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Escapada por una tierra de fábula y mucho arte

J.Á.G.
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La villa de Villadiego, que es toda ella y con merecimiento bien de interés cultural y un bello conjunto histórico, cuenta nada menos que cinco museos -entre ellos, uno dedicado al cómic-, entre otros muchos atractivos.

Escapada por una tierra de fábula y mucho arte - Foto: Valdivielso

Villadiego está apostando desde hace tiempo por el turismo como motor de desarrollo socioeconómico. Son pocas las villas pueden presumir hoy en la provincia de tener una oferta tan amplia y distinta. Toda ella que se ha visto últimamente reforzada por el centro de interpretación del geoparque de las Loras y la inclusión del municipio en la Vía Aquitania, una iniciativa que pretende dar protagonismo a esta ruta jacobea. Aprovechando su acerbo como villa que protegió a los judíos, se ha sumado a la Asociación de Itinerarios Sefardíes.

En una comarca de contrastes paisajísticos, en la que conviven la llanura castellana y las vegas de los ríos Brullés y del Odra con las parameras y muelas loranas, se erige Villadiego, que según las crónicas, fue fundada en el año 880 por el conde Diego Rodríguez Porcelos, el mismo que repoblaría Burgos solo cuatro años después. La localidad ha sabido conservar en sus calles y plazas ese encanto medieval de villa linajuda, con un blasonado caserío, que invita a pasear para descubrir infinidad de bellos e historiados rincones en concéntricas rúas que, como antaño, siguen convergiendo -nueve calles, como en Madrid- en la acogedora Plaza Mayor. Sus característicos y singulares soportales, doblados y sustentados por columnas de piedra en el exterior y de madera en el interior, ponen esa nota de autenticidad. Este amplio espacio urbano fue y sigue siendo escenario de la actividad administrativa y comercial, de las ferias, los mercados y, por supuesto, de las fiestas populares y recreaciones como la del Judas, única en su género y que el Sábado Santo -este año no ha sido posible a causa de la covid-19- recrea la lucha entre el bien y el mal. No se la pierdan, si pueden, el próximo año.

En el centro de este espacio urbano se yergue la estatua del padre Flórez, hijo de la villa y autor de esa España Sagrada de la que Villadiego fue siempre su inspiración. Detrás se vislumbra de fondo la torre, el reloj y los campanillos de la torre de la Casa Consistorial. Metidos en harina, por la calle de Vega, se llega al arco de la Cárcel, icónico y único vestigio de las cuatro puertas que guardaban la villa. Da salida al barrio del Arrabal, donde se asentaba una de las más potentes aljamas de los reinos hispanos. Una encomienda de Fernando III el Santo, prohibía apresar judíos en esta localidad. A la comunidad sefardita y a su vestimenta se la vincula con esa expresión tan universal de Tomar las de Villadiego. Según la tesis más fundamentada, se alude al refugio que aquí hallaban los judíos en momentos de persecución y a las calzas que se utilizaban ya en tiempos de La Celestina, tragicomedia donde Fernando de Rojas ya las citaba. No obstante, existen otras teorías, como la que relacionan esta frase con las llamativas y singulares alforjas de colores. Uno de los dinámicos colectivos culturales, Las Calzas, entrega anualmente la prestigiada Calza del Año, que premia la defensa de los valores por parte de personas o colectivos

Precisamente en el Arco de la Cárcel, rehabilitado en 1983, y en un edificio aledaño se sitúa el cogollo museístico municipal. El de pintura, que cuenta con obras de Mariano Fortuny, Mazo y Sorolla entre otros autores, incluido el pintor salmantino y mecenas Lorenzo Albarrán. Suma nada menos que 70 obras distribuidas en las salas superior del arco. Junto a las pinturas hay también tapices.

En la primera planta se ha recuperado la mazmorra del siglo XV y se ha ambientado, con toda la parafernalia -camastro, cepo, bacinilla…- para 'acoger' al Judas y el resto de los personajes de la recreación. Impresiona, sobre todo se oyen los goznes, golpes secos y el cerrojazo cuando se cierra o se abre la pesada puerta.

