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«Somos Quijotes castellanos»

R. PÉREZ BARREDO / Aranda
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ENTREVISTA | Javier Ajenjo, director de Sonorama Ribera

Javier Ajenjo, director de Sonorama Ribera. - Foto: Alberto Rodrigo

Es Javier Ajenjo un tipo acogedor y generoso, y su discurso destila inteligencia. Lo que ha conseguido con su equipo es algo increíble. Y van 25 años. Asegura  que ellos envejecen, pero no el festival no. «Vamos renovando el público. El 70 por ciento es menor de 30 años».

Sonorama va a celebrar su 25 aniversario. Y por fin una edición 'normal' después de dos años terribles. ¿Qué sensaciones tiene?
Lo más importante, más allá del festival, es retomar la normalidad. Nosotros nunca hubiéramos imaginado llegar a celebrar no ya el 25 aniversario, ni los cinco, ni los tres. No podemos olvidar que hubo muchos años en los que seguimos haciendo el festival por responsabilidad, por cumplir con la gente que había confiado en nosotros, por seguir con una línea de trabajo. Haber llegado con salud, nunca mejor dicho, a estos 25 años es un momento muy importante para nosotros. Va a ser un momento de celebración.Estamos trabajando muy duro, como todos los años, porque siempre intentamos mejorar. Y la gente está respondiendo de una manera increíble.

¿Cómo va la venta de abonos?
Normalmente ahora mismo estaríamos en torno a los 10.000 abonos de venta. Y estamos ya por encima de los 20.000. Es algo increíble. La gente quiere Sonorama Ribera. 

Decía que jamás habría imaginado cumplir los 25 años. Es que usted llegó a hablar, en las primeras ediciones, de milagro... De un milagro han pasado a que la suya sea una fecha marcada a rojo para los amantes de los festivales. Y para los grupos.
Sí. De los grupos lo dice todo que ese fin de semana no toquen más que en Sonorama Ribera. Cuando empiezas a hacer algo que no tiene relevancia nadie te presta atención; cuando empieza a tenerla, empiezas a ser un problema. Nunca hay un término medio ni un equilibrio. Hemos vivido en una permanente crisis, porque no hemos vivido las mieles del triunfo o del reconocimiento de una manera más institucional. A nivel humano, sí. Me sorprende muchísimo encontrarme chicas y chicos de veinte años que se emocionan cuando vienen a Sonorama y dicen que es su festival favorito y que les ha cambiado la vida. Cómo se integran, cómo participan... Es el mejor regalo. Luego hay otros regalos que tienen que ver con todo lo que supone un festival para una comarca como es Aranda y La Ribera. Ya hay hoteles llenos en Peñafiel y en localidades de un radio de 40 o 50 kilómetros. Y hay quienes se alojan en Burgos capital. Era algo impensable hace unos años. Esto tiene que ser un generador de recursos. 

El impacto económico es muy alto.
Sí, pero ya no es sólo los 9 o 10 millones tangibles, prácticamente 12 de impacto económico. Pero va más allá de todo eso. Un festival dura 365 días. Y hay que tener es esa conciencia.

¿Aún hay gente en la comarca que recela del festival, del lío que se prepara esos días?
Es normal. Todavía hay gente que recela. Pero hay que verlo con normalidad. Cuando uno tiene que ser más paciente no es con la gente que tiene uno a su lado, sino con la que no entiende que esto puede ser bueno. Cuando un festival crece siempre va a haber gente que se sienta molesta por los ruidos, porque cree que no le beneficia... Si se quiere encontrar el factor negativo... Lo que suele suceder en este país es que lo negativo se amplifica. Y eso tampoco es lo adecuado. Es como el éxito: en este país está penalizado; si triunfas estás bajo sospecha. Nosotros estamos viviendo el éxito en el sitio en el que hemos decidido vivir, con toda la responsabilidad y el riesgo del mundo y a veces todo el dolor, y con la satisfacciones y grandes momentos al lado de nuestras familias. 

