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De ética y estética

DB
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El arquitecto Mario Botta imparte la conferencia de clausura del congreso internacional sobre el mundo de las catedrales. «El valor esencial de una obra viene dada por el contexto», afirma

El arquitecto suizo Mario Botta, un maestro de la arquitectura, del dibujo y del diseño, en la clausura. - Foto: Valdivielso

Arquitecto de museos, bibliotecas, escuelas, bancos o viviendas, el suizo Mario Botta está también detrás de la construcción de importantes edificios de culto, que van de la famosa iglesia cilíndrica de San Juan Baustista en Mogno a la Concatedral del Santo Rostro en Turín, pasando por la Catedral de Evry, cerca de París. En sus más de 50 años de carrera, este maestro del dibujo y del diseño ha firmado una veintena de edificios religiosos que se diseminan por toda Europa, pero también una sinagoga en Israel y una iglesia católica en Seúl. De su obra, que indaga en la dimensión espiritual de los espacios, habló este jueves en la conferencia de clausura del congreso internacional 'El mundo de las catedrales'.

Botta repasó su trayectoria y reflexionó sobre su profesión. «En la llamada sociedad del consumo o del malgastar, que nos condiciona en nuestras decisiones, el arquitecto debe tomar decisiones éticas, no estéticas», dijo, tras reivindicar un necesario trabajo «antropológico antes que arquitectónico». Al rememorar su primera iglesia, edificada en 1986, se preguntó cómo enfocar la construcción de una iglesia contemporánea, después de Picasso, de las vanguardias del siglo XX y de la cultura figurativa.

En el recorrido por su obra mostró soluciones como cubiertas de vidrio que permiten apreciar el ciclo solar a lo largo del año, dos ábsides, la reproducción de un templo a escala 1:1 de carácter temporal en medio de un lago de Lugano, templos con siete torres y planta heptagonal o con forma de dodecaedro regular que da la sensación de «estar dentro de un diamante». Asimismo, reivindicó su intervención en la catedral francesa de Evry en la que resaltó arquitectónicamente la cátedra en la que se sienta el obispo, de modo que esta asume un significado como lo pueden tener otros elementos destacados de una catedral.

Por su parte, el musicólogo Ignacio Fernández de la Cuesta afirmó que «los arquitectos no suelen pensar demasiado en el sonido», y advirtió de que «la mala acústica no se corrige con paneles colocados a posteriori». En contraposición, defendió que «las catedrales, los monasterios y las iglesias son, en principio y por esencia, lugares sonoros, de canto, de gloria y de alabanza a Dios», a pesar de que estos templos estén hoy «mudos».

El congreso finalizó a mediodía, tras cuatro jornadas que congregaron a unos 350 expertos. Un evento que ha convertido a Burgos en «el gran centro europeo y mundial de reflexión sobre las catedrales», según destacó el copresidente del comité científico, René Payo, quien adelantó que próximamente se publicarán las actas con las 130 comunicaciones recibidas, lo que será una de las herencias que va a dejar la Fundación VIII Centenario.

En el acto de clausura, el arzobispo, Mario Iceta, subrayó que este congreso ha sido «un homenaje a los que durante los siglos han plasmado la belleza del misterio de Dios». Un congreso «vivo, acogedor y muy intenso", en palabras de otro de los copresidentes de este encuentro, José Luis Barriocanal, que reclamó que las catedrales sean «cunas de fraternidad, piedad y cultura».