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Complicado acercamiento entre gobierno y PP

Pilar Cernuda
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Entre Sánchez y Feijóo han surgido discrepancias respecto a las medidas que se deben tomar por el alza de los precios energéticos que han provocado una situación de «auténtica alarma»

Complicado acercamiento entre gobierno y PP

El pasado día 3 de marzo, Alberto Núñez Feijóo anunciaba que se presentaba candidato a la Presidencia del Partido Popular.

Su discurso dio varios titulares, el más destacado, su disposición a llegar a pactos de Estado con el Gobierno. «Si Sánchez es capaz de pactar, el PP estará sentado y será el último en levantarse para intentar pactar», sostuvo. Después de advertir que como nuevo presidente del PP se disponía a hacer una política «madura, seria y con sentido de Estado».

Han pasado solo dos semanas desde esa fecha. Feijóo será elegido presidente el día 2 de abril. En el PP el entusiasmo es contagioso y solo una minoría irrelevante critica la forma en la que ha sido apartado del poder Pablo Casado. Una minoría que cree que el palentino ha sido víctima de una operación diseñada hace un año por el nuevo líder gallego. Algo que desmiente la hemeroteca, que deja claro el apoyo de Feijóo a Casado cuando surgían voces excesivamente críticas con la dirección nacional y lo desmienten los proyectos de futuro que había abordado como jefe del Gabinete de Galicia.

El desencadenante de que Feijóo dejara de prestar su apoyo a Casado lo produjo la decepción creciente ante decisiones que consideraba equivocadas y la gota que desencadenó la crisis fue la noticia de que Génova había contratado detectives para tratar de demostrar que Isabel Ayuso había dado trato de favor a su hermano. El todavía presidente de la Xunta de Galicia, que estará todavía un tiempo en el cargo, realiza una gira por todas las regiones para presentarse ante sus militantes. Cuidadoso en las formas, no ha mantenido contacto con Pedro Sánchez puesto que aún no ha sido elegido presidente del PP, pero empieza a comprobar que ser líder de la oposición no es un camino de rosas.

El pacto de Mañueco con Vox es la bandera que esgrimen sus adversarios con más virulencia, hasta el punto de que unas declaraciones sobre el riesgo de pactar con populismos, que iban dirigidas a Sánchez, se presentaron como un toque de atención a Mañueco; y el pasado jueves se le han hecho críticas ácidas por unas declaraciones en las que consideraba que la violencia vicaria no era violencia de género. En favor de los críticos hay que reconocer que Núñez Feijóo no estuvo muy fino al tratar de explicarlo.

El mencionado cuidado en las formas es lo que ha impedido que hasta ahora haya iniciado una relación formal con Pedro Sánchez para tratar de definir cuáles son los pactos de Estado sobre los que se podrían negociar.

Entre Sánchez y Feijóo no ha habido más contactos, desde su anuncio, que el que mantuvo en la reunión de presidentes de La Palma con una agenda muy específica, pero no se ha producido ningún encuentro para hablar del futuro. Sin embargo, tanto en el círculo de Feijóo como en el de Sánchez afirman que habrá una reunión entre los dos en cuanto sea elegido presidente del PP y que son muchos los asuntos de Estado sobre los que conversar.

 

La guerra de Ucrania

El PP apoya hasta ahora las decisiones del Ejecutivo respecto a la ayuda que presta España a Ucrania en Defensa. Pero hay otro asunto de la máxima actualidad que está en agenda y en el que ya han surgido discrepancias: las medidas económicas que se deben tomar para paliar el alza abusivo de los precios energéticos que han provocado una situación de «auténtica alarma». Millones de familias no pueden pagar el incremento de sus recibos, un sector de los transportistas se han declarado en huelga y han protagonizado un inicio preocupante de desabastecimiento y, además, los sectores agrario, pesquero y turismo, los más afectados, se ven abocados a la ruina.

