Primeras quejas al Comité de Ética por muertes en soledad

Angélica González
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Este organismo -dependiente de la Gerencia de Salud de Área- renovó el año pasado a buena parte de sus miembros y desde enero ha trabajado en la resolución de seis asuntos, más de la mitad relacionados con la enfermedad que ha provocado la pandemia

Primeras quejas al Comité de Ética por muertes en soledad

El 17 de mayo de 2019 se constituyó el nuevo Comité de Ética Asistencial del Área de Burgos, un organismo de carácter consultivo y dependiente de la Gerencia de Salud de Área que analiza los conflictos de valores que pueden producirse en el ámbito de la sanidad y cuyos fines son velar por los derechos de los usuarios y avanzar en la humanización de la asistencia y en la mejora de su calidad. Es, según explica su nueva presidenta, la cirujana del HUBU Rosa Martínez, el que más casos recibe de todos los de Castilla y León y en los últimos meses ha visto cómo los vinculados a la covid-19 se han hecho presentes de forma mayoritaria. Y es que de los seis en los que han trabajado desde que comenzó 2020, cuatro han tenido que ver con esta nueva enfermedad y sus derivadas éticas, fundamentalmente con el acompañamiento -o la falta de él- que han sufrido los pacientes en los hospitales. Los otros dos tuvieron que ver con el registro de instrucciones previas (documento donde las personas indican qué quieren o no que se haga con ellas cuando no puedan decidir por sí mismas) y con mejorar la atención  a pacientes con autismo.
Uno de los primeros asuntos que recibieron al inicio de la pandemia tuvo que ver con la negativa que se le dio a los allegados a una paciente en aislamiento que requirieron atención para ella por parte de un capellán: «Nos tocó hablar con los profesionales implicados y ver qué había pasado y finalmente se resolvió de forma favorable. No fue el único que se produjo en los hospitales con los pacientes aislados, no solo por el acompañamiento espiritual sino por la presencia de familiares, y el Comité de Ética asistencial de Castilla y León publicó un documento en el que aconsejaba que los pacientes en el final de la vida pudieran ser acompañados por un familiar», explican tanto Rosa Martínez como el vicepresidente de la entidad, el médico de Familia Pablo Muñoz Cifuentes, quienes consideran de una gran complejidad la pregunta sobre si los enfermos de covid-19 han muerto con dignidad.
«Hablar de la dignidad de la muerte es un asunto muy espinoso. ¿Quién decide qué es una muerte con dignidad? Pero sí se puede decir que, sobre todo al principio de la pandemia, no fueron buenas muertes o muertes humanas por el hecho, sobre todo, de que las personas estaban solas, porque estamos hablando de cuando no tenían la posibilidad de estar acompañados en sus últimos días, sufrían falta de información, seguramente miedo, estaban rodeadas de profesionales a los que apenas veían porque iban con los equipos de protección, aunque hay que señalar que hicieron todos los esfuerzos para que se comunicaran con sus familias por medios telemáticos. Pero así lo impusieron las circunstancias», añade Muñoz Cifuentes.
Por su parte, Rosa Martínez, cree que las cosas ya se están haciendo de otra manera, que se ha aprendido mucho durante los meses más duros: «Quiero romper una lanza en favor de los profesionales y que nos acordemos de que en lo más duro de la pandemia no había suficientes equipos de protección para nadie, ni profesionales ni capellanes ni familias, por lo que había que valorar mucho qué era más importante, si acompañar a la persona en el final o el valor de la vida y el trabajo de los profesionales».
Otro problema que se les planteó relacionado con la covid-19 fue el de una paciente de un pueblo que pidió que sus hijos pudieran acompañarla en su domicilio en sus últimos momentos cuando estaban prohibidos los desplazamientos: «Nosotros somos un órgano consultivo y se nos pidió un dictamen. Aconsejamos que en la medida de lo posible se pudiera hacer de forma gradual y así ocurrió. En este caso, al sentirse escuchada  sabemos que la paciente se quedó mucho más tranquila. Muchas veces ocurre esto, tanto con los enfermos como con los profesionales, que el solo hecho de trasladarnos su conflicto ético les alivia».
Ambos médicos no descartan que de ahora en adelante les puedan llegar más problemas surgidos de otra de las derivadas de la pandemia, las consultas telemáticas, que ya han sido señaladas públicamente como causantes en esta provincia de tres fallecimientos: «Vamos a tener que valorar muchos aspectos nuevos desde la bioética y uno de ellos es hasta qué punto la tecnología en la sanidad va a ser beneficiosa, aunque tampoco tenemos que demonizarla porque nos va a facilitar muchas cosas. Hay consultas en las que no se va a necesitar más que una llamada telefónica, otra cosa es el primer encuentro con un paciente», afirma  Martínez. Muñoz Cifuentes, por su parte, recuerda que una conversación recurrente entre los médicos de Familia es la imperiosa necesidad de volver a las consultas presenciales: «Ahí tenemos otro choque de valores: ¿Cómo hacemos para volver a las consultas como antes sin que se nos llene la sala de espera con el riesgo de contagio? La prioridad está clara pero la concreción, la cuestión operativa, la de cuántos pacientes puedo ver evitando contagios, es la que provoca el conflicto». En este sentido, apuntan que tras la covid-19 llegará la ‘segunda pandemia’, la de las listas de espera y de lo no diagnosticado  y tratado fuera de esta enfermedad.
El Comité de Ética Asistencial ve una decena de casos anualmente y reconocen sus responsables que quizás son tan pocos porque no se conozca del todo su existencia y utilidad. En 2018, por ejemplo, abordaron un tema de confidencialidad en un paciente VIH, otro sobre autonomía en un enfermo de corea de Huntington o la firma del consentimiento informado de un menor por sus padres, testigos de Jehová. Otros asuntos que les llegan se refieren a la comunicación paciente-profesional:  «Es cuando ocurren cosas como que la persona cree que no le dijeron bien lo que le iban a hacer, o que le contaron que le iban a operar de una forma y se lo hicieron de otra... En general, siempre es algo que tiene que ver con la doctrina del consentimiento informado, que no es solo firmar un papel sino todo el estilo que marca la relación entre el profesional y el paciente, en el sentido de que éste sepa qué problema tiene y qué se va a hacer y pueda decidir si está de acuerdo», señala el vicepresidente. La adecuación del esfuerzo terapéutico es otra línea más y tiene que ver con tomar o no medidas que puedan ser desproporcionadas y, a la postre,  contraproducentes para el paciente: «En el afán de ayudar -partimos de que todas las motivaciones son buenas- a veces podemos perjudicar».
 Los pacientes se benefician del trabajo de este comité no solo porque pueden pedir su intervención en un caso sino porque tiene como objetivo crear herramientas que mejoren la actividad asistencial: «Estamos para asesorar ante un conflicto ético pero también  para educar y de crear herramientas que mejoren la calidad  asistencial como protocolos y guías clínicas para situaciones complejas».
«Cuando nos llegan los casos nos toca afinar -añade Muñoz Cifuentes- en el sentido de si es realmente un conflicto de valores o un caso que no es propio del comité si, por ejemplo, se está pidiendo algo que es ilegal como, a día de hoy,  la aplicación de la eutanasia». Ambos recuerdan, por otro lado, que el comité se inhibe inmediatamente en el momento en que el asunto de que se trate se judicializa o el paciente presenta una reclamación