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"Dadles una oportunidad. No os van a defraudar"

ANGÉLICA GONZÁLEZ
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20 migrantes sin su situación burocrática aún legalizada se forman en albañilería, fontanería y prevención de riesgos laborales gracias a un curso promovido por Atalaya y financiado por la Fundación Círculo de Burgos

Ousmane Diallo, Benturki Lamouri y Marouane Es Saidy, delante del edificio que han levantado durante la realización del curso junto a la Fundación Laboral de la Construcción. - Foto: Alberto Rodrigo

Este curso llega en un momento más que oportuno, asegura Julio Sáez, coordinador del centro de formación en Burgos de la Fundación Laboral de la Construcción. La falta de mano de obra cualificada en los oficios es una queja recurrente que más de una vez han hecho pública las empresas del sector y no sin razón. Pues bien. Conociendo las necesidades existentes, por un lado, y, por otro, la cantidad de jóvenes que llegan a Burgos procedentes de países donde sus vidas y su bienestar corren serio peligro, el proyecto intercongregacional Atalaya le propuso a la Fundación poder utilizar sus instalaciones para formar a 20 hombres sin su situación burocrática aún legalizada en albañilería, fontanería y prevención de riesgos laborales. Ha sido todo un trabajo cooperativo pues la financiación -25.000 euros- ha corrido a cargo de la Fundación Círculo de Burgos. El veterano Nazario Llinares, un autónomo de la construcción y colaboración de la Fundación de la Construcción desde hace años ha sido el profesor y con bastante éxito pues sus alumnos prorrumpieron en aplausos hacia él cuando el pasado lunes se hizo un pequeño acto de entrega de diplomas.

Más de 280 horas de formación han hecho de ellos un grupo muy competente. "Yo le diría a los empresarios que no lo duden: dadles una oportunidad, no os van a defraudar, han tenido todos una actitud impecable y no hemos tenido ni medio conflicto a lo largo de todo el curso, saben trabajar bien en equipo y conocen ya las bases de los oficios", afirma Llinares, que conoce muy bien las capacidades de cada uno porque lleva con ellos desde el pasado día 17 de enero cuando comenzó la formación. "Ahora tienen los conocimientos necesarios en el oficio porque hemos procurado que el curso sea, sobre todo, práctico y están como cualquier aprendiz en un oficio. Si van a trabajar a una empresa no me cabe ninguna duda de que después de un pequeño periodo de adaptación, como ocurre en todos los trabajos, van a dar lo mejor de sí".

Mientras Nazario Llinares hace esta reflexión le miran muy atentamente y con un punto de admiración y agradecimiento Benturki Lamouri, argelino de 36 años; Marouane Es Saidy, marroquí, de 20, y Ousmane Diallo, de 22 años y originario de Guinea Conakry. Este último lleva tres años y un mes en España adónde llegó en patera "pasando mucho miedo" y después de pagar 3.000 euros por el 'pasaje', un dinero que su familia fue ahorrando poco a poco. En aquella inestable barca "preparada para 25 personas pero en la que íbamos 60" llegó a Málaga donde la Cruz Roja se ocupó de él. Más tarde pasó a vivir con Accem, ya que pidió el estatuto de refugiado, y en la actualidad vive en un piso de Atalaya y está a la espera de conseguir su primer empleo. Mientras mira con arrobo el diploma del curso que le acaban de entregar hace un resumen de sus cualidades por las que cualquier empresario burgalés podría contar con él: "Soy limpio, trabajador, llego a la hora y me gusta respetar a los compañeros y trabajar en equipo", afirma en español aún con alguna dificultad que está solventando con los cursos de castellano que a diario hace con Atalaya. Conmueve la seriedad con la que hace el relato de sus habilidades mientras Nazario asiente con la cabeza.

Marouane es también muy joven y llegó a España de la misma manera. En su caso, la 'broma' del inestable viaje en patera le costó 4.000 euros pero ahora está bien contento con su diploma de albañilería, fontanería y prevención de riesgos laborales y el empleo que acaba de conseguir. Porque dentro de poco comienza a trabajar en un taller de chapa y pintura. "He querido hacer este curso para abrirme más expectativas laborales y, sobre todo, para aprender". En este punto, Julio Sáez insiste en lo interesante que resulta que chavales que ya están en el mercado laboral sigan formándose: "No se sabe nunca qué va a ocurrir a lo largo de su vida profesional, por lo que me parece muy pertinente que se preparen en distintos campos".

También trabaja Benturki, el mayor de los tres. En su caso, pone pladur en una empresa con la que tiene contrato fijo pero es de la misma opinión que Julio Sáez: "Me gusta mucho aprender, no me canso nunca de saber cosas nuevas", dice con una sonrisa de oreja a oreja. Los tres son los únicos de todos los alumnos que han obtenido sus papeles a lo largo del curso y, por eso, los que menos miedo tienen a la hora de contar su experiencia y salir en las fotos. Explican que tener la documentación en regla les ha supuesto un gran alivio, el mismo que esperan el resto de sus compañeros.

La responsable de que este curso haya salido adelante es la 'madre' de todos aquellos chavales africanos que llegan a Burgos perdidos. Isabel Olazagoitia, religiosa hija de la Caridad y responsable del área de empleo de Atalaya se ha dejado la piel en este proyecto y da las gracias "de corazón" a la Fundación Círculo de Burgos por implicarse con la financiación.

Con mucha experiencia en el campo de acompañar a inmigrantes sin documentación por el laberinto burocrático que deben de seguir para encontrar un empleo y con el alma puesta en que la ciudad de Burgos acepte -que lo hace- a quienes vienen de otras partes, Olazagoitia firma no tener miedo al sesgo antiinmigración con el que se presenta el nuevo Gobierno de la Junta de Castilla y León: "No va a ser real nada de lo que dicen. A los que están aquí se les va a atender y no se les va a echar. Además, me gustaría que en Castilla y León pudiera pasar como en Euskadi, donde las personas sin papeles no tienen derecho a ser demandantes de empleo pero sí demandantes de cursos de formación. Eso sería muy bueno para todos".