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El abrazo de la pintura

A.S.R.
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Kris Marand gana un concurso en el pueblo cordobés de Montilla y realiza un mural de 12x4 metros, que suma a una trayectoria que gira en torno al arte como herramienta de transformación social

Kris Marand, junto a la obra que ha pintado en el mercado de abastos de Montilla, en la que destaca la calidez de sus gentes sin perder de vista sus atractivos más materiales. - Foto: Kris Marand

La calidez de las gentes de Montilla y el abrazo sin fin en el que hacen sentir a todo el que se pasea por sus calles, sin perder de vista sus atractivos (su torre, sus vinos...), se extienden en el mural de 12x4 metros que la artista burgalesa Kris Marand, Cristina Martín Andrés en el DNI, acaba de realizar en el mercado de abastos de la localidad cordobesa tras ganar el concurso Montilla, Patrimonio Conectado, convocado por su Ayuntamiento. 

Su ejecución, todo un reto. En tres días lo empezó y terminó, justo antes de hacer las maletas para pasar la Navidad con la familia. «El mural sintetiza lo que a mí me hace volver a un lugar. Por muy bonito que sea, si no encuentro la amabilidad, la parte humana, no vuelvo. Y en Montilla todo el mundo es súper amable», aplaude. 

«Sus dibujos generan un refugio, un abrazo de formas redondeadas que literal y figuradamente busca envolver a quien lo observa, y que da paso a un baño de color donde los tonos tierra y pastel nos traen reminiscencias del hogar y la familia. No está habitado por ilustres personajes o épicos momentos, sino por figuras amables que nos recuerdan que son las pequeñas cosas, los instantes sencillos e íntimos, las auténticas protagonistas que llenan y dan sentido al viaje que es la vida», perfila la propia creadora, con centro base en Granada, donde llegó hace ya un puñado de años para terminar la carrera de Bellas Artes, que empezó en Salamanca tras cursar el Bachillerato de Artes en Burgos. 

Montilla viva se suma a una ya interesante trayectoria que gira en torno al arte como herramienta de transformación social. Un credo que acompaña a Marand (Burgos, 1992) desde sus años universitarios. 

«Siempre combino mis proyectos personales con otros, busco vivir de mi obra, pero no quiero ser solo la artista que está en su estudio pintando, sino que persigo que mi trabajo tenga una repercusión en la sociedad», expone la también profesora de pintura, que da clases en centros cívicos de la capital nazarí. 

Esa inquietud social la ha llevado a distintas partes del mundo. Vivió unos meses en Indonesia con un proyecto de voluntariado europeo en torno al emprendimiento social y sostenible; pasó por los campos de refugiados de Calais (Francia) con Caravana Color; y participó en una actuación colectiva de educación artística en Tegucigalpa (Honduras). 

Pero Marand no necesita irse tan lejos para que el arte y la acción social bailen juntos. Ha dejado su aportación para la consecución de un mundo mejor en hospitales, con intervenciones de la mano del colectivo La onomatopeya del silencio, y en el centro penitenciario Albolote de Granada, con un estudio sobre la expresión artística de las personas en aislamiento. 

¿Volver a Burgos? Esa posibilidad siempre está ahí y, desde luego, sueña con pintar un mural en su ciudad. He ahí la espinita de esta artista que sí los ha hecho en Dinamarca, Francia y otras ciudades españolas. «Tengo muchas ganas. Qué bien que Burgos se haya puesto las pilas con el arte urbano, sin criminalizarlo, pensando que es otra forma de expresión y que el espectador no es solo el que va al museo a ver arte, sino también el que sale a pasear y se lo encuentra. Hay cosas muy interesantes», se explaya y recuerda que hace mucho, demasiado, que no muestra su obra en casa, desde su debut hace ya algún tiempo en Covarrubias. 

Mientras esa oportunidad se produce, prepara su próxima exposición, en febrero, en La Goma, uno de los bares culturales clásicos de Granada.