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Francisco Muro de Iscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Iscar

Periodista


¡Al suelo que vienen los nuestros!

11/11/2021

Con Ayuso, Almeida y Casado se repiten historias ya vistas en la Comunidad de Madrid, pero también en la política de todos los colores, de muchos lugares y de todos los tiempos. Y no solo en la política. La lucha por el poder, la ambición, a veces sana, a veces venenosa, el deseo de eliminar al otro o a la otra, que tanto monta, el poner por delante los intereses personales, la pasión por ocupar sillones y alcanzar prebendas en perjuicio de otro... "Al suelo, que vienen los nuestros" es una frase atribuida al político franquista y de la Transición Pío Cabanillas, porque entonces, y siempre, pasaban estas cosas y que también pronuncian ahora los concursantes de Master Chef Celebrities cuando nombran a Verónica Forqué capitana de uno de los equipos o del equipo de todos. Pánico.

Cuando llegan los nuestros, no es mala táctica tirarse al suelo y que las balas pasen por encima. No sé si Ayuso aspira a ocupar el puesto de Casado, si es verdad que ella y Almeida son "como hermanos", pero sí parece que a Casado no le gusta tener en casa el posible relevo. Algo parecido sucedió cuando Esperanza Aguirre era la presidenta de la Comunidad de Madrid, y la aspirante a "dama de hierro española", Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, el verso suelto y candidato en la sombra, y Rajoy el líder débil y pusilánime. Al final no queda ninguno de los tres en la política activa, posiblemente porque la ambición (o la falta de ambición, según el caso) hay que saber administrarla. Puede que alguno de los tres de ahora conserve el liderazgo, pero quien pierde, sin duda, es el partido, porque mucha gente no entiende que cuando el Partido Popular está recuperando muy lentamente intención de voto, se disparen entre ellos.

Pero no piensen ustedes que eso del miedo "a los nuestros" pasa solo en la derecha. Que se lo digan a José Luis Ábalos que, en apenas segundos, pasó de ser el Alfonso Guerra de Pedro Sánchez, el político soberbio que controlaba el Gobierno, el partido y hasta a la oposición, a la nada. Sin una explicación, sin agradecerle los muchos servicios prestados. Hasta el punto de que ahora ni siquiera le dan permiso para ser tertuliano en una cadena de televisión, permiso que sí han recibido Carmen Calvo y Pablo Iglesias. Los suyos le han quitado de en medio sin contemplaciones y no quieren ni que respire. (eso sí, con una paga del 80 por ciento durante dos años, que no se sabe de ningún exministro que haya renunciado a ella o que haya vuelto a su profesión anterior, salvo el caso de Juan Carlos Campo).

A Odón Elorza, presidente de la Comisión de Nombramientos del Congreso, le han retirado la portavocía en el Pleno para que no repita lo que dijo de Enrique Arnaldo, candidato a magistrado del Constitucional, y vote a favor de esa candidatura, aunque sea poniéndose unas pinzas en la nariz. Elorza enunció todas las razones por las que Arnaldo no debería ser candidato al Constitucional -muchas muy justificadas-, pero no tiene inconveniente en que su partido pacte con los miembros de Bildu en la cámara baja o en Gobierno de Navarra, a pesar de lo que llevan en su mochila y de todo lo que han hecho y de todo lo que dicen. Que se lo digan también a Susana Díaz, que ha pasado de ser casi candidata a la presidencia del Gobierno a la nada, disfrazada de senadora por designación autonómica.

Las puertas giratorias calman algunas amenazas, pero no todas, y Sánchez no permite delfines. Que se lo digan a Iván Redondo.Y no digamos del miedo "a los nuestros" en Podemos. Cada mañana, al levantarse, tienen que mirar al horizonte y ver cómo se llevan hoy Díaz, Belarra, Montero, Echenique o, incluso, Pablo Iglesias y ver si Mónica García o Errejón son de los suyos o de los otros. Y lo mismo el PSOE todos los días: ¿estos socios de Gobierno y los de legislatura son de los nuestros? Al suelo, que vienen los nuestros es lo que pasa cuando "los nuestros", a izquierdas y derechas, se autogobiernan sin la democracia interna que exigen a todos los demás, cuando las zancadillas priman sobre las ideas y el chantaje sobre el bien común y cuando una pequeña oligarquía decide por todos. Nos merecemos otra forma de hacer política y, sin duda, otros políticos.