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Rosalía Santaolalla

Sin entrar en detalles

Rosalía Santaolalla


Fotos mentales

02/06/2022

De Suecia salieron ABBA, la mitad de la serie Bron/Broen y la democratización del diseño escandinavo doméstico, así que un respeto para los suecos, aunque no sean muy dados a compartir esas bonitas mesas con invitados, por lo que contaban algunos usuarios de Twitter estos últimos días en una tendencia que, por supuesto, se ha terminado llamando #sueciagate. Menos mal que de vez en cuando recordamos que nos metimos en esa red social mayormente por las risas. Las anécdotas sobre familias que dejan a los amigos de sus hijos esperando en una habitación mientras ellos cenan se iban sucediendo para regocijo de los usuarios españoles, acostumbrados al ¿te has quedado con hambre, te frío un huevo?, a las toneladas de patatas fritas y croquetas de las abuelas propias y ajenas y a los tupper que te arreglan la mitad de la semana siguiente. Hace unos días, durante una sobremesa precedida por una abundante cena, la madre de una amiga se quedó mirando, traspuesta, al resto de los comensales. Cuando le preguntamos qué le pasaba, dijo tranquilamente que estaba haciendo una fotografía mental, para acordarse de ese momento concreto en el que estaba siendo feliz. 

También se pueden hacer fotografías mentales de los momentos chungos. Incluso libros, como ha hecho Ángel Martín. En un momento en el que todavía nos da mucho reparo hablar de salud mental, la nuestra y la de los demás, el actor y guionista ha dejado por escrito cómo fueron los días en los que su cabeza llegó al límite. Con una sencillez rayana en la crudeza, Martín no solo describe cómo llegó a ello y de qué modo se manifestó aquel brote psicótico, sino que pone sobre el tapete lo complicado que fue ponerse de nuevo en marcha, retomar la vida tal y como la conocía antes. Muchos autores consiguen llenos en sus presentaciones y sus lectores guardan colas kilométricas para llevarse una firma en su ejemplar. Pero lo de Martín tiene pinta de ser algo más, quizá hablar de lo que pasa en nuestras cabezas está, realmente, dejando de ser un tabú. Ahora, como pasa en casi todo, hay que esperar a que quienes tienen que tomar las decisiones sobre salud pública lo empiecen a considerar también una prioridad. Que, con perdón, dejen de hacerse los suecos.