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Editorial

Unidad europea para castigar a Rusia a pesar de su petróleo

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Los países europeos continúan las duras negociaciones para sacar adelante el sexto paquete de sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania, pero la dependencia energética de un puñado de estados miembros está resultado un escollo hasta ahora insalvable. El embargo al petróleo sigue siendo la principal dificultad para aprobar estas nuevas represalias del bloque contra el Kremlin, a pesar de que la propuesta original de la Comisión Europea contempla un plazo genérico de retirada que va hasta final de año y da un año más a Hungría y Eslovaquia por su dependencia en las importaciones de crudo ruso por oleoducto. Aunque en los últimos días se han logrado «avances importantes» sobre la mayoría de las medidas que plantea el paquete, los negociadores deben cerrar cuanto antes las garantías que pretenden Budapest, Bratislava y Praga para asegurarse un suministro suficiente de este hidrocarburo cuando renuncien al suministro ruso.

La unidad mostrada hasta ahora por los Veintisiete de la UE está siendo clave para el aislamiento internacional al invasor ruso y su ahogamiento económico debe continuar con nuevas medidas planteadas ya en este próximo paquete que pretenden aprobar esta misma semana. Por ello, es importante seguir manteniendo la unanimidad en la adopción de otras restricciones, especialmente sobre el gas y el petróleo que suponen el ingreso de miles de millones de divisas en las arcas rusas, aunque todos debemos ser conscientes que obligarán a sacrificios al resto de los ciudadanos europeos, que pueden llegar incluso a tener que compartir el gas con aquellos países más dependientes de los carburantes provenientes del país invasor.

La guerra en Europa del Este está generando dificultades económicas en el resto del continente y en España ya lo estamos notando, pero es un momento en el que no podemos aflojar y hay que seguir mostrando una postura conjunta y fuerte desde la Unión Europea frente a quienes no respetan la legalidad internacional ni la soberanía territorial y, en muchos casos, tampoco los derechos humanos. Más allá de esto, los países europeos deben iniciar un planteamiento a medio y largo plazo sobre la dependencia industrial, energética o de cualquier tipo que puede poner en dificultades las economías occidentales en algún momento por problemas en terceros países. Ya sucedió con la pandemia o la crisis de suministros, cuando la sociedad o distintos sectores industriales se vieron totalmente condicionados por la llegada de productos sanitarios o electrónicos provenientes de China y otros países del entorno.

Aprendamos la lección. Los países europeos deben seguir manteniendo la unidad frente a Putin con nuevas sanciones económicas, mientras deben comenzar a trabajar en nuevos modelos que permitan un autoabastecimiento de productos y suministros básicos para nuestra sociedad y el tejido productivo.