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Memoria viva

B.D.
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Burgos homenajea a sus 111 vecinos centenarios en un acto en el Teatro Principal al que asistieron 25 de ellos con sus familias. Juana Pérez, de 104 años y con una «salud de hierro», la más longeva

Juana Pérez (con una chaqueta azul) aplaude antes de recibir el regalo preparado por el Ayuntamiento. - Foto: Valdivielso

Eufemia, Edelvina o Faustina son nombres de otro tiempo. En concreto, de hace un siglo. Son los nombres de algunos vecinos de la ciudad que ya han cumplido 100 o más años y que este martes fueron homenajeados por el Ayuntamiento en un sencillo acto que no se celebraba desde antes de la pandemia. Los 25 ancianos -22 mujeres y tres hombres- presentes en el Salón Rojo en representación de los 111 centenarios empadronados en la ciudad fueron recibidos por el alcalde, Daniel de la Rosa, y por la concejala de Mayores, Lola Ovejero, quienes estuvieron acompañados de representantes de los grupos políticos municipales.

Para esta veintena de ancianos el de ayer era un día muy especial y así se palpaba en el ambiente. Ataviados con sus mejores galas -ellas de peluquería y ellos de traje y corbata-, acudieron al Principal junto a hijos y nietos, quienes no ocultaban sus miradas de orgullo y cariño. Como las que transmitían las nietas de Juana Pérez Sastre, la más longeva de los presentes y que a sus 104 años exhibe «una salud de hierro». ¿El secreto? Subir y bajar todos los días que hace buen tiempo desde un cuarto piso, sin ascensor, en el edificio de la Barriada Inmaculada en el que vive.

Palentina de nacimiento (vino al mundo el 12 de julio de 1917 en Melgar de Yuso), se trasladó a Burgos de adolescente junto a sus padres. Aquí trabajó como sirvienta hasta que se casó, una etapa que suele recordar a sus 16 nietos, 21 biznietos y tres tataranietos como «difícil y dura». Madre de ocho hijos, Juana enviudó joven -tenía 54 años- lo que la obligó a tirar de los suyos. «Es muy buena; aunque tiene su punto de genio no da nada guerra», afirma Susana, una de sus nietas. Salvo la vista y el oído, «que la fallan un poco», esta centenaria muestra una lucidez envidiable. Así se lo demostró al alcalde, cuando le agradeció el homenaje organizado tras recibir el obsequio preparado por el Ayuntamiento (una manta individual ecológica y un marco de fotos).

También tuvo palabras de agradecimiento Esteban Pérez Porras, que llegó a Burgos en 1966 desde Villadiego. La suya es la historia de toda una generación que abandonó el mundo rural para buscar un futuro laboral en la ciudad. El mismo camino que siguió Julia Rodríguez, que aunque nació en Celada de la Torre dejó el campo al cumplir los 26 años y se trasladó a Burgos. «Estoy muy contenta de estar aquí», declaró ante los medios, tras admitir que los casi dos años de pandemia están siendo duros.

Daniel de la Rosa destacó que el trabajo y la vida de estas personas ha contribuido al progreso de nuestra ciudad. «Sois el mayor tesoro que tenemos y el mejor testigo de todo un siglo», dijo. El primer edil agradeció a los asistentes que compartieran sus vivencias porque han mantenido la ilusión y la pasión por la vida pese a haber sido testigos de momentos difíciles, como una guerra y una posguerra.

En un paseíllo entre las sillas de ruedas y las cachabas, y ayudados por las familias de los centenarios que en ocasiones repetían los mensajes para quienes tenían el oído más perjudicado, los políticos vivieron escenas emotivas.