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«Ucrania es una guerra entre dos formas de entender Europa»

B.D.
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ENTREVISTA | El premio Pulitzer Manu Brabo cierra en el MEH el ciclo 'El mundo, en conflicto', con una conferencia titulada 'Fotoperiodismo de conflicto en la era del negacionismo'. Nacido en Zaragoza en 1981, trabaja para The Wall Street Journal

Manu Brabo, fotoperiodista. - Foto: Jesús J. Matías

Lleva casi dos semanas de 'desconexión' tras tres largos meses en Ucrania. De su cámara han salido algunas de las fotografías más impactantes de esta guerra. Pero también de conflictos, revoluciones y catástrofes humanitarias en Kosovo, Bolivia, Siria, El Salvador o Libia. En este último país fue encarcelado en 2011, cautiverio del que dice que volvió a nacer y que le hizo ser mejor fotógrafo. Mañana, a las 20.15 horas, impartirá una charla en el Museo de la Evolución. 

Decía Fran Sevilla, reportero de Radio Nacional y recién regresado de Ucrania, que todas las guerras son iguales y distintas a la vez. La verdad y los civiles son siempre las primeras víctimas. ¿Usted también ha confirmado esta sensación? ¿Tiene algo distinto este conflicto visto tras el objetivo de su cámara?
La guerra en Ucrania no es nueva; la fase sí que es nueva. Yo llevo cubriendo este conflicto desde 2014 y en este tiempo ha cambiado. 

¿Percibió en aquel momento que era la antesala de lo que se ha encontrado ahora?
No. Pese a llevar ocho años cubriendo el conflicto, pensaba que esto era un órdago. Nunca creí que derivara en lo que estamos viviendo. Yo estaba allí cuando empezó la guerra -llevaba una semana- pero no la esperaba; me sorprendió como al que más. Hasta los propios ucranianos no esperaban que Putin se atreviera a invadir el país.

Nadie quiere presagiar cuánto va a durar esta guerra. ¿También tiene la sensación de que va para largo?
Sí. Es una guerra que se está librando en Ucrania pero en realidad es una guerra entre dos maneras de entender Europa: como la entendemos nosotros y como la entiende Putin. Casi todos los miembros de la UE, salvo Hungría, lo están entendiendo de esa manera y mientras haya apoyo a Ucrania durará la guerra.

¿Cómo ha visto a la población civil?
Hay gente que está desesperada porque lo ha perdido todo y otros que tienen un sentimiento más belicoso. Lo que veo es que hay una sensación como que todo aquello que esperaba Putin de que la moral de los ucranianos colapsara enseguida y que fueran los propios civiles quienes le recibieran con flores, está pasando todo lo contrario. Los ucranianos tienen muy claro que hay que luchar si no quieres que vengan a joderte. Están fastidiados porque no es plato de gusto que tu vida se vaya a la porra pero saben que para recuperar esa vida solo les queda luchar. La moral está bastante alta. De hecho, ahora hay más número de civiles volviendo a Ucrania que saliendo. 

En Libia en 2011 fue detenido y encarcelado en un incidente en el que murió un compañero sudafricano. ¿Vivir situaciones así, hacen cuestionarse los riesgos de esta profesión y si sigue mereciendo la pena?
Este trabajo tiene estas cosas. Las reglas del juego son esas. Que son una mierda, está claro, y se pueden minimizar riesgos, sí. Pero esto es inherente a la profesión. 

En aquella ocasión, fue liberado gracias a la presión de la opinión pública, más que a la oficial. La familia de José Couso lleva más de 20 años peleando por recibir justicia. ¿Los reporteros de guerra, y más los freelance, son siempre la parte más débil de la cadena periodística?
La parte más débil es el que ofrece la vida por llevar la información. Si a esto le sumamos las condiciones de trabajo que tenemos, sobre todo si estás haciéndolo para medios españoles, obviamente es una vergüenza. Todo lo que implica para un autónomo normal súmale que te estás jugando la vida, adelantando los gastos, poniendo el equipo, que te mandan sin un curso de primeros auxilios, que nadie asume la responsabilidad cuando te secuestran... En estas condiciones, duras en el trabajo lo que te dura la pasión. La situación ideal no existe pero también es responsabilidad del tío que acepta 25 euros por una crónica desde el frente. Igual habría que dejar de aceptarlo. 

En una situación así las salvajadas que vemos son impresionantes. Pero es que una guerra no es inocua»

Al menos, ¿llegar donde otros no llegan, aunque sea a costa de jugársela, compensa?
Depende. Cuando empiezas te compensa; hay una parte de pasión que juega en nuestra contra porque muchas veces por el hecho de estar ahí, estar haciendo lo que quieres hacer porque es tu sueño, aceptas condiciones laborales malas. Yo tengo la suerte de estar currando para el The Wall Street Journal, donde las condiciones, desde el sueldo, los gastos o la seguridad, son diferentes. Pero hay muchos compañeros que se han buscado otra profesión. 

Reporteros sin Fronteras, Amnistía Internacional y otros foros denuncian año tras año el aumento de la violencia contra los periodistas. ¿Siguen faltando normas globales que protejan a los profesionales más allá de la frontera en la que trabajan? 
Es un tema complicado. Todos sabemos cuáles son las condiciones de los medios de comunicación pero lo que no es normal es que nadie haga nada para cambiarlo. El periodismo se hace porque hay gente que quiere seguir haciéndolo pero no por lo que pagan ni por las condiciones en las que se trabaja.

Ha cubierto conflictos en todo el mundo, ¿de cuál de sus trabajos se siente especialmente orgulloso? 
De llevar 13 años con trabajo, que no es poco. Y me siento orgulloso de todos y cada uno de ellos porque han servido para informar. Personalmente me han servido para estar en una posición privilegiada.

De las miles de fotografías que ha hecho, ¿cuántas se han quedado en un cajón porque ha pensado que no podía publicarlas? 
En cada cobertura me pasa 33 veces o más. Los primeros censores somos nosotros: sabemos lo que va a dar de paso o no un editor, lo que la gente puede o no puede digerir... En una situación así las salvajadas que vemos son impresionantes. Pero también digo que lo que no podemos hacer es que la guerra sea inocua, que no duela o que no moleste.

Una foto, por dura que sea, no puede cambiar la realidad de los conflictos. ¿Y al autor, a usted, siente que hay que desarrollar una coraza emocional para continuar? 
Si dejas de sentir no puedes expresar lo que sucede. Es aprender a caminar con una mochila y a cada viaje que vas, la mochila pesa más. Lo que tienes que aprender es a llevar ese peso. Además, yo lleno mi vida de otras emociones. Hay que compensar; no va a ser todo tragedias. ¿Qué es lo que echas de menos cuando estás ahí? A la gente que te quiere, pasarlo bien, disfrutar de los tuyos. Vivo un poco como en una especie de bipolaridad. Cuando vuelvo trato de cortar con eso y llenarme la vida de experiencias que valgan la pena. Si tu no tienes esa referencia de lo que es el mundo ideal, cómo vas a contar lo que no es ideal.

¿Esa transición le resulta fácil psicológicamente? 
No, no, no... Lleva muchos años.

En las condiciones en las que trabajamos, duras en esto lo que te dura la pasión»

Ha recibido premios de gran prestigio internacional y sus fotos han sido portadas de The New York Times y otros grandes medios ¿cuánto pesan a la hora de preguntarse si merecen la pena los riesgos o cuando tiene dudas para continuar? 
El riesgo merece la pena siempre que no te pase nada. El trabajo es así y conseguir un buen trabajo en circunstancias complejas es un reto y cuando lo logras, sabe bien.