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Desfiladeros

MARTÍN G. BARBADILLO
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"El Cañón del Ebro es exactamente lo que uno espera de un cañón: una raja bestial en el terreno que parece trazada con tiralíneas y desciende cientos de metros entre roca y vegetación hasta el río"

Cañón del Ebro. - Foto: Patricia

¿Qué son? Se trata de aberturas estrechas y alargadas formadas por la erosión fluvial en terrenos por lo general calizos o kársticos.

Edad. No soy experto en geología, pero solo hace falta plantarse en uno para ver que no son de antes de ayer.

Parece que hoy seguimos de tour campestre. El tiempo acompaña y la primavera está espléndida; es el momento perfecto para perderse en la naturaleza. Y los desfiladeros y cañones no son cualquier cosa.

¿Qué tienen de particular? Es una cuestión de sensaciones. Cuando uno se acerca a un desfiladero está viendo una creación maestra de la naturaleza, una obra cerrada quiero decir, con su principio y su final. No es como ver un paisaje en general sino que se trata de un elemento concreto, una especie de paréntesis en el entorno. Y, además, tiene dos partes.

¿Cuáles? La de arriba y la de abajo.

¿Te estás quedando conmigo? Hasta ahí llego. No pretendo ofenderte, quiero decir que cada una de ellas ofrece, precisamente, sensaciones diferentes. Ver un desfiladero, o un cañón, desde lo alto es observar la infinitud del tiempo del planeta, percibir cómo un río ha podido horadar esa obra con constancia y sin prisa, arañando lentamente la roca y la tierra hasta crear esos zarpazos; y lo sigue haciendo. Es imposible no sentirse insignificante ante algo así.

¿Y desde abajo? Atravesar un cañón o un desfiladero por su fondo es también muy curioso. No hay que buscar el camino, está hecho; solo hay que seguir hacia adelante, que es, metafóricamente, la esencia del ser humano. También experimenta uno cierta impresión de seguridad, de sentirse protegido entre esas paredes que lo aíslan del resto del mundo. Por si fuera poco, normalmente, en la parte baja caminas al lado de un río, con lo que la travesía es llana y es probable que haya árboles de ribera. Cerca de la corriente, en ese oasis, es frecuente escuchar pájaros y en sus riscos es habitual que habiten buitres. Qué más se puede pedir.

En resumen, desde arriba te invitan a reflexionar y alucinar, y desde abajo a disfrutar de la interacción con el medio.

¿Y dónde puedo sumergirme en esa atmósfera tan sugerente? Pues, curiosamente, esta provincia cuenta con decenas de estas hendiduras prodigiosas. Como de costumbre, solo te hablaré de las que conozco, que te pueden servir para empezar. Sin duda, el top 1 absoluto es el Cañón del Ebro. Este gran río, y afluentes como el Rudrón, discurre por un trazado sinuoso en el norte de Burgos; en algunos lugares dibuja curvas de casi 360 grados. Es exactamente lo que uno espera de un cañón: una raja bestial en el terreno que parece trazada con tiralíneas y desciende cientos de metros entre roca y vegetación hasta el río. Arriba, hay paisajes pelados que contrastan con el gran agujero. Hay varios miradores por la zona, desde los que se ven kilómetros y kilómetros de paisaje en un espectáculo abrumador. Y todo esto a poco más de media hora en coche de la ciudad de Burgos.

Suena bien. No te lo imaginas. Si estuviese en Estados Unidos, se organizarían excursiones en helicóptero, no lo dudes. El paseo por el interior de la hoz es igualmente magnífico. El recorrido clásico une Valdelateja y Pesquera de Ebro por una senda paralela al cauce que se cruza a la altura la Central Eléctrica El Porvenir. Caminar al lado del río es una gozada y levantar la vista hacia los riscos, más. Es, obviamente, llano y se hace en un par de horas más o menos. No dejes de ir.

Lo haré. Alguna otra sugerencia… Ya te he dicho que hay muchísimas. En el mismo Ebro se encuentra el desfiladero de Los Hocinos, en Valdenoceda. Si vas desde Burgos, primero se te abre el Valle de Valdivielso, inmenso en todos los sentidos, y después puedes tomar esta ruta que se divisa desde la carretera. Lo curioso es que en algunas partes habrás de caminar sobre unas pasarelas, en voladizo sobre el río, pegadas a la roca. Si te gusta la aventurilla o quieres dejar boquiabiertos a los niños (con precaución siempre) es tu opción.

Continúa, por favor. También puedes conocer desfiladeros atravesándolos por carretera como el cañón del Oca en Oña o el desfiladero de Pancorbo. Este último ha sido la entrada natural a la Meseta durante siglos y escenario de batallas. En el límite con Álava, en el pueblo de Herrán, no te pierdas el desfiladero del Purón, con su calzada romana. Eso sí, no olvides que este tiene cuestas.

Estoy preparado para todo. Cambiando de zona, en el sur de la provincia hay varios lugares imprescindibles. En la comarca del Arlanza se ubica el archiconocido desfiladero de La Yecla: un encajonamiento de unos 600 metros de longitud, en muchos de los cuales es posible tocar las paredes de ambos lados. Con mucha agua gana como espectáculo. No muy lejos, en Ura, te topas con el desfiladero del Mataviejas, un valle más ancho que los anteriores; une ese pueblo con Castroceniza e impresiona por lo agreste del paisaje; parece que tras un recoveco va a aparecer Clint Eastwood montado a caballo y escupiendo tabaco. Sad Hill está a una patada de allí. Y entre Burgos y Soria se encuentra el famosísimo e hipervisitado cañón del río Lobos. Pero dejamos algo especial, casi secreto, para el final.

¿El qué? Un cañón urbano.

¿Como en Cuenca? No. Te explico: si vas en coche por la avenida Derechos Humanos y giras hacia la calle Vitoria (dirección centro) de repente te ves metido en un auténtico cañón de edificios altos sin fin que además dibujan una pequeña curva. La vista es larguísima y si la contemplas al atardecer, con el sol de frente, es un verdadero espectáculo. La sensación recuerda, en cierto modo, a los cañones naturales, al menos a mí. Te invita a seguir hacia adelante.

Como siempre, hemos hecho los humanos. Tú lo has dicho.

Si quieres parecer integrado. Llena la memoria de tu móvil con fotografías de un cañón desde un mirador.

Nunca, nunca, nunca... Acudas a esos lugares si tienes vértigo; estarías más tranquilo en una montaña rusa.

* Este reportaje salió publicado en la edición impresa de Diario de Burgos el 15 de mayo de 2021.