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Marian Peña

Observando al Mundo

Marian Peña


Vigilar el casco alto

27/10/2021

Aunque haya quien opine lo contrario, siempre me ha parecido una gran idea la de instalar una escalera mecánica para salvar el desnivel entre la Calle Hospital de los Ciegos y la zona de San Esteban, especialmente teniendo en cuenta la ayuda que esto supone para los vecinos de edad avanzada que son mayoría en este barrio de la ciudad. Pero, a decir verdad y a pesar de que paseo habitualmente por la zona, puedo contar con los dedos de una mano las veces que la he podido utilizar porque, aunque lleva más de una década instalada, ha pasado más tiempo estropeada que en funcionamiento. Lo más triste del asunto es que estas averías se deben, en la mayoría de la ocasiones, a la actuación deliberada de personas desconocidas que se divierten rompiendo, ensuciando y pintando lo que es de todos. Además de la molestia que ello causa a los vecinos, su reparación supone un buen pellizco para las arcas municipales que hay quien parece olvidar que se nutren de los impuestos que pagamos el común de ciudadanos.
A estas alturas sabemos que el casco alto, especialmente el Castillo, se ha convertido en los últimos tiempos en el lugar favorito para la celebración de botellones; sobre todo lo tienen claro los vecinos de la zona que no dejan de denunciar, con escaso éxito, las molestias que esto produce en cuestión de ruido, suciedad y actos vandálicos dirigidos especialmente contra las mencionadas escaleras, los coches aparcados o el ascensor de Fernán González. Por eso no me parece mala idea la solicitud del Ayuntamiento a la Subdelegación del Gobierno para la instalación en ese entorno de cámaras de vigilancia que consigan disuadir a los incívicos, como ya sucedió en su día en las Llanas, o facilitar su reconocimiento de cara a exigirles las responsabilidades correspondientes que además de una buena multa, deberían pasar por trabajos en favor de la comunidad con el fin de reparar lo dañado.
Es una pena que tengamos que llegar a la vigilancia y la multa para hacer entender a algunos jóvenes que la diversión no está reñida con el respeto de los derechos del resto de ciudadanos y que ocasionar desperfectos en el espacio y el mobiliario público es atentar contra unos bienes que tienen dueño y que también les pertenecen a ellos.