El Camino empieza a hervir (a fuego lento)

P.C.P.
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Son jornadas de más calor y kilómetros que movimiento en los albergues y comercios de Belorado, pero se percibe gran diferencia entre la semana pasada y esta. «Los peregrinos ya no tienen miedo» y sí muchas razones para volver

Españoles y europeos, mayoría absoluta entre quienes a llegan a Belorado por la ruta jacobea. - Foto: Luis López Araico

Cuando Diana llegó a Belorado no pudo dejar de lamentar su mala suerte. La etapa anterior achicharrados -«¡un horror!»- y esta que acaba en un albergue con piscina sin pasar de los 20 grados. «Que no se preocupe, que tenemos cubierta con una lona la zona para estos días», apunta Jana Rueda mientras ella, con Germán, Tania e Iker se dirige a la habitación. De hecho, no ha terminado de hablar con los periodistas la hostelera y ya enfilan el jardín del Cuatro Cantones.
Pese a amanecer la jornada más fresca, la villa beliforana hervía ayer de actividad en los establecimientos vinculados el Camino de Santiago. Algún hostelero especulaba con unas previsiones de lleno que los albergues echan por tierra rápidamente. Se quedaron como mucho a un tercio de su capacidad potencial, que en las habitaciones se ha visto reducida a la mitad por la crisis sanitaria. Aún así, están contentos de ver movimiento.
«Ha venido un señor de Nueva Zelanda y le he hecho la ola», se ríe Jana, que habla con él en un inglés fluido, fruto de sus años de estudio en el Reino Unido. Son pocos los extranjeros que se dejan ver y la mayoría europeos, italianos y belgas y holandeses en bicicleta, aunque también han tenido algún caso curioso como el de una pareja de brasileños que se quedó confinada en Barcelona y decidió iniciar la ruta jacobea.
Diana y sus tres compañeros, procedentes de Pamplona, también perciben ese predominio de los peregrinos españoles, que incluso algún hospitalero ha señalado como ventaja.«Al menos nos entendemos», apunta para buscarle el lado positivo a la situación.
También Jana, que lleva el albergue con su hermano Iker, quiere mirar lo que queda de temporada -cierra en noviembre- con optimismo. «Hemos abierto para quitarle el miedo a la situación», si bien reconoce que quien se pone en ruta ahora «no tiene miedo». Las medidas de seguridad son muchas, aunque en cada alojamiento diferentes, según ha podido experimentar el grupo de pamploneses. «En unos tienes que meter las mochilas en bolsas y no te dejan sacar nada, en otros te las desinfectan»... También se nota en el aforo. «No nos juntan con mucha gente», reseña. «No hace falta limitarlo», apostilla Jana. Se regula solo. A media mañana tiene 15 peregrinos. «Pero ha habido           días solo de 3, o de 6», se lamenta, con el restaurante cerrado y consciente de que este será un año a fuego lento.