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José Ramón Remacha

El mirador diplomático

José Ramón Remacha


Sin novedad en Gibraltar

14/01/2022

Se decía desde este Gobierno que el 2022 entraría glorioso en forma de prosperidad compartida con supresión de la Verja, libertad de tránsito, y otras maravillas especialmente gratas para Gibraltar. De todo eso no hay nada. Se ha cumplido el plazo previsto y todo sigue igual. No era una promesa, era una previsión. Previsión fallida.

Se resienten en Gibraltar donde Picardo, su Jefe de gobierno, en su discurso de Año Nuevo ha dicho hay que estar preparados para apretarse el cinturón, por si no hay Acuerdo o incluso si lo hay.

Esto del Acuerdo fue un regalo de fin de Año presentado alegremente como 'acuerdo marco' por la Sra. González Laya, ministra de Exteriores en aquella Nochevieja. Ha pasado un año y el tema de Gibraltar está en fase de misterio, de contradicción, de un quiero y no puedo, de preocupación para Gibraltar.

Para entenderlo basta tener en cuenta la coincidencia que se da entre España y el Reino Unido. Aunque por distintas razones, ninguno de ambos puede garantizar lo que quiere Gibraltar: una continuidad mejorada de su relación con la UE, muy mejorada. 

Para el Reino Unido resulta difícil porque lo que se pretende es una excepción al principio de yo me voy y Gibraltar conmigo, que es la base del Brexit. Teóricamente cabría una posibilidad si Gibraltar estuviera dispuesto a perder su esencia británica. Esta hipótesis está descartada por Johnson y por Picardo. Supondría aflojar el vínculo natural de Gibraltar con Inglaterra y dejar su base militar con puerto y aeropuerto pendiente de un hilo. 

A su vez para España es difícil. Tras una larga historia de concesiones, hoy no puede actuar sin contar con la UE. No está en condiciones de rebajar su grado de europeísmo, de respeto a las coordenadas comunitarias. Y lo que pide Gibraltar es una excepción a los principios de libertad de circulación de personas, de servicios y capitales. Sería posible con la aprobación de los 27 miembros de la UE. Y la posibilidad de cumplir esa condición es una hipótesis muy remota que no depende de España sino de la unanimidad.

En resumen, ni al Reino Unido le conviene, ni España lo puede conceder, ni a la UE le interesa.