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Vecinos de San Cristóbal se hartan del botellón

I.E.
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Denuncian que los participantes en reuniones en torno al alcohol dejan mucha suciedad en las mesas del barrio. Piden a la Policía Local que intervenga

Ásí amanecen muchas mañanas las mesas de madera de San Cristóbal. - Foto: DB

El botellón no es un fenómeno exclusivo de la zona del Castillo de Burgos. Los vecinos de otros barrios también lo sufren, si bien es cierto que la basura que genera en el casco alto y San Esteban es muy superior a la que se origina en otros enclaves. Ahora bien, las molestias pueden ser incluso más graves. Y si no que se lo digan a los habitantes de San Cristóbal, que en los últimos fines de semana han tenido que soportar la suciedad y los ruidos de las reuniones en torno al alcohol que se celebran hasta altas horas de la noche los vienes, los sábados e incluso los domingos, según denuncian a este periódico. 

Muchos vecinos se han hartado y piden a la Policía Local que aumente su presencia en el barrio y que disuelva estos botellones, porque «en ocasiones pasan con el coche patrulla, ordenan desde la ventanilla que se termine la fiesta, pero nadie les hace caso», se queja uno de los denunciantes, quienes prefieren mantener el anonimato, ya que los 'promotores' de estas juergas son vecinos casi de puerta.

Lo que más molesta a los habitantes de San Cristóbal es el ruido.  En las mesas y bancos situados en el propio barrio se reúnen grupos de 10 y 20 personas que «beben, cantan, gritan y ríen» hasta unas horas que dificultan el sueño de quienes viven allí. «Los que trabajamos en fábricas, que somos unos cuantos, y hacemos turnos muchas semanas nos tenemos que levantar a las 5 de la mañana para entrar a las 6; pero es que muchos días no hemos pegado ojo porque la fiesta no ha parado hasta las 3; y esto no puede seguir así», comenta uno de los afectados.

Algunas veces son los propios vecinos los que bajan de sus casas para exigir silencio, pero se trata de un esfuerzo baldío, porque no les hacen mucho caso. De ahí que insistan en que debe ser la Policía Local la que ponga orden. «No puede ser que todas las dotaciones se concentren en el Castillo porque en otros barrios también los sufrimos», lamentan.

Otro de los extremos que les preocupa es la suciedad que se genera y que no desaparece hasta que no llegan los camiones de la empresa de recogida de basura. Y es que quienes organizan los botellones «ni se dignan a meter los residuos en una bosa para llevarlos a un contenedor o a una papelera, los dejan en las mesas o tirados por el suelo». Muchas mañanas «resulta desolador levantarse para dar un paseo o sacar al perro y encontrarse el barrio lleno de botellas vacías, latas, vasos y un olor a bebida y orines que echa para atrás».

Además, desde finales de agosto y hasta ahora «se ha dado la circunstancia de que ha hecho muy bien tiempo, lo que ha favorecido que estas fiestas» no se hayan interrumpido todavía. Confían en que en cuanto llegue el frío los botellones en la calle decaerán, aunque consideran que la Policía Local debería «estar más atenta» para solucionar el problema.