TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


El juego y el negocio

29/09/2020

El sino del Barça es combinar dos historias: una de autodestrucción y otra de embelesamiento. La primera, siempre igual, con decenas de miles de guerras intestinas, socios yendo a por socios, mensajes cruzados en las altas esferas y en las bajas y ahora en las redes sociales. Es un club destinado a derrumbarse por sí solo. Pero, ¿saben qué? De repente aparece la segunda historia, la que tiene que ver con el balón. Y desde que Johan puso cierto orden, en cuanto la pelota empieza a rodar los problemas no desaparecen, pero sí pasan a un discreto segundo plano.
En el Camp Nou siempre subyace la idea de una explosión ficticia que lo manda todo a tomar viento fresco, pero también la esperanza de que los artistas del césped estén por encima de las circunstancias para que el club no desaparezca. Por mucho que los Gaspart, Bartomeu y otros grandes hacedores de caos en la historia reciente del Barça se empeñen; por mucho que asuntos sociales, económicos o incluso políticos hayan entrado en escena como elefantes en una cacharrería: al final siempre hay un balón al que golpear y el sonido sordo que provoca la patada es mucho más fuerte que la polémica de fondo. 
Koeman, Messi, Ansu Fati y compañía tienen una enorme responsabilidad añadida esta temporada: sostener al club. El primer paso, ante una de esas visitas peliagudas de cada temporada, fueron 45 minutos para una goleada, con el niño volando, el dios flotando por el campo, un Coutinho liberado y con galones y hasta un Busquets más rápido, fino y cercano al área rival. Si por Bartomeu fuese, el Barça jugaría cada dos días. Al final, por mucho que lo hayamos bautizado como un enorme negocio, el juego es más poderoso que el fútbol de despachos.



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