Filomena y cuántas más

P.C.P.
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Los integrantes de la Brigada de i-DE (Iberdrola) con base en Villarcayo cuentan las nevadas por decenas y temen más al viento

Cuando uno ha tenido que hacer noche en una cabaña de Las Machorras, amablemente acogido por un paisano, porque más de un metro de nieve no le permitía avanzar, ni para adelante ni para atrás, ni con el todoterreno ni a pie, las imágenes de las calles de Madrid y su solicitud de zona catastrófica le parecen casi una niñería. En contra de lo que canta Sabina, de sobra sabe Filomena que no es la primera, ni la última ni mucho menos la peor de las nevadas que cuentan por decenas en la Brigada de i-DE, la distribuidora de Iberdrola, con base en Villarcayo.

Un repaso a su campo de actuación basta para temblar, de frío. Valle de Valdivielso, Sedano, La Lora, Valdeporres, Sotoscueva, Soncillo, Valle de Tobalina, Valle de Losa... «Si estás en Berberana y te llaman de Tubilla son más de 100 kilómetros», recuerda Javier Ruiz Sobrado, el encargado de la Brigada en una zona en la que no existe ni una sola autovía.

Porque además de saber de saber de líneas, fusibles y crucetas, la conducción en condiciones extremas constituye una asignatura obligada. «A las averías hay que llegar sí o sí», sostiene convencido este experimentado trabajador, y si bien la seguridad es lo primero, cuando no pueden continuar en todoterreno avanzan a «monte adelante, a pie, cargados con las herramientas», porque las líneas eléctricas tienen la mala costumbre de no quedarse al borde de las carreteras y atravesar mares de pinos, valles, arroyos...

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Y aunque la mayoría del personal ha nacido en la zona de Merindades y «ha visto la nieve desde pequeñito», no es lo mismo salir a cazar o de ruta que comenzar a buscar una avería en mitad de la noche. «Te llaman a los dos de la mañana y a esas horas no hay quitanieves», apunta Gonzalo Olano, que lleva 11 años en este trabajo y que debutó «con una nevada terrible en Balmaseda», de las que no se olvidan. No obstante, coincide con Javier en que se enfrentan a situaciones más complicadas. «Casi es peor el viento. Con 100 kilómetros por hora estás subido a un poste que se mueve para todos lados» y aunque extreman las medidas de seguridad, no hay que olvidar que son ellos frente a la naturaleza.

«Y luego encima nos ponen verdes», se queja con sorna Olano, para matizar que «en el ámbito rural la gente es más agradecida» que en las ciudades, donde quedarse sin luz unos minutos a muchos les parece un drama. Eso sí, ellos trabajan para solventar la avería «en el menor tiempo posible», recalcan.

Y no solo cuando esta se produce, ya que tratan de anticiparse durante todo el año con la revisión de líneas y de su entorno (fundamentalmente el arbolado), la prevención de las riadas, etc.

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Filomena ha pasado casi desapercibida para esta brigada, porque las nevadas ya venían de atrás. Los retenes ya tuvieron que salir de casa la tarde de Año Nuevo y desde entonces han parado poco. Nada como un vendaval que hace unos 20 años recuerda Javier Ruiz como el peor en sus tres décadas de trabajo. Empezamos el miércoles de madrugada en Villarcayo y acabamos el domingo en Quintana María, con apenas 6-7 horas para dormir», explica.

Las penurias no les espantan del monte. «¡Qué va, todo lo contrario!», exclama Ruiz Sobrado, que además asegura que los adelantos tecnológicos y las redes inteligentes han contribuido a minimizar los tiempos de respuesta. «En el minuto 1 ya sabes dónde está la avería». Otra cosa es como llegar hasta llega. A pesar de Filomena.