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"Tú verás si quieres que tu hijo nazca bien"

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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El Ministerio de Igualdad planea incluir la violencia obstétrica -considerada por la OMS como una forma de violencia hacia las mujeres- en la legislación, lo que ha indignado a los ginecólogos, que niegan su existencia. Las matronas la confirman

Imagen de archivo de un control a una embarazada - Foto: Eugenio Gutiérrez Martínez

La atención sanitaria a las mujeres durante el embarazo y el parto poco o nada tiene que ver con la que cualquier persona precisa y recibe durante un proceso patológico, precisamente porque el embarazo y el parto no son enfermedades. Se trata de procesos fisiológicos, experiencias físicas y emocionales muy singulares en las que se necesita una compañía profesional basada en la mejor evidencia científica y en la empatía, como bien saben quienes han pasado por ella. Pero esto no siempre sale bien. Cierto es que en muchísimos casos, cuando todo termina, solo hay agradecimiento por parte de las madres recientes hacia quienes les han atendido, pero también son infinitas las burgalesas que pueden contar historias muy duras con respecto al trato que han recibido por los trabajadores del sistema público durante este proceso: desde actitudes displicentes y paternalistas, amenazas, comentarios despectivos o, directamente insultos, hasta la realización de técnicas obsoletas, peligrosas o realizadas sin consentimiento o información previa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia obstétrica como "una forma específica de violencia ejercida por profesionales de la salud hacia las embarazadas, en labor de parto y el puerperio". Para la UNESCO va "contra la dignidad e integridad de las mujeres con el agravante de la especial vulnerabilidad de esos momentos".

El Ministerio de Igualdad puso el año pasado sobre la mesa la reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción d Voluntaria del Embarazo (popularmente conocida como Ley del Aborto) en la que quiere incluir la consideración de la violencia obstétrica como una forma de violencia hacia las mujeres, lo que ha provocado una airada reacción por parte de los ginecólogos, que a través de su sociedad científica se pronunciaron en contra acusando al Gobierno de banalizar la violencia de género y situarles en un territorio "de una inseguridad y una desprotección jurídica insoportable".

El jefe del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Burgos (HUBU), Modesto Rey, cree que ya el término es "profundamente desafortunado, inadecuado e injusto, ya que no se ajusta al empeño y la práctica de los sanitarios implicados porque violencia implica un acto doloso con intención de causar daño, ánimo de lesionar y el uso de procedimientos coercitivos que no tiene nada que ver en absoluto con el proceder de los profesionales".

Opina Rey que de salir adelante en estos términos la reforma pondrá a los profesionales "a los pies de los caballos", generará inseguridad "y, muy previsiblemente, gran cantidad de conflictos, desmotivando a los profesionales a dedicarse a esta actividad". A su juicio, se están confundiendo la praxis inadecuada y los comportamientos paternalistas en la relación gestante-profesional, "que hay que corregir", con ejercer violencia, y recuerda que existen marcos de referencia para los profesionales en cuanto a una atención de calidad al proceso del parto basada en la evidencia científica y en el mejor conocimiento disponible.

La forma en la que entiende el jefe de Ginecología del HUBU la relación entre los sanitarios y las mujeres gestantes (y sus parejas cuando éstas están implicadas en el proceso) es la que se basa "en el respeto y la confianza, con la finalidad de satisfacer sus necesidades y expectativas, una relación, en definitiva, que respete la autonomía de las mujeres y facilite su toma de decisiones a partir de una información objetiva, veraz y comprensible, a la que añadiría una relación de cercanía que aporte calidez y atenta a las demandas físicas y emocionales que van surgiendo a lo largo de todo el proceso".

Las matronas, por su parte, reconocen el concepto de violencia obstétrica, tal y como lo tiene dicho en su página web la Federación de Asociaciones de Matronas de España, a quien remitió a este periódico la vocal en Burgos de la Asociación Castellano y Leonesa de Matronas, que no quiso añadir nada más: "Nadie puede decir que no conoce su existencia en España porque ha sido reflejada en distintos informes de Naciones Unidas, del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo. Queda demostrado que en nuestro país se ha ejercido, se ejerce y se seguirá ejerciendo si no actuamos de forma contundente y firme", afirma este colectivo estatal.

