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Héctor Jiménez

Plaza Mayor

Héctor Jiménez


El último muerto

12/07/2022

Me fijé la otra noche, cuando en medio de una marea humana volvíamos de ver los fuegos artificiales en esa nueva ubicación de los disparos que todavía no sé si me gusta. Desde la margen izquierda del Arlanzón levanté la vista y me topé con la silueta del Teatro Principal. Qué edificio tan bonito. Qué grande. Qué elegante.

De lejos lo es todavía más. A distancia se aprecia mejor su buen gusto y se difuminan esos pequeños achaques que ya tiene, producto de la edad, pues estos días celebra el 25 aniversario de su restauración con visitas guiadas. Y pensé: ¿cómo pudo estar en ruinas durante décadas? ¿Cómo la ciudad se lo pudo permitir?

Esas cosas pasan, en casi todas las ciudades. Pregúnteles por ejemplo a los de Cádiz, que llevan años dando vueltas al palacio de Valcárcel, antiguo hospicio y prisión asomada a la playa de la Caleta, un mastodonte del tamaño de un campo de fútbol al que no saben qué finalidad otorgar y por el que se pelean Ayuntamiento, Universidad y Junta de Andalucía. ¿Les suena?

Aquí tenemos un ejemplo muy parecido, el del Hospital de la Concepción. Es el último muerto de la capital burgalesa, o al menos el de mayor tamaño y entidad arquitectónica. Miles de metros cuadrados que, cuando se abran al uso público, sorprenderán a más de uno y cuya lentitud exasperante se ha quedado sin excusas desde hace muchísimas lunas. 

El mes pasado contamos en estas páginas que por fin se ha iniciado la redacción del proyecto, así que esperen sentados que a las obras les quedan todavía unos años por delante. Y supimos también que, oh sorpresa, el coste previsto para su rehabilitación se ha elevado hasta los 17,5 millones de euros.

Merecerán la pena, espero, para poder sacar del olvido un monumento declarado Bien de Interés Cultural que no se ha caído a pedazos de milagro. Preside la entrada sur a la capital burgalesa, en su día la más importante y hoy la más fea y olvidada, y necesita que de una vez por todas el empuje para resucitarlo no se frene. Solo así saldrá del recuento de asuntos pendientes y pasará, junto al Principal o al Solar de la Evolución (¿recuerdan que durante años fue un descampado?) a la lista de cambios por los que el centro histórico de Burgos puede presumir.