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Evaristo Arzalluz

Plaza Mayor

Evaristo Arzalluz


Me traigo una familia de Ucrania

10/03/2022

No hay tiempo. El éxodo de mujeres y niños ucranianos, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, ha de ser atendido sin demora. Están llegando en masa a Polonia (qué raro, el país al que la Unión Europea quería castigar por no adoptar las leyes de género, ha sido el más generoso).

Propongo un plan urgente, para salir del paso. Todo aquel que disponga de una casa en el pueblo que sólo usa en verano, o un piso vacío, o alguna habitación en su vivienda y que quiera acoger y mantener a una familia durante el tiempo que dure esta horrible guerra, que lo diga. Y que se lo diga a alguien que se ocupe de coordinarlo con los que están en la frontera polaca.

No se trata de adoptar un niño: eso requiere una serie de garantías que llevan su tiempo. Se trata de traerse a la familia entera: madre, hijos y abuelos. Eso sería rápido y eficaz. Mucho más eficaz que enviar ropa o comida.

Estoy convencido de que la caridad privada es mucho más potente, rápida y eficaz que la caridad pública. Lo que pasa es que no nos dejan: los poderes públicos quieren ser ellos los que lo hagan y ni comen ni dejan comer, como el perro del hortelano. Si no nos frieran a impuestos, tendríamos mucha más renta para ayudar. Si no se gastaran el dinero de todos en programas que no sólo no aportan nada, sino que destruyen la convivencia -acaban de anunciar 20.000 millones para políticas feministas- dispondrían de más recursos para ayudar al que realmente lo necesita.

Pues, a pesar de que nos esquilman, a pesar del alza de los precios, estoy convencido de que hay cientos de familias en Burgos dispuestas a hacerse cargo de una familia el tiempo que haga falta. Los que son cristianos porque lo son (Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer) y los que no tienen fe, porque seguro que tienen corazón.

Ruego, humildemente, a quien pueda hacerlo -los ayuntamientos, los medios de comunicación- que coordine esta ola de generosidad que necesita un cauce rápido para desbordarse en ayuda de nuestros prójimos.