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El Museo Etnográfico de Montejo crea un lagar dedicado al vino

A.C.
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El edificio en construcción sobre el suelo donde existió un lagar doblará el espacio expositivo de este museo privado y exhibirá 4 prensas de uva, una que construirán con una viga de 12 metros y 5 toneladas

Julio Alberto García ante las obras del nuevo lagar del museo y trabajando la viga gigante de 12 metros con la que reconstruirá una prensa. - Foto: A.C.

Julio Alberto García Martínez sufre una enfermedad, la de ser un Quijote, y «lo peor es que no tiene cura». Su mal se acrecienta con los años, pues desde que abrió el Museo Etnográfico de Montejo de San Miguel en el verano de 2003, su locura por conservar la historia reciente de su pueblo y lugar en el mundo no ha hecho más que ir sumando nuevos proyectos y piezas. Pero también miles de personas, que con su agradecimiento y el valor que dan a lo que aprenden compensan todo el esfuerzo de la familia García Martínez. Si la locura va sobre lo previsto, en julio el museo sumara un nuevo edificio, que se levanta en el solar que acogió uno de los tres lagares de Montejo y que volverá a dedicarse al vino.

El museo nació de la Asociación Cultural Trébede, formada por los tres hermanos Julio Alberto, Mari Paz y Jesús y el apoyo incondicional de su madre, Luisi. El lagar corre solo por cuenta de Julio Alberto, pero sus hermanos están a su lado apoyándole en todo lo que necesita. Porque si de algo se siente orgulloso este maestro jubilado, que es un pozo de sabiduría etnográfica, es de un ejército de personas dispuestas siempre a echarle una mano. En el nuevo departamento vinícola del museo se instalarán cuatro prensas. Entre todas ellas brillará la prensa de viga, que se va a reconstruir con una viga de madera de nada menos que 12 metros de longitud». Va a ser algo más que espectacular. Esto no se le ocurre a nadie», dice sonriendo. 

Hace más de 50 años, Julio padre plantó un chopo que ahora permite a su hijo materializar este proyecto. «Todo tiene sentido», recalca Julio Alberto. El día de Navidad por la mañana logró reunir a 21 amigos para la tala del gigantesco chopo, al que hubo que retirar ramajes y corteza durante semanas para reducir el peso y permitir el transporte de sus cinco toneladas en el camión de otro loco de la causa. Junto al museo etnográfico está la piedra de dos toneladas, un metro de diámetro y otro de altura, que fue el contrapeso de la prensa de viga que en su día estuvo en el lagar. Julio Alberto la localizó bajo tierra al desescombrar el solar. Por su ubicación y peso ha calculado el tamaño de la prensa.

García mostrando la prensa de dos husillos que irá al lagar. García mostrando la prensa de dos husillos que irá al lagar. - Foto: A.C.

La acompañarán una de un husillo que va reconstruir con algunas piezas, otra de dos husillos completa que se muestra en su museo al aire libre y adquirió en Promediano (Valle de Tobalina) y una de jaula, de 1872 y fabricada en Zaragoza. Como ella tuvo una su abuelo, pero la vendió en la localidad riojana de Tirgo cuando la plaga de la filoxera arrasó con todos los cultivos de viñedo de Tobalina y Merindades. De aquel pasado vitivinícola dan fe los tres lagares y veinte bodegas que convivían en Montejo de San Miguel.

En este edificio con nueva techumbre de madera a base de cerchas que permiten sujetar la cubierta sin necesidad de pilares, la planta baja será exposición, pero la primera acogerá una sala diáfana de 140 metros dedicada a la «agitación social». En ella, Julio Alberto García proyecta charlas, talleres educativos o proyecciones. El museo privado y sin ayuda pública alguna crece cada año en visitantes y solo en marzo llegaron seis autobuses de Madrid para conocerlo. Hay etnógrafos que lo califican como el mejor de España. Se puede visitar siempre que se desee con cita previa en el 666 61 35 33, y sin cita, hoy y mañana lunes, inclusive, los primeros fines de semana de mes y del 15 de julio al 15 de agosto. Entrar cuesta 2,5 euros.