Se reducen a 15 los productores que venden cerezas a Helios

S.F.L.
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80 fruticultores de Caderechas entregaron su producto en 2018 en la cooperativa oniense encargada de las tareas de gestión. Reciben 0,68 euros por kilo, un importe «que no compensa» los costes, aseguran

Los productores de la zona acuden durante cinco días a la semana, en horario de 20 a 22, a las instalaciones de Oña a entregar los cajones de cerezas. - Foto: S.F.L.

El número de productores del Valle de Caderechas que venden cerezas al grupo conservero Helios se ha reducido drásticamente en tan solo dos años, descendiendo de los 80 que entregaron su producto en 2018 en los almacenes de la cooperativa de Oña, encargada de la gestión e intermediación, a 15 en la actual campaña. La empresa paga 68 céntimos de euro por kilo recolectado, una cantidad que según los fruticultores de la zona «no compensa el tiempo invertido» en sacar adelante el trabajo y los costes. Además, aseguran que llevan «más de cinco años sin subir el precio» pese que en las últimas campañas la cantidad de producción ha sido muy baja.
A lo largo de esta campaña, los productores prevén una recogida en común de unos 25.000 kilos de la denominada ‘fresona’, una especie de cereza blanca autóctona del Valle con la que Helios elabora mermeladas y confituras. El fruto rojo se transporta en camiones desde la villa condal hasta Valladolid, donde se somete a un proceso de confitado y envasado que dura casi una semana. El destino final de las cerezas es adornar y dar sabor a postres, pastas y mermeladas.
Sin embargo, «la piedra y las lluvias de abril dañaron a una producción que venía muy buena», manifiesta Pilar Torguet, una vecina de Huéspeda que además pertenece a la Asociación de Productores y Comerciantes Las Caderechas, por lo que la cooperativa, que está operativa martes, jueves, viernes, sábado y domingo permanecerá solo abierta de 15 a 20 días. Así, los productores se acercan a las instalaciones para coger cajones vacíos de veinte kilos de capacidad para a continuación trasladarse a sus fincas, comenzar con la recolección y llenar las cajas. A última hora del día, en horario de 20 a 22 horas, regresan al almacén para descargar y pesar la fruta del día con la ayuda de tres jóvenes que la cooperativa contrata.
Ana y María José Peña son dos hermanas de Bentretea que continúan con la tradición familiar. Su abuelo y su padre se dedicaron en cuerpo y alma a la fruta y, pese a que las ganancias de los últimos años han sido inexistentes, reconocen que «la fábrica es una buena alternativa porque no mira el tamaño de la fruta como sí ocurre si las llevas al mercado». Esta pareja ha optado por salirse este año de la agrupación de fruticultores del Valle porque «nos exigen muchos requisitos y no nos compensa», aclaran. «La fábrica ayuda a mantener vivas las pequeñas explotaciones del valle», expresa Carlos Peña, un productor de Cantabrana que algún día se acerca hasta la cooperativa para hacer entrega de cajones. Una costumbre que realiza desde hace unos cuantos años atrás.
Todos ellos disponen de la ayuda de tres mozos que acuden durante cinco días semanales a realizar varias labores y confiesan que pasan ratos agradables aunque generalmente el trabajo se les acumula a última hora. Igor, que se estrena como operario, afirma que en la mayoría de jornadas «en la primera hora están más tranquilos y en el último momento es cuando coinciden varios productores». Hugo y David repiten como jornaleros. «Mandamos a los fruticultores que aparquen los vehículos cerca del peso, descargamos los cajones y una vez apuntados los valores depositamos las cerezas en las cubas», explican. La cooperativa también saca un pequeño beneficio de la actividad y se queda con un céntimo por kilo entregado. Este año con suerte, quizás llegue a dos.