Han sido dos años duros... ¿Corrió peligro el festival?
Ha sido complicadísimo. La gente muchas veces no es consciente de lo que supone un evento cultural de gran calado. Este año tenemos un presupuesto por encima de los 4 millones de euros. Vamos a pensar que en el mejor de los casos vendamos 25.000 bonos; a una media de 60 euros (podríamos venderlo a 150, pero ya estaríamos traicionando uno de los preceptos sobre los que nos hemos guiado, que es acercar la cultura, revolucionar nuestro pueblo de una manera asequible), sale 1,5 millones. Hay que remar muchisímo, entre otras cosas porque nosotros nunca hemos dependido de las ayudas institucionales. Es una de nuestras grandes armas: a día de hoy, estamos por debajo del 2 por ciento de ayudas institucionales cuando hay festivales que tienen un 70 o un 80 por ciento. Sobre el festival en pandemia, ha sido un ejercicio de malabarismo para tener 5.000 personas cumpliendo unos protocolos caníbales que no veíamos en otros sitios, absolutamente penalizados.Pero con ganas y la confianza de nuestros patrocinadores lo hemos conseguido superar.

¿Esa filosofía y el eclecticismo de Sonoroma son las claves principales del éxito?
Sin duda. Hemos conseguido hacer de las cosas que más nos gustan y amamos nuestra bandera. No hemos perdido la esencia. La nuestra ha sido una fórmula basada en el esfuerzo, en la pasión, en la implicación de cientos de personas. Que no se nos olvide que un evento cultural comoSonorama mueve más de 1.300 puestos de trabajo; es un generador de posibilidades. Y no se generan sólo durante los días del festival. Hay casos que duran tres meses, seis meses. Pero el marchamo de Sonorama Ribera lo hemos conseguido como nuestros vinos: siendo de calidad. Trabajar en Sonorama Ribera es como tener un sello de calidad, de garantía. Una marca. Y todos hemos ido aprendiendo continuamente. Nos ha hecho ser mejores, ha desarrollado nuestras creatividad, hemos creado nuestras propias empresas a raíz de una labor colaborativa. Se han creado empresas que están consolidadas y que están creando puestos de trabajo.

¿Sonorama puede ondear la bandera de la lucha contra la despoblación ahora que se cacarea ahora tanto lo de la España Vacía?
Somos Quijotes castellanos.Digamos que nosotros lo hemos tenido un poquito más difícil que los demás. Nos hemos podido rendir, pero nos ha motivado y hemos luchado por lo que creíamos. Nos sentimos identificados con los movimientos de la España Vacía, sí, pero es que esta Castilla lo ha estado siempre: nuestros abuelos, padres y hasta nosotros hemos tenido que emigrar. Queremos puntualizar que sí, que aquí hay oportunidades. No tenemos mar, pero ni falta que nos hace.Tenemos muchísimas cosas buenas.Nuestro pueblo ya está en el mapa mental de mucha gente.

Y a partir de una industria como la cultural...
Que es la más denostada en este país, no en otros. Es la menos valorada. Y a la gente se le olvida lo que supone dentro de un PIB. Con la cultura también se hacen aceras. Y es así.

Ha crecido el presupuesto, lo que cuesta un poco más es que crezca el espacio...
El problema no es crecer, sino cómo creces. Hay que escuchar a la gente. Y aprendemos mucho. ¿Crecer? La clave es tener ayuda para que puedas desarrollar el festival de la mejor manera posible: que nos den un soporte de limpieza, de infraestructura... Un 10 por ciento de nuestro presupuesto va a conciertos gratuitos que no tienen ningún retorno para nosotros, por eso necesitamos esa cobertura: infraestructuras, accesos, servicios, estructuras fijas... Como el recinto que la gente llama delSonorama, pero que tiene muchísimas posibilidades para otros eventos. Hay que aprovechar los recursos adecuadamente. Hay que subirse a los trenes que están en marcha. Las administraciones deben aprovechar eso, y no nos importa que sean las que se lleven el mérito, las que se cuelguen las medallas. Porque va a ser bueno para todos.

¿Qué concierto de esta edición no se perdería por nada del mundo?
Va a haber un concierto muy especial, que va a ser un repaso a los 25 años de Sonorama. 

¿La música en directo ha salvado a la música?
La música en directo es absolutamente necesaria y reconfortante. Es lo que nos salvará especialmente a los melómanos. No hay nada comparable a estar delante de un escenario.