Completando las propuestas se suman los museos de etnografía, fiel reflejo de los oficios antiguos, modos de vida, sistemas de trabajo y evolución tecnológica. Entre las piezas no faltan colecciones de juguetes, reproducciones de velocípedos y bicis, alguna de las cuales ha montado Indurain. En la sección de paleontología, se exponen fósiles de distintas eras geológicas, entre los que se encuentra parte del esqueleto interno de tortuga gigante hallada en Tapia de Villadiego.

Novedoso en la provincia, atractivo e interactivo es, sin duda, el museo de la Radio, que por cierto es anterior al abierto por Inocencio Bocanegra en Belorado, donde se presenta a través de aparatos, micrófonos… la evolución de este sistema de comunicación y además permite al visitante participar en el proceso de 'hacer radio'.

Patrimonio religioso. Dejando atrás el arco se accede al barrio del Arrabal, que en donde se concentra el ensanche urbano e industrial de Villadiego, pero también otros alicientes de esta visita. Unido por un largo tapial, que es el único vestigio en pie de la antigua muralla, se levanta en una loma el monasterio de San Miguel de los Ángeles, regentado por las agustinas recoletas. Hay otros elementos de interés, pero en la iglesia monacal destaca el retablo mayor, dedicado a San Miguel Árcangel, es una impresionante obra escultórica de mediados del siglo XVI. Tampoco nos podemos perder la ermita del Cristo del Humilladero, junto a la carretera que conduce a Masa. Este templo humilladero, de finales del siglo XV, que guarda San Roque y su can.

Entre la Plaza Mayor y el arroyo Jarama se desarrolla el único barrio que estaba intramuros de la Villadiego medieval. En el se encuentra la iglesia de San Lorenzo, el templo más antiguo y que atesora un magnífico museo de arte sacro. En la parte propiamente expositiva, de esta suerte de Las Edades del Hombre del arciprestazgo de Amaya se muestra un enorme variedad de objetos litúrgicos -cálices, incensarios, crismeras, cruces procesionales, patenas...- así como vestimentas eclesiásticas de las parroquias del entorno, muchas de las cuales están en depósito para protegerlas de posibles expolios y de deterioros. La horquilla cronológica va desde el siglo XIII al XX y en las vitrinas hay algunas obras de orfebrería de gran valor artístico. Al lado del templo se levanta el hospital de San Juan, reminiscencia de su pasado jacobeo, que en la actualidad ha sido puesto en valor como Casa de Cultura.

Villadiego es sin duda una villa algo 'dispersa' y que va por barrios. Desde la Plaza Mayor, por la calle de Vega -que antaño conducía a otra puerta- a la plaza de Bernanrdo Velasco, aunque popularmente se la conocía como plaza de los cerdos, por situarse allí el mercado porcino. En torno a este espacio se sitúa uno de los conjuntos arquitectónicos más notables de la villa con varias casas-palacio de estilo renacentista, entre la que destaca por su conservación la de los Velasco, aunque también son reconocibles aún los de los Borja y, en especial, la blasonada fachada de la residencia de los Varona. Para los aficionados a la heráldica Villadiego es una 'mina' porque entre el casco urbano y las pedanías hay más de una veintena, una cifra más suficiente para realizar una ruta monográfica.

El barrio de Santa María, es uno de los más principales y de obligada visita. Por la calle de las Monjas, se llega a la iglesia tardogótica de Santa María, una de las dos que se conserva y que se levanta sobre lo que fue en el siglo X un monasterio. Este soberbio templo se desarrolla en su interior a través de dos naves separadas por pilares y cubiertas por bóvedas de crucería. En presbiterio destaca el altar mayor, romanista en su traza y dedicado a la Asunción, aunque hay también imágenes de San Pedro y Santiago. Detrás del recinto religioso se encuentra el parque de los Cañamares, un espacio que sin duda invita al descanso a la sombra de los chopos, que rodean como verde blindaje a la plaza de toros y es que en Villadiego aún se conserva coso y afición a la fiesta nacional.

 

*Este reportaje se publicó en el suplemento Maneras de Vivir el día 23 de mayo de 2020.