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La cereza de Caderechas sobrevive al frío y a las lluvias

S.F.L.
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El agua que ha caído entre esta semana y la pasada en el Valle y la drástica bajada de las temperaturas apenas han dañado la cosecha. El hongo monilinia sí ataca a algunos árboles

Los árboles que a estas alturas mantienen la flor corresponden con los de las variedades de cerezas más tardías. - Foto: S.F.L.

Los cerezos del Valle de Caderechas han librado una batalla importante pero no la guerra. La llegada de una borrasca la semana pasada, las lluvias y la notable bajada de temperaturas amenazaba con arrasar incluso con hasta «la mitad de la producción», manifestaban algunos fruticultores de la zona con preocupación. Sin embargo, el tiempo se ha comportado, y a pesar del agua que ha caído durante estos días y el descenso de los termómetros hasta los 2 grados, «no lamentamos daños importantes», expone el productor Julián Alarcia.

Tras una Semana Santa casi veraniega, superando los 20 grados, y con un cambio tan brusco de climatología, los expertos del campo se esperaban lo peor, y veían peligrar el desarrollo de los más de 50.000 cerezos del territorio. A diferencia de las localidades ubicadas en la parte más baja, como Terminón, Bentretea o Cantabrana, en las altas no ha llovido tanto como anunciaban las previsiones. Tampoco se han registrado heladas, por lo que «la cosecha no se ha estropeado mucho», aclara Alarcia. No obstante, el vecino del Valle asegura que nota diferencia de los cerezos que tiene en Río Quintanilla a los de Hozabejas, que se muestran con menos flor «porque son más sensibles» a las inclemencias meteorológicas debido a su ubicación.

El experto explica que el frío, que no el agua, sí ha provocado que el ciclo del desarrollo de la cereza se corte. Ello deriva en que la savia deja de circular por el árbol y algunas no crecen más. Pero para comprobar el daño real, «tendremos que esperar a que el fruto tenga el tamaño de una uña, momento crucial en el que el propio árbol tirará al suelo las que no estén sanas», aclara.

Al igual que el resto de compañeros de campo coincide en que los frutales presentan un «estado fuerte» porque en el territorio no ha habido sequía ya que en septiembre y octubre llovió bastante y ese agua fue absorbida, por lo que, en principio, «la cosecha viene muy buena», añade. Esto no significa que algunos sufran otras consecuencias relacionadas con el agua. En el caso de los cerezos de José Ángel Acebes, algunos padecen monilia, una enfermedad causada por unos hongos que se manifiesta como una momificación de los frutos o de las flores. «Las hojas y los brotes se queman y desecan, y los frutos se ennegrecen», afirma.

No hay que confundirlo con el fin de la floración, el espectáculo natural que este año ha atraído a Caderechas a cientos de curiosos interesados en contemplar el fenómeno. En algunos puntos del Valle, como en Herrera, todavía aguantan -aunque por poco tiempo- ramas repletas de pétalos blancos. A lo largo de la Ruta de los Cerezos resulta ya poco probable dar con árboles tan cargados, ya que el viento, la lluvia y la entrada al mes de mayo conlleva a que el tono de la flor mute a marrón, para después caer y dar paso a las hojas.

Temporeros. Los productores prevén una buena campaña y calculan que recolectarán unos 200.000 kilos de fruta dentro de la Marca de Garantía. Las especies más tempranas madurarán a primeros de junio y eso significa que se necesitará contratar mano de obra. Los fruticultores pronto se pondrán en marcha para buscar personal dispuesto a trabajar durante los meses de verano en sus fincas. En los últimos años contaron con vecinos de La Bureba.