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Conjuro en la noche de San Juan

ALMUDENA SANZ
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Cinco creadoras espantan a la impostora que las lastra y reivindican el arte por el arte en la propuesta 'Ahora las musas son artistas'

Lylo, DEB, Ana Cuesta, Patricia Arnaiz y Cristina Marrodán (de i. a d.) esperan que el aquelarre tenga continuidad. - Foto: Luis López Araico

Se conjuran en la noche de San Juan para quemar los malos rollos, mandar al carajo a la impostora anclada en sus vidas y coger los superpoderes que da compartir las inquietudes creativas sin obligaciones ni convenciones. Y lo hacen con el crepitar de sus artes. Cada una con el suyo. La poeta Ana Cuesta, hilo de unión entre todas, las músicas DEB y Lylo, la fotógrafa Cristina Marrodán y la intérprete Patricia Arnaiz se alían en Ahora las musas son artistas, una propuesta que estrenan en la terraza del Carmen, 13 este jueves (19 horas, entrada libre). Sueñan con que sea el inicio de un proyecto con más capítulos. Sin ataduras. Los afectos mandan en este aquelarre. 

Con esta palabra definen su iniciativa. La coincidencia de un momento sombrío juntó a estas creadoras. La escritora, con dos poemarios autopublicados, Con el límite en la duda y Los girasoles no tienen dudas, sitúa su origen en la precariedad y el síndrome de la impostora. «Acababa de publicar mi segundo libro, recién pasada la pandemia, y tenía la sensación de que no estaba haciendo absolutamente nada. Quería que se moviera. Y necesitaba que fuera compartido. Después de pequeños reveses, concluimos que queríamos un evento sin organización ni perfección, para que la gente vea lo que hacemos y, sobre todo, nosotras sintamos que vale la pena, que lo hacemos porque queremos, no para demostrar a nadie nada», se explaya Cuesta ávida de espantar a esa pertinaz impostora. 

A la puerta de Marrodán, con un trabajo artístico centrado en la mujer, llama cada dos por tres. Asegura que es constante y hace que sienta que necesita salir de la espiral laboral y poner los pies en la tierra: «Se trata de volver a conectar con la pasión, con el motor que te ha llevado a hacer lo que haces, que reside en el amor y la conexión de las personas, más allá del dinero. Se trata de volver al origen de por qué hacemos lo que hacemos». 

Asiente DEB a todo. «Hay muchas inseguridades, te comparas con otros, sientes que te quedas atrás, y te hundes, pero, por otro lado, esa oscuridad te sirve para refugiarte en lo verdaderamente importante que es tener a gente que te quiere. El amor vale más que el aplauso», agrega emocionada, sin soltar la guitarra, y mostrando esa palabra, amor, tatuada en su mano, por si algún día se le olvida. 

Y para estas cinco mujeres sin corsés, con sus luces y sus sombras, vale más sentarse en una mesa con una cerveza y compartir una canción, unos versos o una reflexión que todos los focos y alfombras rojas. «Necesitamos sentirnos válidas de cara a nosotras», reitera Cuesta sin obviar esa otra reivindicación que es la de dar visibilidad a la mujer y hacerlo entre ellas mismas, con sus propias herramientas, sin la mediación de ningún hombre. Algo difícil, como apunta Lylo, artista callejera madrileña que apenas lleva cuatro meses en Burgos, en el mundo de la música. 

De la búsqueda de esa voz propia va este espectáculo y Patricia Arnaiz está convencida de que reflejarte en el espejo de otras compañeras ayuda a encontrarla. «Te das cuenta de que tu manera de ver el mundo tiene un sitio», resalta. 

Un lugar con el que todas desean que otras mujeres conecten durante esta noche mágica. 

ARCHIVADO EN: Arte, Pandemia, Burgos