Camino a ninguna parte en un viernes negro

A.C.
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Un hombre de 51 años se bajó «voluntariamente» en Bercedo del autobús en el que viajaba a Bilbao tras ser identificado por la Guardia Civil por «alterar la convivencia». Dos horas y cuarto después tomó caminando la CL-629 y acabó atropellado

Camino a ninguna parte

El viernes, un gélido manto blanco cubría la Merindad de Montija, pero para S.R.F., de 51 años, fue un viernes negro, un viernes en el que inició el camino a ninguna parte. Fue atropellado en la carretera CL-629, a apenas 500 metros de la estación de servicio de Bercedo, a las 20.15 horas. Se recupera en la UCI del Hospital de Cruces, de Bilbao de una fractura craneal, que a priori, parece que podría evolucionar positivamente, pero su familia habrá de esperar a que despierte del coma inducido para conocer las secuelas del grave accidente que sufrió.

Caminaba en dirección a Bilbao por el carril de la derecha, es decir, de espaldas, al vehículo que también se dirigía en ese mismo sentido y que no pudo hacer nada por esquivarle, dado que la nieve había devorado el arcén y el peatón se perdía completamente en la oscuridad de la noche. Pero, ¿qué llevó a este vecino de Pesadas de Burgos a caminar bajo cero por la CL-629?

La respuesta comenzó a escribirse horas antes cuando tomó el autobús de Alsa que realiza la línea regular Burgos-Bilbao y que atraviesa Las Merindades. Poco después de las 17.30 horas, la Guardia Civil recibió una llamada alertando de un viajero que «estaba perturbando la buena convivencia en el autobús», como confirman desde la Comandancia. Ante la alerta lanzada por el conductor del vehículo, dos patrullas acudieron en busca del autobús y se detuvieron con él en la estación de servicio de Bercedo hacia las seis de la tarde. Allí los guardias subieron al vehículo, identificaron al alertante y al varón, que estaba «alterado». Pero desde la Benemérita aseguran que fue él quien «voluntariamente» decidió detener allí su viaje y apearse del autobús, aunque el destino que perseguía era Bilbao.

Tras ello, entró en la cafetería de la gasolinera y buscó insistentemente quien le llevara a la capital vizcaína. Hizo llamadas en busca de ayuda entre amigos, pero según parece no pidió un taxi. Ya no había más autobuses. Un viernes por la tarde, Bilbao difícilmente es el destino de un vecino de la comarca, teniendo en cuenta que existe un cierre perimetral que impide los desplazamientos y, en todo caso, un viernes tarde lo habitual es que quienes tienen familiares en la comarca regresen con el permiso reglamentario a sus casas para pasar el fin de semana.

El viajero «alterado» presentaba signos de estar bajo los efectos del alcohol y su comportamiento en la cafetería, como había ocurrido en el autobús, causó malestar entre varios clientes. Se le llamó la atención por fumar dentro del recinto o por quitarse la mascarilla y acabaron pidiéndole educadamente que abandonara el lugar después de más de dos horas allí.

Lejos de abandonar su objetivo, decidió lanzarse a una aventura que le ha costado un grave accidente. Comenzó a caminar por la carretera CL-629, quizás con la idea de hacer ‘auto stop’ y a apenas 500 metros fue arrollado por un coche, a las ocho y cuarto de la noche. Cuando le auxiliaron los profesionales del Centro de Salud de Espinosa y de la UVI móvil estaba inconsciente. Nadie sabe qué rondaba en la cabeza de este hombre que hace unos tres meses perdió su empleo en una industria de la comarca por los problemas que le causa el alcohol. Conducía un vehículo de reparto y la ingesta de bebida era incompatible con un empleo que tuvo durante años. Quienes le conocen esperan que lo sucedido le ayude a reconducir su camino y quienes vivieron de cerca lo ocurrido lamentan que se le dejara en Bercedo, «en medio de la nada».