El escondite perfecto

SPC-Agencias
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La imaginación de los delincuentes en su intento por burlar los cada vez más estrechos cercos policiales anti drogas no conoce límites

El escondite perfecto

Vísceras de animales, sillas de ruedas, pañales, bocadillos y hasta mascarillas. Cualquier cosa, por inverosímil que parezca, puede servir para ocultar droga y eludir el control de las Fuerzas de Seguridad. Un ingenio que se ha agudizado durante la crisis sanitaria entre los pequeños traficantes, muchos de los cuales han sido pillados in fraganti mientras se saltaban el confinamiento o el toque de queda. Y es que, la imaginación de los delincuentes para tratar de burlar el cerco policial, cada vez más estrecho, no tiene límite. 

El pasado mayo, en plena pandemia, la Guardia Civil localizó en un control de carretera en la localidad granadina de Diezma un cargamento de más de 257 kilos de marihuana oculta bajo vísceras de animales. La furgoneta, que viajaba en dirección a Puerto Lumbreras, estaba repleta de bidones llenos de intestinos en salazón, un contenido pestilente y desagradable que no impidió a los agentes localizar bajo ellos la droga.

Los pañales de bebé también parecen un buen escondrijo a juicio de los malhechores. Durante el estado de alarma, un hombre de 20 años y una mujer de 18, de Pozoblanco (Córdoba), fueron interceptados por la Benemérita en el vehículo en el que viajaban con un bebé burlando el confinamiento.

Dijeron a los agentes que habían salido para comprar medicamentos en una farmacia, aportando para ello un parte médico de un centro hospitalario, pero finalmente la mujer admitió que ocultaban droga en el interior del pañal.

También entre ropa de bebé y pañales escondió medio kilo de marihuana un joven de 25 años, consumidor habitual de sustancias estupefacientes, que fue detenido en la localidad madrileña de Villa del Prado en un vehículo.

Otro elemento propio de niños pequeños, la cuna, es un escondite utilizado también con el objetivo de pasar desapercibido al control de los uniformados. Es lo que debió pensar un supuesto integrante de una de una red de narcos que enviaba droga a Francia en caravanas de vehículos de gama alta que iban a toda velocidad y que ocultaba 187 kilos de hachís bajo la cuna de su hijo en su casa de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona).

Otro ejemplo curioso: ¿Quién va a sospechar de un bocadillo?. El pasado mes de noviembre, durante la vigilancia que la policía realiza para prevenir el tráfico de droga en el entorno de los centros escolares, los agentes sorprendieron a una pareja dentro de un coche que, tras verles, trataron de huir. Al joven se le requisó un cogollo de marihuana de 0,9 gramos pero la chica solo llevaba en su mano un bocadillo. Uno de los policías se dio cuenta de que en su interior, además del fiambre, había una tableta plastificada con 100 gramos de hachís.

Un inocente paquete de patatas fritas fue la tapadera de un individuo para ocultar cocaína. Agentes de la Guardia Urbana de Barcelona observaron que bajaba de un vehículo en la calle Aribau alrededor de las 05:40 horas, con la ciudad en toque de queda, con una bolsa de la compra. Tras darle el alto y pedirle ver el contenido, encontraron un bote de patatas fritas en cuyo interior había escondido una bolsita con la sustancia estupefaciente, por lo que fue detenido.

 

Narcomascarillas

Los pequeños traficantes no podían dejar de lado un elemento tan habitual desde que estalló la crisis sanitaria como son las mascarillas para eludir el control policial. Lo hizo un hombre de 52 años, que fue sorprendido el pasado mes de agosto en Orense con nueve bolsitas termoselladas que contenían cocaína y heroína ocultas en su mascarilla y que intentó tragarse cuando iba a ser identificado por los agentes.

En tiempos de pandemia, cualquier elemento relacionado con la salud puede ser un escondrijo. Los Mossos d’Esquadra detuvieron a un hombre de 58 años por traficar con marihuana oculta en cajas de material farmacéutico, que llevaba dentro del vehículo de una empresa de transportes acreditado como servicio esencial.

Simular ser parapléjico es otro de los métodos usados por los delincuentes. Así lo hizo un hombre que utilizó el doble fondo en el asiento y el respaldo de una silla de ruedas eléctrica para esconder 10 kilos de cocaína. El sujeto fue detenido a principios de año en el aeropuerto de Barajas, tras aterrizar en un vuelo procedente de la República Dominicana.