Moncloa culpa del problema del alza desaforada de costes a Putin con la guerra de Rusia contra Ucrania, pero Génova, con Feijóo a la cabeza, lo niega y pone sobre la mesa los datos: hace meses que se han desbocado los precios de los carburantes, y meses que el PP exige medidas de control de esos precios.

El pasado jueves se ha producido la primera negociación formal entre el Gobierno y lo que se considera ya el nuevo PP, aunque todavía no se ha elegido la Ejecutiva que hará equipo con el renovado líder.

La mesa negociadora se reunió en el Congreso de los Diputados y no fue precisamente efectiva.

La escenografía auguraba más contenido en las negociaciones, pero el resultado fue decepcionante. En un lado de la mesa, el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, acompañado de las tres vicepresidentas de Ejecutivo, Calviño, Díaz y Ribera. Enfrente, la portavoz parlamentaria del PP, Cuca Gamarra, con cuatro miembros de la dirección del grupo.

Lo que sorprendió a la delegación de los conservadores fue no solo que no se les presentara ninguna propuesta, sino que tampoco los miembros del Gabinete de Sánchez les entregaran ningún documento que demostrara que se habían tomado la molestia de preparar, con datos, la reunión.

La vicepresidenta Calviño hizo una exposición muy genérica, en la que insistió en la necesidad de tomar medidas de contención de gastos, que luego completó Ribera, pero sin concretar nada. Como decía uno de los asistentes «Mucho decir lo que hay que hacer, pero sin entrar en el cómo hacerlo».

Se levantaron de la mesa sin perder el tono de cordialidad, pero sin fijar fecha para un nuevo encuentro. El PP sigue empeñado en reducir los impuestos de los carburantes y no subir las cotizaciones sociales de los sectores más afectados, pero el Gobierno todavía se resiste.

 

Pendientes del 29 de marzo 

Los miembros del Ejecutivo anunciaron que el Consejo de Ministros del día 29 de marzo aprobará una serie de medidas, lo que ha incomodado al PP porque significa que se harán sin haberlas negociado previamente, como se suponía que se iba a hacer en esa reunión. Días antes, se celebrará en Bruselas el Consejo Europeo y todo indica que lo que busca Sánchez es acoplar sus iniciativas a las que refrenden los países europeos.

El problema para Sánchez es que el decreto tendrá que ser aceptado posteriormente por el Congreso de los Diputados, y es seguro que entonces se verá obligado a pactar con el PP, porque se trata de un decreto que incide directamente en el bienestar de los ciudadanos y que ha provocado ya serias tensiones en la coalición y no es seguro, por tanto, que todos los partidos que ahora apoyan al PSOE estén dispuestos a dar luz verde a medidas que no reduzcan sensiblemente el coste del recibo de la luz que tendrán que pagar todas las familias que están viendo ya cómo se reduce de forma inquietante su poder adquisitivo.

Feijóo no ha intervenido en esas negociaciones, pero las sigue al minuto, en contacto con Cuca Gamarra. Como explica uno de sus colaboradores cuando se le pregunta por la disposición de Feijóo a negociar con Sánchez, explica que el presidente gallego «respeta los tiempos, no toma decisiones hasta que llega el momento y, mientras no sea presidente del partido, no va a asumir ninguna negociación. Pero está decidido a llegar a acuerdos de Estado, como ha anunciado y se pondrá al frente de las negociaciones. Más aún, cuando atravesamos un momento tan difícil, en el que la guerra de Ucrania se suma a todo lo que ocurre en el sector de la energía y agrava la situación».

Ese hombre que conoce bien a Núñez Feijóo asegura aún más: «Tienen un proyecto de país, como suele decir y tratará de que se pueda alcanzar. Sánchez se siente cómodo en la confrontación, pero el líder gallego no, es más de consenso. Respeta a todos sin tener en cuenta su ideología y ese respeto lo va a demostrar todavía más cuando se trata de negociar cuestiones tan esenciales como las que hay que tomar en España. «Ahora mismo, no se dispone de mucho tiempo para dar vueltas a decisiones que no admiten demora».