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Los 30 del espíritu Parteluz

ALMUDENA SANZ
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Evitar que los chavales se descarriaran y brindarles la oportunidad de mantener el contacto tras dejar el colegio propició el nacimiento de este grupo «con una clara finalidad educativa», por el que han pasado 400 chavales

Serafín Tapia, Teresa Ausín, Himar Gallén, Raquel Catalina y Miriam Asenjo (de i. a d.), en el equipo de educadores. - Foto: Luis López Araico

Han pasado treinta años, pero Serafín Tapia mantiene intacto el pulso y la ilusión con la que, casi como quien no quiere la cosa, se empeñó en que sus alumnos no se descarriaran en su paso del colegio al instituto. Oportunidades para perderse en aquellos años 90 no faltaban. Los chavales aceptaron, les apetecía mantener el contacto con sus compañeros de la EGB y seguir con algunas actividades que ya se habían iniciado como las salidas a la naturaleza o las exitosas subastas benéficas. Y en los albores de aquel curso 92-93 se produjeron los primeros encuentros. Todavía no tenían nombre ni habían identificado lo suyo como una asociación. La primera quedada, su gran prueba de fuego, llegó en verano con la peregrinación a Santiago. Lo completaron, se divirtieron y el rayo de sol que tocó el parteluz del pórtico de la Gloria en el momento justo de cruzar la entrada los iluminó. 

«Cuando regresamos y revelamos las diapositivas vimos ese haz de luz. Ahí estaba nuestro nombre. La gente vino tan encantada, todos querían continuar, y necesitábamos algún tipo de estructura. No teníamos nombre, ni CIF, ni cuenta para los gastos...», comparte Tapia, al que se le agolpan los recuerdos, como la Nissan Vanette que utilizaron en aquella ocasión, su primera furgoneta. Violeta I y II llegarían mucho más tarde. 

Inconfundible en las fotos de aquella travesía por su pelo rojo aparece Himar Gallén, que tras una época ausente se ha incorporado al equipo de educadores. «Entonces, a nosotros lo que más nos interesaba era divertirnos y mantener lo que habíamos vivido con nuestros amigos de la EGB», apunta e ilustra: «Parteluz nos amplió nuestros horizontes más allá de cuatro calles y cuatro amigos, el grupo nos abrió el mundo a unas posibilidades que por nosotros mismos no habríamos tenido». 

Serafín Tapia, Teresa Ausín, Himar Gallén, Raquel Catalina y Miriam Asenjo (de i. a d.), en el equipo de educadores. Serafín Tapia, Teresa Ausín, Himar Gallén, Raquel Catalina y Miriam Asenjo (de i. a d.), en el equipo de educadores. - Foto: Luis López Araico

Tanto el veterano como las educadoras Miriam Asenjo, Teresa Ausín y Raquel Catalina hablan de un ambiente parteluceño, del vínculo que genera preparar la comida y compartirla todos juntos, sin distinciones entre chavales y educadores, de la libertad para entrar y salir de la asociación sin que nadie te juzgue, del buen rollo... «Es muy especial. Hemos formado una familia 2.0», remacha Gallén. 

Ese espíritu mantenido durante tres décadas quieren que se palpe en la comida que unirá a antiguos y actuales miembros con toda su parentela en la comida de aniversario de este sábado, donde ya han confirmado su asistencia alrededor de 170 personas. 

Unas 400 calculan que han escrito parte de la historia de Parteluz, una línea o un capítulo, no importa la cantidad. Las cifras son ajenas al mensaje de esta asociación juvenil que nació con una clara finalidad educativa

«El objetivo es formar a los jóvenes a través del ocio, que ellos mismos vayan conociendo la belleza de la vida y a ellos mismos. La adolescencia es una etapa de cambios, de no saber hacia dónde vas... Parteluz los acompaña en este momento, pero ellos deben ser la pieza fundamental en este descubrimiento y lo hacen a través de experiencias bonitas, que lo son porque llegan al corazón», se explaya Asenjo, que, curiosamente, nunca fue soldado raso. 

Sus palabras suenan a momento happy flower, pero, a juzgar por la verdad y seguridad con la que hablan, no parece factible que se trate de una técnica de márketing. Nada más lejos de su realidad. Apuestan el todo por la naturaleza, con caminatas de kilómetros y kilómetros que ni los chavales ni sus padres creen posible completar, y lo que llaman formaciones, que son momentos de reflexión y reunión.

«Son propuestas que chirrían porque ahora se plantean más sofisticadas, como hacer esnórquel, rafting... Nosotros en nuestros campamentos hablamos de andar seis horas por la mañana, comer en el suelo y participar en la formación. Les sorprende mucho», agrega con el asentimiento de sus colegas.

Pero esa propuesta que en su primer golpe abre ojos y bocas, en el siguiente se acepta como un reto. Actualmente, la asociación cuenta con unos 30 chavales de entre 1º de la ESO y 2º de Bachillerato. Los más mayores se reúnen todos los viernes en la sede de la calle Burgense para comer juntos y participar en esas formaciones. Aunque el gran atractivo radica en las convivencias, salidas a la naturaleza de fin de semana más o menos largo, y el campamento de verano, en torno a quince días en el campo. Todos la aprecian como la actividad estrella. 

«Estar en Parteluz es algo tan especial, que no encuentras en otro sitio, que vale la pena y te quedas», convienen. 

Su inicio en el Colegio del Círculo presupone un espíritu cristiano que, efectivamente, sí tiene Parteluz. Cristiano, que no beato. «Para nada somos un grupo religioso. Aquí hay un ambiente donde cada uno toma lo que necesita», aclara Tapia. «Los valores de fondo son cristianos, porque estos son compartidos por mucha gente, pero no se educa en la religión», añade Ausín. «No nos vamos a poner a rezar», puntualiza el profesor, aunque sí celebran misas, de asistencia voluntaria. 

«Nosotros nos definimos como una familia que forma personas para el bien», concluye Tapia a modo de coda de una historia a la que aún le queda mucho por contar. 

ARCHIVADO EN: Naturaleza, Bachillerato