios tocan de lleno a los polígonos industriales de la ciudad. "Las empresas estaban acostumbradas a trabajar en unas cadenas muy verticales donde cada una tenía su posición muy determinada (fabricantes y proveedores de diferentes niveles) y, de repente, el sector se ha trasformado en una malla de cadena de valor donde aparecen las empresas tecnológicas (dueñas del software del vehículo, es decir, del 40% de su valor), las energéticas (participantes en la construcción de las infraestructuras de recarga eléctrica) y las de gestión de flotas (porque nos encaminamos a una movilidad de pago por uso del coche)".
Desde la consultora no se habla de peligros (cierres o deslocalizaciones) sino de retos para las empresas. "El éxito de la industria de la automoción española, que supone el 10% del PIB y el 9% del empleo, se debe a que tenemos una industria muy potente de componentes de automoción, lo que ha hecho que los grandes fabricantes se implanten y promocionen sus sedes en España".

De cara a la industria burgalesa,  el consejo de Begoña Cristeto es ver la evolución de los vehículos para los que se están fabricando componentes. Los nuevos coches son más sostenibles, lo que penaliza las piezas para motores de combustión interna, y se fabrican bajo los esquemas de la industria 4.0.
energías alternativas. El informe constata que todos los fabricantes están inmersos en estrategias de transición a vehículos de energías alternativas, que tendrán su destino final en la electricidad. Así, a nivel mundial la fabricación se está distribuyendo entre vehículos eléctricos de batería (el 30%), vehículos eléctricos de pila de combustible (23%) y motores de combustión interna (23%).

Estos cambios son obligados por el regulador, los está demandando el consumidor y "si la industria no es capaz de reducir las emisiones se enfrentará a multas considerables".

Y no solo la industria está cambiando sino también el sector comercial del automóvil. El GAES recoge la opinión generalizada de que el número de concesionarios  se reducirá o se concentrará en un 30-50% hasta 2025. "Se ha comunicado mal un cambio que va a tener lugar en 2040, el vehículo de emisiones cero no va a ser de hoy para mañana, estamos en una transición. Ahora no es un vehículo popular pues se enfrenta a las barreras del precio y la falta de infraestructuras eléctricas".


ESTÍMULOS 

Begoña Cristeto, que fue secretaria general de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa entre 2014 y 2018, aboga por una política integral por parte de las administraciones, que incentive la compra de vehículos, la instalación de puntos de recarga en ciudad y carretera. "El nuevo gobierno debe centrarse en el estímulo económico de la demanda de vehículos y el achatarramiento de los más antiguos", señala.

También pide al Gobierno ayudas para la industria española, dado que actualmente el 97% de los que produce son vehículos de combustión interna. "La siguiente remesa de asignación de vehículos a las fábricas españolas tiene que apostar por los modelos eléctricos o de energías alternativas, si no perderemos el tren de la producción de los vehículos que se van a demandar". La posición actual de nuestro país "es en la que tenemos que estar: tenemos una industria muy competitiva pero no nos podemos dormir".

Respecto al empleo, el vehículo eléctrico requiere menos piezas y menos hora/mano de obra que el de combustión. Pero ya estamos hablando del sector de la movilidad, "que generará muchos puestos de trabajo pero en otros perfiles más tecnológicos vinculados a la energía y la digitalización", lo que supone también un reto de adaptación de la formación.