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Esther Alonso

Ser o Tener

Esther Alonso


Monopoly rural

15/12/2021

Cualquier aficionado al Monopoly, sea de la versión original o de alguna de las decenas de ediciones posteriores que han ido naciendo con el paso del tiempo, sabe que la banca siempre gana.

Lo sabía su creador, al parecer un ingeniero norteamericano que perdió su empleo durante el Crack del 29 y que, tras patentar su juego de mesa, se convirtió en un hombre millonario. Y lo saben los miles de habitantes de la Castilla y León vaciada que hace unos días se despertaban con la noticia de que el cierre de oficinas previsto en un nuevo plan estratégico de una entidad financiera, en este caso Unicaja Banco, afectará especialmente a las zonas rurales.

La Responsabilidad Social Corporativa de la banca se confirma, una vez más, tan poco fiable como lo es transportar el agua en una cesta, y ni siquiera una publicidad millonaria y tan bien estudiada como la suya consigue convencer a nadie. Cada vez es más evidente que en su escala de valores solo hay una cosa que le importa menos que las personas: las personas mayores, que son quienes pueblan mayoritariamente el mundo rural.

Desde que explotara la burbuja financiera en 2008 y la digitalización del sector se combinara con los salvavidas públicos que han alentado fusiones y cierres, se han clausurado en España cerca de 23.000 oficinas bancarias, algo más del 51%. Esto significa que, de los 8.131 municipios del país, 4.443 no tienen sucursal alguna. Y que en buena parte de ellos una firma opere prácticamente en régimen de monopolio.

Cuenta la leyenda que el Monopoly original nació con dos reglamentos para el juego: uno anti monopolizador y otro monopolizador, para que los jugadores eligieran. En el primero, cuando un jugador adquiría una propiedad, todos los demás ganaban algo y el juego terminaba cuando quien comenzaba con menos fondos, lograba duplicarlos. El segundo reglamento regía el juego monopolizador: marcaba como prioridad lograr el máximo de propiedades posibles y dejar sin dinero al resto de jugadores, de tal manera que cuando otro jugador pasaba por las casillas propiedad de otros, debía pagar una tasa o multa.

Todos sabemos cuál de las dos versiones terminó imponiéndose. Como la vida misma.