Cien años muy bien llevados

B. Antón / Arauzo
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Consuelo Barbadillo celebra con familiares y vecinos su cumpleaños • Corresponsal del banco Banesto y de la Seguridad Social, ha pasado toda su vida en Arauzo, donde ha criado a sus cuatro hijos y donde más le gusta estar

Familiares, Corporación municipal y vecinos de Arauzo de Miel se unieron para homenajear a esta centenaria, que tiene una memoria envidiable. - Foto: Azúa

E l trasiego en su casa no era ayer el habitual, pero tampoco era un día normal. Flores sobre la ventana, bombones, vecinas que se acercan a felicitar, sensibilidad a flor de piel y un aire de alegría denotaban que este dos de mayo era una fecha especial. Fue ese el día, pero de 1914, cuando Consuelo Barbadillo Hernando nació en esta localidad, en una casa del barrio La Fuente. .
Cien años después, esta mujer de memoria casi intacta, festejó con su familia y vecinos una fecha tan especial, aunque la fiesta comenzó un día antes. «Nos juntamos a comer 66 personas», recuerda Consuelo, que ha estado pendiente de que todo saliera bien en un día tan importante y de llamar a cada uno de sus familiares y amigos para invitarles. «No quería dejarme a nadie», puntualiza.
Consuelo recuerda, con un detalle envidiable, gran parte de los momentos de su extensa vida, que sabe explicar con un vocabulario no habitual en una mujer nacida a comienzos del siglo pasado, fruto de su pasión por la lectura. «De niños, cuando salíamos del colegio, íbamos a casa a por la merienda. La mayoría de mis amigos volvían a la calle a jugar, pero mi madre me sujetaba mucho», cuenta esta centenaria, que recuerda como a los 16 años se leyó El Quijote.
«Tuve un accidente en el dedo y tenía que estar quieta para que mejorara, así que no podía ir a jugar a las tabas y me leí ese libro, después he leído mucho», recuerda Consuelo, que mejoró su calidad de vida al operarse de cataratas, algo que la permite seguir leyendo e incluso coser. «Me enseñó una modista de Huerta de Rey y me he hecho muchos trajes, blusas para mis hijas, mantas de lana, calcetines…».
Además de la lectura y de coser, siempre le ha gustado «estar entre papeles» y lo estuvo cuando ayudaba a su padre Benito, secretario del Ayuntamiento, a copiar partidas de nacimiento o de matrimonio, y lo siguió estando durante muchos años como corresponsal del banco Banesto, como también lo fue su padre, y de la Seguridad Social. «Tenía la oficina en casa, aquí guardaba el dinero de los vecinos y aquí venían a pagar las letras y a cobrar los vales del trigo», comenta Consuelo, quien desde los doce años vive en el mismo sitio, junto a la plaza Mayor, donde jugó de niña y donde vio dar los primeros pasos de sus cuatro hijos Julio, María Consuelo, Milagros y Joaquín. Viuda desde hace 18 años, recuerda como si fuera hoy, los momentos previos a su boda. «Mi novio estaba en la guerra, tenía carnet de conducir y llevaba a la Guardia Civil de un lado a otro. Cuando acabó la guerra y volvió, en el 39, nos casamos» y de esa unión nacieron sus hijos, que le han dado seis nietos y dos biznietas.
Como buena arauceña, es aficionada a los toros, de los que ha sido asidua en la plaza de su pueblo, igual que a las romerías de Pinarejos, donde antaño acudía con carro y con mulos, y siempre se mostró participativa en todas las fiestas y actividades. «Ahora paso algunas temporadas fuera, en casa de mis hijas, pero aquí tengo más libertad, me siento en mi puerta y todo el mundo que pasa me saluda», comenta Consuelo, a quien siempre le ha gustado bailar, aunque ahora la cabeza le dice que sí y las piernas que no. Dice que nunca ha sido demasiado presumida, afirmando que «no me ha gustado el maquillaje en la cara. Bien vestida y peinada sí, pero pintada no», confiesa.  
Además de su familia, ayer todo el pueblo participó del cumpleaños de Consuelo. Por la mañana asistieron a una misa y después la centenaria invitó a sus vecinos a un pequeño aperitivo. El Ayuntamiento también se implicó y entregó a la mujer un ramo de flores y un pequeño detalle. Dos días de encuentros, donde sin duda, el mejor regalo para Consuelo ha sido el cariño y la cercanía de sus familiares y vecinos: «Cuando me han preguntado que quería de regalo siempre he contestado lo mismo: Lo mejor tu compañía».


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