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Latidos de historia entre bodegas y piedras

J.Á.G.
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Sotillo, en el corazón de la comarca ribereña, afianzó su progreso en el comercio del vino y hoy resurge también como destino enoturístico y ruta que une ermitas

Panorámica de Sotillo de la Ribera, con sus bodegas y la ermita en lo alto. - Foto: Alberto Rodrigo

Sotillo de la Ribera ha conseguido un milagro, convertir el agua de sus acuíferos en vino a través del laboreo de sus viñas, esas que aportan en cada vendimia uva para las ocho bodegas que sigue elaborando vino, pero la villa ribereña es algo más que sus cavas, es un tramo insoslayable en ese mapa de turismo enológico. Una atractiva propuesta para cuando se levanten confinamientos y cuarentenas por el maldito coronavirus. Los sotillanos están además muy orgullosos de su historia, de su patrimonio arquitectónico civil y, sobre todo, religioso y, como no, de su entorno natural, al que se añade la industria alimentaria, que gira en torno a las morcillas, las chacinas y el queso, y, por supuesto, una sugerente gastronomía.

La villa, otrora aldea de Gumiel del Mercado y perteneciente al señorío del duque de Lerma, tuvo en la primera centuria del siglo XVIII sus años de miel y vino y nunca mejor dicho porque el comercio vitivinícola trajo una enorme prosperidad y ello tuvo su traslación puertas adentro y afuera. La traza urbana está trufada de casas solariegas, blasonadas muchas de ellas. Entre ellas sobresale, por su conservación, el palacio de los Serrano, conocida popularmente como la Casa Grande. El edificio neoclásico, que hoy acoge una casa rural, fue mandado construir como residencia familiar por Juan Antonio Serrano, ilustre y acaudalado canónigo sotillano que fue además rector de la Universidad de Santiago. Su interior ha sido modificado, pero el edificio -que es BIC- conserva una espléndida fachada. También merece una visita la Casa Consistorial, construida con las sisas del vino y la carne un edificio de tres arcadas y en cuya fachada se exhibe el blasón de Carlos III, precisamente el rey que otorgó el título de villa a Sotillo. Otra construcción, cuya conservación no es precisamente loable, es la Casa de la Botica, que acogió una antigua farmacia y que, según cuentan, podría ser recuperada como establecimiento hostelero si algún día prospera un proyecto impulsado por un conocido bodeguero español.

Y puestos a callejear, obligado es acercarse al soto que dio nombre a la villa, hoy convertido en parque de recreo y donde sobresale la fuente que llaman del Duque de Lerma, que tiene empaque y mucha historia. Francisco de Sandoval y Rojas, valido de Felipe II, no quería que los cortesanos ni sus damas bebieran agua como los plebeyos, directamente del arroyo, y mandó construir en 1770 una imponente fuente de doble caño y pilón para los caballos, al que se accede por sendas rampas de subida y bajada para las monturas saciaran su sed sin que los nobles bajaran de las grupas en su excursiones y monterías.

Latidos de historia entre bodegas y piedrasLatidos de historia entre bodegas y piedras - Foto: Alberto Rodrigo

La iglesia de Santa Águeda es la joya del patrimonio religioso sotillano, que está conformado además por cinco ermitas dispersas por el casco urbano y el campo, siete si se incluye la de San Sebastián, vendida a un particular, y la de 'san Amancio', levantada el siglo pasado por Amancio Calvo, un escultor local que es autor de esculturas como la del Cristo que corona el cerro de San Jorge y del pétreo viacrucis parroquial.

El templo, levantado sobre uno medieval, es neoclásico y bien merece una visita. Ahora no es fácil más allá de los días de guardar y de culto o durante el verano porque este templo está acogido al programa de apertura de templos al turismo- ver la iglesia por dentro, pero Sotillo se ha sumado a Ribera Voluntariis, una iniciativa del grupo de acción local ADRI Ribera del Duero que contempla la puesta en marcha de un plan de voluntariado a dinamizar los pueblos de la comarca en el ámbito turístico y que permitirá visitas comentadas.

