Noviembre de 1931 - Domingo sangriento

R.P.B.
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Seis meses después de proclamarse la II República, el 8 de noviembre, domingo, las tranquilas calles de Burgos se verían alteradas por un gran enfrentamiento con cientos de personas implicadas. El centro de la ciudad se sumió en un caos violento

Instantánea de la exposición fotográfica (año 2000), sobre la celebración del advenimiento de la II República en Burgos (14-4-1931) - Foto: D.B.

EL ORIGEN Enfrentamiento entre católicos y sindicalistas. Comienza en la calle Pablo Iglesias y se extiende por toda la ciudad.

LA FALLECIDA Felisa Herreros. Recibió un disparo en el balcón de su domicilio y falleció. Hubo una veintena de heridos y un buen número de personas detenidas.

Las miradas que cinco años después se hincharían de ira y odio para buscar la sangre ajena confluyeron un frío día de noviembre del año 1931. Seismeses antes, en abril, se había proclamado la II República. Un sueño para unos, una amenaza para otros: la aventura empezaba mal desde el principio. Con una situación tan convulsa el estallido de conflictos no podía tardar. Así fue en todo el país. Y en Burgos no iba a ser menos.Ya en el mes de agosto se había producido un hecho que serviría de precedente a los acontecimientos de noviembre: durante la celebración de un mítin en el Teatro Principal organizado por Acción Católica, que contó con la presencia Ángel Herrera Oria - político que acabaría tocándose, avanzada la dictadura de Franco, con el rojo capelo cardenalicio- se produjo una fuerte algarada entre quienes proclamaron vivas a la religión y quienes lo hicieron a favor de la República. El acto tuvo que ser suspendido de inmediato, dado el fenomenal alboroto, que continuó en la calle y que terminó con heridos y detenciones.

Así, con semejante división quebrando el aire de los días, llegó el 8 de noviembre. Domingo. Domingo que acabaría siendo sangriento. Alrededor de 500 personas se habían desplazado en ferrocarril hasta Palencia para escuchar un mítin católico. Durante la jornada circularon por Burgos diversos rumores sobre posibles altercados en la capital palentina durante el citado encuentro. Con este motivo, se preparó un dispositivo de seguridad en la estación de tren de Burgos para que al regreso no se produjera ningún incidente: policías, guardias civiles y agentes de seguridad se apostaban en los andenes.

La llegada de la comitiva fue tranquila: a los pasajeros les esperaban familiares y muchos sacerdotes, que gritaron varios vivas a la religión católica, contestados con entusiasmo. Ya de camino a la ciudad, poco antes de embocar el paseo del Empecinado, cerca de medio centenar de jóvenes, muchos de ellos afiliados al partido socialista y a la UGT, vociferaron varios mueras al clero. Pero la comitiva, escoltada, continuó su ruta sin inmutarse. Al llegar al puente Bessón, la comitiva se dividió. Uno de los grupos no cruzó el puente y continuó por la calle Pablo Iglesias (hoy calle Valladolid), donde se produjo el primer altercado con los sindicalistas.Y de las palabras se pasaron a los hechos: las agresiones comenzaron, con diputados y ex concejales involucrados. Instantes después, la Guardia Civil cargó contra los enfrentados. Pero el desorden no había más que comenzar, y los enfrentamientos se extendieron por los puentes de Santa María y San Pablo, El Espolón, la plaza Prim (plaza de El Cid). El altercado se había convertido en una verdadera batalla.

 

EL CAOS.

En pleno éxtasis violento, varios jóvenes apedrearon el convento de la Compañía de Jesús, mientras las cargas de la Guardia Civil se hacían más intensas, con descargas de fusiles que provocaron la estampida hacia cualquier rincón de quienes se hallaban envueltos en los enfrentamientos. Eran las diez de la noche y las calles del centro de Burgos eran un campo de batalla en toda regla. La Benemérita disparaba sin cesar, «de todas partes se oían fuertes detonaciones y atronadoras descargas», recogieron los periódicos. La ciudad era un caos: la violencia se extendía de calle en calle: San Lorenzo, La Paloma, Santa Águeda, Laín Calvo... Esta última registró el hecho luctuoso de esta jornada sangrienta: Felisa Herreros, que acababa de cenar en compañía de su hijo, recibió un disparo mortal al asomarse al balcón que daban a Laín Calvo. La noticia corrió como la pólvora y encrespó aún más los ánimos. Mientras tanto, la Casa de Socorro no daba abasto con los heridos: hasta 16 personas fueron atendidas por heridas de diversa consideración. Hasta que intervino el Ejército y la revuelta fue apagándose lentamente, aunque siguió habiendo encontronazos durante dos días más. El lunes siguiente se declaró la huelga general por 21 horas, y se repartieron octavillas, firmadas por UGT y CNT en las que se leía «A la brutal agresión de la fuerza pública ha contestado el pueblo de Burgos con la declaración de la huelga general unánimemente secundada y que demuestra la necesidad que el pueblo tiene...». La raíz del odio ya estaba sembrada. Cinco años después las miradas de unos y otros se hincharon de ira y odio. Y buscaron la sangre ajena.

*Este artículo fue publicado en la edición impresa el 19 de septiembre de 2004