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El móvil se mira, pero no se toca

B.G.R.
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Un grupo de alumnos de FP Básica del Padre Aramburu diseñan y fabrican un soporte para dejar los teléfonos mientras están en clase. Han aprendido de su especialidad en las horas de taller y están más concentrados en el aula

Los autores del proyecto, en compañía de sus profesores, muestran el dispositivo creado y que utilizan para dejar sus teléfonos en cuanto acceden a clase. - Foto: Luis López Araico

No hay centro educativo que escape a la problemática sobre el uso de los teléfonos móviles por parte de la llamada generación de nativos digitales. ¿Qué solución aportar para que la prohibición no consiga el efecto contrario al deseado? El colegio Salesianos Padre Aramburu ha decidido involucrar a los alumnos para encontrar el remedio adecuado, instándoles a participar en un proyecto que se va extendiendo por el resto de clases. En concreto, ha sido el grupo de primero del ciclo de Fabricación y Montaje de FP Básica el que, bajo la dirección del profesor Luis Miguel Ramos, ha ideado y fabricado un soporte en el que depositar los dispositivos al entrar el aula.

«El objetivo era diseñar una solución que agradara a todos», señala el docente, quien considera como elemento clave del éxito de la iniciativa el hecho de que los estudiantes no pierden de vista su teléfono en ningún momento. La idea surgió el curso pasado, cuando por la pandemia debían dejarse los dispositivos en una caja para  desinfectarlos. A partir de ahí, Ramos comenzó a barajar la posibilidad de extender esta práctica durante el presente ejercicio lectivo. «Teníamos que hacer algo», señala, añadiendo que a partir de ese momento planteó el trabajo con la doble intención de enviar un mensaje de concienciación a los jóvenes y convertirlo además en ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), metodología de enseñanza extendida en la Formación Profesional.

Partiendo de los conceptos de sencillez y practicidad, profesor y alumnos fueron diseñando primero los prototipos en papel hasta que dieron con el boceto correcto, cuyos planos debían interpretar para después hacerlo realidad. Eligieron como materiales el acero y el aluminio, y comenzaron las pruebas prácticas en las que debían tener en cuenta que el dispositivo no dañara las pantallas y tuviera el suficiente peso para aguantar los teléfonos. Dividieron el soporte en tantas casillas como número de estudiantes colocando encima una placa con los nombres de cada uno. 

Las horas en el taller se pasaban volando y las de teoría, también. Porque Ramos reconoce que «no podía ni imaginar» la respuesta que iban a tener sus alumnos. «Se han olvidado del móvil en clase. Es increíble», afirma con orgullo después de que los protagonistas del proyecto le hayan agradecido la iniciativa. El primer 'reposamóviles' dará paso a otros tres con destino al resto de módulos de FP Básica (Automoción, Informática y Mecanizado), aunque en cada caso se trabajará la idea con la intención de cada uno deje su identidad en el diseño. Además, el centro ha extendido este método a todas las aulas, con independencia de su nivel, usando soportes más sencillos.

Nada más entrar en clase y prácticamente ya sin tener que recordarlo, los estudiantes dejan sus teléfonos en cada casillero, teniendo que estar apagados o en silencio. Ellos mismos admiten que al principio «fue un poco raro» y destacan la importancia de tener el teléfono a la vista porque «si no es como si te faltara algo». Con lo que más han disfrutado es con la fabricación y el montaje, aunque su aprendizaje ha ido mucho más allá del currículo de sus estudios. «Te centras y estás más atento en clase», manifiestan, sentenciando a continuación que al final uno se da cuenta de que «adaptas tu vida al teléfono móvil».