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«Siento gran dolor; Bildu no condena el asesinato de mi padre»

I.E.
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Entrevista a Cristina Cuesta Gorostidi, gerente de la Fundación Miguel Ángel Blanco. Ayer estuvo en la UBU en las Jornadas 'Memoria y prevención del terrorismo'. ETA asesinó a su padre hace 40 años y el autor está en el penal de Burgos

«Siento gran dolor; Bildu no condena el asesinato de mi padre» - Foto: Patricia González

Cristina Cuesta participó ayer en las jornadas que organiza la Universidad de Burgos sobre 'Memoria y prevención del terrorismo'. Se da la circunstancia de que el asesino de su padre se halla recluido en la prisión de Burgos. Se trata de José Antonio Zurutuza Sarasola, sobre cuyos movimientos y cambios de grado siempre está muy atenta la gerente de la Fundación Miguel Ángel Blanco

Se cumplen 40 años del asesinato de su padre, Enrique Cuesta Jiménez, delegado de Telefónica en Guipúzcoa. ¿Qué recuerda de aquellas fechas?
Estaba estudiando Periodismo en Lejona. Vivíamos bajo la amenaza del terrorismo, porque el jefe de mi padre, Juan Manuel García Cordero, ya había sido asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas el 23 de octubre de 1980. Tras este atentado, mis padres decidieron valientemente quedarse en San Sebastián y aceptar mi padre el cargo de su jefe asesinado. Nos cambiamos de domicilio, nos asignaron dos escoltas. Pero bueno, vivíamos así, como tantas personas en aquella época y mucho tiempo después también. Ese viernes 26 de marzo de 1982 estaba en San Sebastián porque iba a ser mi cumpleaños -20 años- y había ido a casa a celebrarlo. Esa mañana hablé con mi padre por última vez, le dije que ya había llegado y que ya hablaríamos de cómo celebrar el 'cumple'. Las últimas palabras de mi padre fueron: «Vale hija, un beso, luego nos vemos». Quiero decir, porque me lo he impuesto desde hace mucho, que mi padre fue asesinado junto a su escolta, Antonio Gómez, un policía nacional de 24 años, casado y con un niño, que se llama Javier. Su viuda tuvo que abandonar San Sebastián al poco tiempo por la puerta de atrás, sin ayuda, desorientada, como tantas familias de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Tuvo que dejar de estudiar Periodismo, su gran vocación.
Mi madre cayó en depresión y mi hermana tenía 14 años. Tuve que decidir entre lo importante y lo urgente y, aunque para mí era muy importante estudiar, más urgente era atender a mi familia. Yo era la persona más fuerte y no tuve mucho tiempo para pensármelo. Me ofrecieron trabajar en Telefónica y al mes del asesinato entré a trabajar en la central de Guipúzcoa, por la misma puerta por la que había salido mi padre antes de ser asesinado. Fue traumático visto en perspectiva, pero en ese momento estábamos más preocupados por crear un ambiente estable en un clima hostil, porque las víctimas estábamos también culpabilizadas. ETA te mata y luego te insulta.

ETA hace 13 años que no comete asesinatos. ¿Se corre el riesgo de olvidar todo el sufrimiento que causó?
Hay un deber moral, social y político de memoria respecto a unos acontecimientos que han condicionado la estabilidad de la vida española. Es inaudito que algunos piensen que hay que olvidar. Si, lógicamente, no hay que olvidar el Franquismo, ¿por qué hay que olvidar la historia tan reciente? Sobre todo para honrar el sacrificio de las víctimas, por prevención y por calidad democrática. No podemos cubrir de olvido e impunidad una fase de la historia que ha afectado a muchísimos españoles, que pagaron un precio por defender la democracia. Tenemos una deuda de gratitud con muchos españoles que sostuvieron el Estado de Derecho.

(La entrevista completa, en la edición de papel de hoy de Diario de Burgos)