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Y después de la EBAU... ¿Qué?

A.G.
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La generación del Bachillerato más complicado de los últimos años reflexiona sobre su futuro más inmediato tras preparar su acceso a la universidad en tiempos de confinamiento, distancia personal y clases a través de la pantalla

Patricia Suárez, Guzmán Fontecha y Ana García, la pasada semana en la Universidad de Burgos. - Foto: Valdivielso

Con toda probabilidad, en los últimos 50 años no ha habido un bachillerato más movido que el que ha tenido que pasar la generación nacida en los primeros años de este siglo. Cuando comenzaron 1º de Bach el coronavirus se hizo fuerte en España y ellos tuvieron que confinarse en casa, seguir las clases a través del ordenador, ver a sus amigos solo por la pantalla del móvil y prescindir de la libertad y la independencia que son tan necesarias cuando se tienen 16 y 17 años. Tuvieron que decir adiós en ese tiempo tan trascendental de una biografía, a las noches de risas, a los viajes, a las amistades inquebrantables, a los debates acalorados en clase, a los bailes y al Parral, a los sampedros y a las fiestas de los pueblos y hola al miedo a la enfermedad, al encierro, las mascarillas, la distancia de seguridad y el gel hidroalcohólico. A pesar de todo llegaron a la Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU), la han pasado en más de un 98% y ahora tienen por delante el resto de su vida.

Diego Solla, que estudió en la Escuela de Artes, se encerró en casa dos semanas antes del examen y cree, al igual que la mayoría de los participantes en este reportaje, que fue más difícil de lo esperado, sobre todo en Historia "porque han innovado mucho, estuve mirando los exámenes de los últimos años y me preparé lo que había visto pero cayó algo que nunca había caído". Este joven tiene pensado estudiar en Salamanca Historia del Arte.

Prácticamente todos los consultados han mostrado la misma sorpresa por los cambios que apreciaron en la prueba y la dureza de la misma, incluso Patricia Suárez, del IES Félix Rodríguez de la Fuente, que tiene una matrícula de honor y una nota altísima en el examen, pero que va a reclamar: "Fue muy difícil aunque mis resultados se pueden considerar buenos, pero ha sido una prueba decepcionante porque después de trabajar a lo largo del año te la juegas todo en un examen que si sale mal se va a la basura todo el esfuerzo realizado".

Su compañera Ana García, que reconoce que Patricia es "muy, muy exigente", considera que no fue tan difícil pero que también se esperaba más nota en algunas pruebas, y Guzmán Fontecha -de la misma clase que las dos chicas- entendió que varias preguntas eran exageradamente rebuscadas "aunque tampoco puedo decir que fue tan complicado, porque si has dado las materias a lo largo del curso pues lo normal es que te lo sepas".

Raquel Alonso, del IES Enrique Florez, fue de las que tuvieron suerte y se prepararon aquellos contenidos que entraron en el examen. A esta joven, de 18 años, la crisis sanitaria le partió a la mitad un proyecto precioso, una estancia en Canadá gracias a una beca de la Fundación Amancio Ortega: "Después de seis meses tuve que volverme en plena pandemia, con los aeropuertos vacíos, la verdad es que fue tremendo". Ana quiere dedicarse a la investigación y estudiará Medicina aún no sabe en qué universidad.

Fran Fernández, del colegio concertado Sagrada Familia (SAFA), también es muy crítico con la prueba, que no le salió como esperaba: "No me gusta nada el sistema, me parece una aberración, entre otras cosas porque no nos dejan ver el examen. Yo no he bajado del 9 en los dos cursos del bachillerato y he sacado un 5,6 y no puedo ver el examen". Su futuro más inmediato pasa por hacer Enfermería en Zamora porque no le llega la nota para estudiar en la escuela de Burgos una profesión que para él es muy vocacional y a la que llega con las ideas clarísimas: "Quiero ser enfermero de Emergencias"

Su amigo Eliot Berbel ha elegido un ámbito profesional completamente diferente: Se va a preparar para ser periodista deportivo, y con ese objetivo comenzará en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos y continuará en la Rey Juan Carlos de Madrid. Tanto él como Fran y toda su clase de la SAFA pudieron hacer una graduación al uso con sus corbatas, sus trajes de fiesta y su cena posterior.

Los que han ido a institutos públicos están, en este sentido, algo enfadados porque a ellos no se les permitió celebrar el final de los estudios: "La Dirección Provincial de Educación prohibió las graduaciones pero resulta que los colegios concertados sí que lo hicieron, invitando a familiares y a quienes quisieron", afirma Patricia Suárez, que prefiere mirar para adelante y estar pendiente de si consigue una beca que le permita estudiar en Edimburgo, donde ya está aceptada en un par de universidades para hacer el doble grado de Filosofía y Literatura Inglesa o el de Filosofía y Antropología Social: "Espero irme porque allí el sistema es bastante diferente y tienes un año de margen para irte enfocando en las asignaturas que más te interesan y no como aquí, que ya se entra a saco desde el principio, además tienen más trabajos de investigación y creo que se aprende mejor".

Ana García también lo tiene claro. Va a hacer Derecho en la UBU, el principio de un camino que le llevará después a opositar para ser policía nacional: "Tengo ganas de empezar porque me imagino la universidad como una etapa bonita de conocer a gente nueva. En la Facultad ya he estado y también me parece súperbonita, la verdad es que llego muy contenta".

Guzmán, por su parte, reconoce que va con mucho miedo a la hora de empezar una etapa nueva (él también se queda en la UBU a estudiar el grado de Desarrollo de Vídeojuegos) porque puede significar distanciarse de los amigos del instituto: "Pienso que igual no los vuelvo a ver en mucho tiempo, como a Patricia, que se quiere ir a Escocia, igual perdemos el contacto". La interpelada reacciona inmediatamente, le dice que siempre tendrá la invitación a punto para una visita, a la que también se apunta Ana de inmediato, y que nunca van a dejar de ser amigos.