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Los mercados locales perciben una bajada de clientes y ventas

C.MARTÍNEZ
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Los consumidores burgaleses han reducido su gasto ante la subida de precios generalizada y cada vez más compran productos baratos en supermercados en lugar de buscar la calidad

El trato cercano que ofrecen los pequeños comercios es uno de los atractivos que mantienen la fidelidad del consumidor. - Foto: Patricia

No es ninguna novedad que Burgos se vacía en verano, pero este año los mercados de abastos están notando un descenso de clientes más acusado de lo normal. Los precios suben cada semana y los establecimientos aseguran que están reduciendo el beneficio todo lo que pueden para no repercutir en los bolsillos de la gente. Las pescaderías del Mercado Sur  ven reflejada la inflación en el desorbitado coste del salmón o las sardinas; los huevos se encarecen a un ritmo incesante y las carnicerías del Mercado Norte observan con temor la especulación en la producción por los piensos o la gasolina. Ahora esperan las consecuencias de la reducción de cosechas por los incendios, aunque de momento no han tenido problemas graves de desabastecimiento. 

«El comportamiento de la gente es de prudencia, incertidumbre y miedo» comentan en el puesto de Hermanos Camarero, que aseguran que las ventas han bajado en torno a un 20% respecto a 2021. Desde la casquería José Tajadura del Mercado Sur advierten de que la situación es común a todos:«-en Gamonal nos preguntan por las ventas porque están igual». Además, los negocios coinciden en tener malas expectativas de cara a septiembre y no prevén una mejora de la situación, al menos a corto plazo. Según la Consejería de Economía, el Índice de Precios de Consumo ha aumentado un 6,9% en Castilla y León desde diciembre y se encuentra por encima de la media española. Las causas atribuidas a la inflación tienen su origen en la pandemia, pero la subida se ha visto agravada de forma notoria tras el inicio de la guerra en Ucrania.

Nuevos hábitos. El consumidor burgalés ha adaptado su cesta de la compra a las circunstancias. La mayoría prefiere recortar gastos en artículos de limpieza o envasados antes que en productos frescos. En estos casos, optan por acudir a supermercados o grandes superficies y no les importa recurrir a marcas blancas. Pero a la hora de la alimentación básica, los comportamientos de los clientes se vuelven más complejos. «Al que le gusta la calidad, paga la calidad y no baja sus ventas» aseguran los tenderos de Embutidos Rioseras. Esta tendencia es común en personas que tienen cierta holgura económica. Sin embargo, la clase baja sí ha cambiado productos, lugares y gastos. «La gente ahora está pidiendo más barato que calidad y va al supermercado a principios de mes para poder pagar con tarjeta de débito» explican los trabajadores de Hermanos Camarero, que como anécdota dicen que venden «más carne picada  que chuletillas». 

Hay un tercer perfil de consumidor que sigue apostando por los mercados de abastos y el comercio local pese a las circunstancias. Se trata de los clientes fieles que acuden a estos lugares desde hace años, buscando un trato cercano y la calidad del producto. Begoña va todas las mañanas a los puestos de Plaza España, se toma un café, habla con la gente y compra en su carnicería, pescadería y frutería de confianza. «Yo la calidad no la cambio, para mí es fundamental ver con los ojos, en cuestión de alimentación es muy importante». Este es el sello que puede sostener a los pequeños comercios frente a la inflación y que los diferencia de las grandes superficies.