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Los usuarios suspenden las áreas de esparcimiento canino

C.MARTÍNEZ
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Los dueños coinciden en que es un avance para el bienestar de sus mascotas, pero los parques presentan desperfectos y carencias

El parque canino del parque de los Poetas es uno de los más frecuentados por los vecinos, aunque lo consideran pequeño en comparación con su espacio total. - Foto: Luis Román

El proyecto de los parques para perros surgió de una iniciativa popular ante la normativa municipal vigente, que prohíbe soltar a los animales en la ciudad. Hasta entonces, los dueños tenían que lidiar con las denuncias y los desencuentros con el resto de transeúntes, por lo que solo podían dejar a sus mascotas correr con libertad en el campo o zonas alejadas. Tras una recogida de firmas, el Ayuntamiento puso en marcha la construcción de diez áreas de esparcimiento canino que se inauguraron en abril. 

La propuesta ha tenido acogida y es difícil ver una de estas zonas vacías. Existen dos diseños diferentes:hay espacios vallados en los parques de la Luz, los Poetas, Buenavista, la Nevera, la calle San Roque y Fuentecillas; y extensiones semiabiertas localizadas en el Cerro de San Miguel , el Parque de la Quinta, el río Arlanzón o el Parque Juan Pablo II. «Para los perros es una maravilla porque disfrutan y aprenden, y para los dueños es un relajante, aunque se podía haber montado mejor» comenta Gerardo mientras juega con Nelo en el área canina del G-3, donde se llegan a juntar hasta veinte animales. 

Problemas de diseño. Todos los usuarios que frecuentan los parques están de acuerdo en que era una idea buena y necesaria, pero perciben varios problemas en su ejecución. Una de las quejas más repetidas gira en torno al concepto de los espacios semiabiertos, que consideran absurdo. «Hay conflictos porque no está claro cuál es el límite para soltarlos y cualquier estímulo puede ser un problema si se escapan» cuenta Angélica, que ha visitado con su perra Lora el cerro de San Miguel. De los cuatro parques de esta clase, el de Juan Pablo II es el más criticado por los vecinos ya que no tiene zonas de sombra, carece de vallas y se encuentra a pocos metros de la carretera. 

Por otro lado, protestan contra la falta de infraestructuras y aseguran que las propuestas iniciales incluían fuentes en el interior del recinto y bancos para facilitar la estancia a las personas mayores. Los parques caninos de La Luz, los Poetas o Buenavista no tienen surtidores de agua para los perros, por lo que salen del recinto para beber. Esto lleva en ocasiones a desencuentros con el resto de viandantes, así que son muchos los dueños que han improvisado abrevaderos caseros que van llenando entre todos.

Otra de las deficiencias que observan es el diseño y la calidad del cercado. «Cuando dijimos que necesitábamos una doble puerta no nos referíamos a una en cada esquina del recinto» comenta con humor Edu en la zona canina del G-2, añadiendo que se había planteado al Ayuntamiento una entrada de doble abertura para evitar la fuga de perros. «Han tardado mucho, para al final poner una valla que ni siquiera está anclada al suelo» se lamenta Laura, mientras muestra los agujeros que ya se han formado en la verja del Parque de la Luz. Esta irregularidad ha causado algún altercado con perros que se escapan al ver balones o estímulos externos, y es una circunstancia que inhabilita estos espacios porque sigue obligando a los dueños a atar a sus mascotas. 

El parque mejor valorado en cuanto a instalaciones es el de la calle San Roque. Andrea y Anuk acuden allí por las mañanas en busca de sombra, una zona verde amplia donde correr y una fuente a medida para los animales. Pero el espacio que más fama está teniendo entre los amantes de las mascotas es el situado en el Parque de los Poetas. Allí se llegan a reunir hasta cuarenta perros, sin olvidar a sus dueños, que están comenzando a llevarse sillas para merendar juntos.  Es una nueva forma de socializar con los vecinos; Pili y Chus son un ejemplo de ello. Se llaman a sí mismas «amigas de perros» y consideran que estos espacios ayudan a que tanto personas como mascotas se entretengan con tranquilidad y sin molestar a nadie. Eso sí, coinciden en que el recinto reservado para los canes es «una migaja» en comparación con la extensión del parque, que está desaprovechado. Los usuarios esperan que las deficiencias sean atajadas con nuevas intervenciones en las áreas de esparcimiento.