NINGUNEO Y CULPA. En una encuesta informal y no científica realizada para incluir en esta información, al menos una veintena de burgalesas afirmaron haberse sentido ninguneadas por médicos que durante las consultas no se dirigían a ellas sino a otros profesionales sanitarios o incluso a sus parejas; que se sintieron muy culpabilizadas, sobre todo las que presentaban sobrepeso, porque algunos ginecólogos les hacían ver que estaban poniendo en riesgo la vida de sus hijos o que sintieron que no les consultaba ni se les avanzaba nada de lo que iba a ocurrir, situaciones muy complejas sobre todo para las primerizas. Las hay que fueron conscientes -ya después del parto- de que se les había practicado alguna maniobra desaconsejada por la OMS y, por, supuesto, prácticamente todas echaron de menos que los profesionales se presentaran con su nombre y cargo. "Cada vez que tenía que ir a una revisión sufría una crisis de ansiedad y me subía la tensión, que en casa siempre la tenía normal. El médico me repetía si es que no quería que mi hijo naciera bien porque estaba muy gorda, me dijo textualmente 'tú verás si quieres que tu hijo nazca bien'", explica Daniela. Patricia, que fue con su propio plan de parto, afirma que ni lo miraron y que su proceso fue medicalizado desde el principio en contra de sus pretensiones.

Frente a esto, el jefe de Ginecología dice que toma nota y anima a que se les hagan llegar las quejas e insatisfacciones "para seguir mejorando la calidad y la calidez asistenciales" pero que una encuesta anónima que se está pasando entre las mujeres desde hace algo más de medio año indica que, en general, están satisfechas con el trato recibido. Y es que la gran mayoría de las mujeres, una vez que nace su criatura, quiere olvidar lo que pasó y pocas se animan a formalizar una queja.

Irene de Pedro, presidenta de Madres de la Leche, grupo de apoyo a la lactancia materna que, por eso mismo, recibe a las mujeres recién paridas, afirma que, "a grandes rasgos", la atención en el HUBU es buena y que hay un trato más satisfactorio para las mujeres con respecto al viejo Yagüe. "Muchas están contentas; otras cuentan que la experiencia podría haber sido mejor y una minoría dice haber sufrido episodios hostiles o trato vejatorio". Pero, añade, "no se puede bajar la guardia ni negar la existencia de la violencia obstétrica, que es una violencia estructural y viene dada porque la paciente es mujer y la sociedad es patriarcal".

Entre las prácticas o actitudes que Madres de la Leche asegura que se producen en ocasiones destacan las de coaccionar a la hora de inducir un parto por embarazo prolongado, realizar maniobras que están expresamente no indicadas, amenazar con avisar a un juez si la paciente no acepta un determinado tratamiento, hacer episiotomías sin consentimiento verbal previo, realizar tactos vaginales sin permiso, emitir juicios de valor o juzgar, imponer protocolos, separar al recién nacido de la madre sin informar por qué o para qué, impedir que la mujer vaya acompañada o "tener una tasa de episiotomías mayor al 5% y de cesáreas superior al 15%". En el HUBU, según Modesto Rey, las cifras han estado en los últimos cinco años entre el 14 y el 17% para las cesáreas; en el 16% las episiotomías en partos normales y el 28% en los instrumentales, "cifras las primeras, muy ajustadas a las recomendaciones de la OMS, y las segundas, dentro de su recomendación".

AVANCES EN EL HUBU. 

El jefe de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario, Modesto Rey, explica algunos de los cambios que se van a dar en el servicio para una atención más óptima a las mujeres:

>Mejora de las unidades de dilatación, parto y recuperación "para ganar en calidez y facilitar los partos de baja intervención".

>Formación de los profesionales en el parto de baja intervención.

>Protocolo conjunto de atención al embarazo entre Atención Primaria y la Unidad de Tocología del Servicio de Ginecología para mejorar la coordinación.

>Creación de una consulta específica de matrona en el hospital con finalidad informativa y deliberativa con las gestantes y sus parejas donde se facilitará la elaboración y valoración de los planes de parto.