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Una joya mudéjar en venta

A.C.
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El palacio de Sancho Ortiz de Matienzo, el monumento más destacado del casco histórico de Villasana con el convento de Santa Ana y la Torre de los Velasco, podría convertirse en un alojamiento turístico, un restaurante o un hogar

Fachada del palacio de Sancho Ortiz de Matienzo en la calle del Medio, en el casco histórico de Villasana, declarado BIC el 3 de junio. - Foto: A.C.

El doctor en leyes menés Sancho Ortiz de Matienzo estuvo en el origen de los dos bienes patrimoniales de mayor valor que atesora Villasana de Mena y es protagonista de su casco antiguo declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de conjunto histórico hace apenas un mes. El que fuera primer tesorero de la Casa de Contratación de las Indias y canónigo de la catedral de Sevilla desde 1490 fundó el convento de Santa Ana el 3 de octubre de 1516 y concluyó la edificación del palacio ubicado justo enfrente. En 1412 comenzó a levantarlo Juan Fernández de Velasco, quien le iba a dar una forma similar a la cercano Torre de los Velasco, y Ortiz de Matienzo, a partir de 1492 introdujo el ladrillo mudéjar, con alarifes o maestros de obra que trajo a Villasana desde Sevilla.

Cinco siglos después, una de las dos joyas mudéjares de Villasana de Mena, con  450 metros cuadrados construidos en tres plantas, un pequeño jardín y patio interior podría volver a tener vida y convertirse en un alojamiento de turismo rural, un restaurante o la casa de quien se lo pueda permitir, puesto que sus propietarios, Elena Montoya y Juan Luis Abasolo la venden.

Ella dejó hace ya años el negocio de la moda en Bilbao y él, la fábrica de Embutidos Abasolo, con sede en Nava de Ordunte. También quedaron atrás sus planes de convertir el palacio en su segunda residencia. Cuando eran jóvenes pasaban muchos días en Villasana y veían el decadente edificio cuando cruzaban la calle del Medio. Hace 45 años decidieron comprarlo sin apenas saber de su historia y valor histórico. Una imponente nevada en el invierno de 2004 hizo sucumbir su cubierta e incluso afectó a la vivienda vecina. Entonces les tocó volcarse en la recuperación del palacio obligados por la Ley de Patrimonio e incluso asumir los daños a la casa de al lado. Respetando la protección integral de la fachada exterior y todos los elementos arquitectónicos de valor del interior, afrontaron una fuerte inversión en el año 2006, siguiendo las directrices de Patrimonio, dado que el palacio ya era BICdesde 1991.

Bellos arcos de ladrillo de la planta baja.  Bellos arcos de ladrillo de la planta baja. - Foto: A.C.

El edificio invita a soñar con sus puertas enmarcadas por ladrillo de estilo mudéjar andaluz y arcos de gran belleza como el apuntado de la planta baja también de ladrillo. En su fachada principal, las ventanas muestran los alfices y remates de ladrillo, algo único en Las Merindades y que la técnico municipal de Turismo, Judith Trueba, calificaba en el 500 aniversario del convento como «insólito, exótico y singular en estas latitudes». 

Cuando se llevó a cabo la restauración se dejaron las plantas diáfanas para dar la mayor libertad posible al futuro comprador. El palacio llegó a estar en venta por más de medio millón de euros, como asegura Elena Montoya, pero en la actualidad ha bajado su precio a 198.000. Al poco de concluir su recuperación, en pleno boom del ladrillo, hubo hasta tres compradores y se llegó a formalizar una opción de compra con un constructor local que deseaba dividirlo en apartamentos para su familia. Pero sus negocios cayeron con la crisis y la operación terminó cancelándose. La propietaria ve ahora el palacio como «un lugar idóneo para montar una cafetería y restaurante» y afirma que «hace poco lo ha visitado un cocinero para instalarse en él, pero finalmente no ha podido ser». Su proyecto incluía dedicar la planta baja y la segunda al restaurante y la primera, es decir, la central, a la cocina y una vivienda.

Camino de Santiago. «Ahora nos empiezan a llamar de nuevo personas interesadas», señala Elena Montoya, quien recuerda con tristeza como las inscripciones que dejaron los peregrinos del Camino de Santiago en sus paredes interiores se perdieron con la restauración. A su juicio, promocionar el Camino Olvidado que pasa por el Valle de Mena y Villasana «es la mejor forma de apoyar a sus negocios turísticos».