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«Es frustrante no ser atendida cuando te retuerces de dolor»

S.F.L.
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La briviescana Ruth Muñoz padece endometriosis y espera desde hace más de un año una operación de urología. Recoge firmas para que se desarrollen más campañas de investigación

Ruth Muñoz apenas sale a la calle por los fuertes dolores que padece. - Foto: S.F.L.

La enfermedad llegó cuando Ruth Muñoz tenía tan solo 14 años. Los dolores menstruales cada vez más insoportables la hacían acabar en el hospital. Por aquel entonces la endometriosis se conocía como ‘quistes de chocolate’, lo que la briviescana no podía ni imaginarse es que a los 37 su vida cambiaría para siempre. 

Hace cuatro años comenzó su verdadero calvario y todo empeoró. Tuvo que ser intervenida de urgencia porque la enfermedad había afectado al intestino. Los médicos también vieron oportuno extraerla parte del ovario derecho que la quedaba y las dos trompas de Falopio. A partir de entonces, aparecieron nuevas patologías. «Tengo afectados los nervios pudendos, que me provoca dolores continuos que van desde el suelo pélvico hasta los gemelos y me impide hacer vida normal», explica la mujer de 41 años.

Asimismo, sufre un dolor crónico y lleva más de un año esperando una operación de urología para «intentar aliviar» el constante sufrimiento. Pero no llega. La pandemia de covid-19 ha afectado también a las pacientes de esta enfermedad inflamatoria crónica y tumoral, que se sienten abandonadas por el sistema y muchas, incluida Ruth, han visto canceladas sus revisiones o las operaciones que tenían programadas. «Si en una situación normal las mujeres con endometriosis ya sufrimos problemas y retrasos en los diagnósticos imagínate en época de pandemia, literalmente pasamos a un tercer plano. No digo segundo, porque en segundo plano ya estamos siempre», denuncia. 

Con el fin de dar una mayor visibilidad a la enfermedad, la afectada ha lanzado una campaña en Osoigo.com, el ‘portal de los políticos que escuchan’. A través de esta plataforma los participantes pueden exponer sus situaciones y dialogar con los políticos que están dispuestos a escuchar. En este caso, Ruth se dirige a los de las Cortes de Castilla y León, a los que ha expuesto su caso y explicado su enfermedad para «conseguir que avancen en las investigaciones sobre la dolencia con el fin de que las mujeres no tengamos que pasar por múltiples operaciones que finalmente acaben con el vaciado completo de nuestro útero», declara a este medio. Aquellas personas que quieran colaborar en la recogida de firmas -necesita 500 para que el asunto se trate en la administración regional- deberán registrarse en el portal y dar su apoyo. En el caso de conseguir 1.500 el tema alcanzará el Gobierno Central. 

Tras decretarse el estado de alarma el pasado 14 de marzo de 2020, coincidiendo con el día mundial dedicado a su enfermedad, empezaron a cancelar todas sus citas y una operación de la que todavía desconoce la fecha en la que se ejecutará. «Es frustranteno ser atendida mientras te retuerces de dolor. Yo soy muy fuerte pero reconozco que ha habido días que se me ha pasado por la cabeza quitarme del medio», afirma con tristeza.

A día de hoy continúa esperando que la llamen del Hospital Universitario de Burgos para entrar en quirófano. «Llevo confinada desde que llegó el virus. Me da mucho miedo contagiarme y que justo me citen para operarme y no puedan por estar enferma. La situación es ya insostenible», se lamenta. Los fuertes dolores han provocado que la de Briviesca pidiera la baja laboral en el inicio de la pandemia. Es técnico de emergencias sanitarias y trabaja con el 112 en una ambulancia. «Había días que estaba atendiendo a un paciente y vomitando o sufriendo muchísimo. Esta enfermedad afecta tanto a mi vida que además de dejar de trabajar me ha obligado a olvidarme de entrenar, ir al monte o pasear. Los dolores me despiertan todas las noches y tomo 12 pastillas diarias para calmar el terrible mal estar», añade.

La mujer hace un llamamiento y solicita una «atención digna para todas las enfermas crónicas». Asimismo, agradece al doctor Rey Novoa que apareciese en el peor momento de su vida y la diera unas «pinceladas de esperanza».