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Martín García Barbadillo

Plaza Mayor

Martín García Barbadillo


De esto, tampoco

24/01/2022

Faltan cuatro días para que se inicie la campaña de las elecciones autonómicas, pero la matraca ya lleva tiempo resonando por todas partes. Los políticos que concurren a las urnas están hablando, básicamente, de dos asuntos. El primero son sus cosas: descalificaciones cruzadas, insultos al oponente, tremendismo, grandilocuencias varias... En fin, lo de siempre. Y el segundo  son... ¡Las vacas! En un giro de guion berlanguiano se habla de vacas sin parar. Vacas, vacas y vacas, como si no hubiese otra cosa, como si supiesen lo que son. Este es el país que tenemos.

El caso es que esos dos temas de conversación (o monólogo) no dejan espacio para hablar de aspectos que son un problemón en la región y merecerían al menos unas palabras. El más evidente es el envejecimiento brutal de lo que queda de población en Castilla y León. Miro por la ventana de mi casa y veo las obras de una residencia de ancianos que está duplicando sus instalaciones; en muchos lugares, antiguos colegios se transforman en centros para mayores; si uno pasea se topará con más andadores y sillas de ruedas que con carritos de niño. ¿Los políticos no lo ven? Si es así, ¿dónde viven?

El hecho es que somos una sociedad de viejos y eso lleva a dos consideraciones:

1. En unos años, cuando las personas mayores sin remplazo ya no estén, esto será un verdadero erial. La actual España Vacía nos parecerá la piscina municipal de Tokio en pleno agosto. Esto no se va arreglar en cinco minutos.

2. Ya que, efectivamente, hay mucha población mayor, hagamos su vida más fácil, aunque solo sea porque será la nuestra pasado mañana. Y podría empezarse por cosas sencillas, tampoco vamos a pedir locuras. Bastaría, por ejemplo, con que algún candidato se comprometiese a mover cielo y tierra para que cualquier mayor sea atendido por una persona «humana» en el banco, en «su» banco de toda la vida, si así lo desea. No estaría mal que otro dijese que se pensará en un urbanismo acorde a la población, con calles para vivir al ritmo de todas las edades y no para esquivar coches; o que un tercero afirmase que se aplicarán medidas imaginativas para que los mayores no estén tan solos, porque la soledad es, en muchas ocasiones, la verdadera enfermedad de la vejez.

Pero de esto no se va a hablar. De esto, tampoco.

Salud y alegría.