Desde el exterior, destaca su portada, fachada y torre barroca, la segunda se cayó hace medio siglo y su color negro se debe al uso de chapa- así como el elevado campanario, para que se oyeran bien los toques. En su interior, además de su retablo mayor y los de sus capillas -son varias y muy variadas- así como su magnífico órgano, cabe destacar una rica imaginería que atesora la iglesia parroquial, algunas de cuyas obras más singulares, salen en las procesiones de Semana Santa. Es el caso de la del Cristo del Miserere, una pieza singular y con 'sorpresa'. En su reciente restauración se descubrió una suerte de 'cápsula del tiempo' en cuyo interior se halló un curioso documento que es crónica social y vital del Sotillo de 1777. Su lectura es posible porque junto a la imagen se expone un facsímil de este escrito que se atribuye a algún capellán. Este año se ha visto truncada la Semana Santa, pero es una de las más atractivas de la comarca, por la calidad artística de sus pasos -Ecce Homo, Cristo de las Bolas…-, el fervor y algunas tradiciones singulares, como la de quemar los cestos de la vendimia durante la procesión.

Ruta del vino. Bajando a un plano más mundanal, o mejor, subiendo al cerro de San Jorge y con sus bendiciones -la ermita corona el monte- están las acogedoras e históricas bodegas, que dieron fama y riqueza a un pueblo. Hoy la vitivinicultura es el principal resorte de desarrollo, sumada también la agricultura y una industria agroalimentaria concentrada en una fábrica de morcillas, chacinas y quesos. La panadería y un par de tiendas así como varios establecimientos hosteleros siguen manteniendo la tradición comercial, de ocio y gastronómica.

El enoturismo, Sotillo está incluida en la Ruta del Vino Ribera del Duero y en la denominación de origen del mismo nombre abre también enormes posibilidades en una villa en la que desde siempre se ha sabido hacer buen vino. El cerro de San Jorge ha llegado a acoger en sus entrañas más de un centenar de cavas subterráneas, con sus correspondientes lagares y zarceras, esas singulares chimeneas por las que salían los gases de la fermentación del mosto, pero en la actualidad las que están en buen estado suman unas ochenta, cuya titularidad comparten las 35 peñas de la localidad y vecinos particulares.

Sin duda, la más singular y atractiva, por su historia y enormes dimensiones para acoger una visita guiada, con cata incluida, es la bodega de Valsotillo, una auténtica 'catedral' subterránea del vino y que data del siglo XV. Se trata de unos 1.200 metros cuadrados de galerías excavadas -la principal, en roca- donde duermen las barricas y las añadas más selectas que siguen elaborando, por métodos tradicionales, esta reputada familia de bodegueros sotillanos. Las condiciones naturales de estas laberínticas cavas permiten excelentes crianzas. En la visita se evidencian claramente la parte original de la bodega, excavada a mano, con unos 500 metros de longitud y el túnel nuevo realizado en 1992 con una tuneladora mecánica -200 metros más- que ha permitido conectar la bodega subterránea con la planta de elaboración.

Visitar el resto de bodegas no es fácil, pero sí se busca la ocasión perfecta y esa es la Feria del Vino, que se celebra en junio. Este año está en el aire, pero los vecinos confían en poder celebrar su tercera edición en tiempo, y si no, después. Las sendas y el entorno, que ha sido adecentado por voluntarios, cobran una animación. Las peñas y vecinos abren sus bodegas y se montan expositores en los que por módicos precios se puede degustar selectos caldos de las bodegas elaboradoras de vinos maridados con ricas tapas que aportan comercios de esta villa tan vitivinícola.

Fuera del cerro, en la carretera de Aranda, la bodega de Félix Callejo también contempla circuito guiado, con visita, sin prisas, al complejo y los viñedos que lo rodean e incluye también degustación del chorizo sotillano y queso. Es otro modelo de bodega, de construcción moderna y en superficie, pero no impide comprobar también la pasión y el esfuerzo que ponen en la elaboración de unos caldos prestigiados sus dueños.

Hay otras seis bodegas elaboradoras que tienen plantados sus reales y viñas también en estos pagos, con vinos asimismo de renombre. Se trata de Bodegas S. Arroyo, Rubiejo, Copaboca, Dominio del Soto- Chapoutier, Valdaya y Montevanos…, algunas de las cuales a veces admiten puntualmente visitas privadas de grupos.

*Este reportaje se publicó en el suplemento Maneras de Vivir el día 18 de abril de 2020.