A una oveja por minuto

R.P.B.
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Como cada vez hay menos españoles que se dedican a ello, decenas de esquiladores profesionales procedentes de países como Uruguay o Argentina pasan entre cinco y seis meses pelando la cabaña ovina en España. Acompañamos a dos de ellos en Cavia

El uruguayo Alexis, esquilando una de las ovejas del pastor Ángel Cantero. - Foto: Jesús J. Matí­as

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Oficio de nómadas

Los balidos se escuchan desde bien lejos, más fuertes y multiplicados que cualquier otro día. En la nave en la que se arraciman las ovejas de Ángel Cantero reina la inquietud: los animales tienen ojos, y están viendo desde primera hora lo que está sucediendo. Es día de esquileo, ese trabajo ancestral arraigado en Castilla desde hace siglos que consiste en cortar el vellón, la lana de las ovejas y los corderos. Durante mucho tiempo, este tradicional trabajo ganadero fue el principal motor económico de Burgos: a partir del comercio de la lana, la Cabeza de Castilla vivió sus años más prósperos y florecientes. Sucede ahora que este producto otrora esencial no tiene hoy valor alguno: los tejidos sintéticos se han impuesto a los naturales. Y la lana no vale nada. O menos que nada. Pero no por ello debe dejar de esquilarse: la oveja sufre con ese abrigo, que además es cobijo de inmundicias que pueden acarrear enfermedades. En uno de sus cuadros más famosos, Marceliano Santa María inmortalizó el esquileo y una época concreta, previa a la revolución mecánica en el campo.

Todo ha cambiado. Tanto, que ya apenas quedan esquiladores locales, y de unos años a esta parte llegan a España procedentes de tierras de ultramar, especialmente de Uruguay y Argentina, cuadrillas de esquiladores para cubrir la campaña, que va de marzo a julio. Es el caso de Alexis, cuya destreza con la máquina de esquilar puede dejar boquiabierto a cualquiera que nunca haya visto realizar una tarea así. Entre el momento en el que elige a una oveja tomándola del pescuezo y la deja perfecta, impecablemente rapada, apenas transcurre un minuto. Alexis es uno de los 258 esquiladores uruguayos que llegaron a España en plena crisis sanitaria, cuando los ganaderos españoles estaban ya desesperados ante la necesidad de esquilar sus rebaños. Y uno de los más talentosos: ha tomado parte en campeonatos internacionales de esquila y ha ganado alguno.

Con 27 años, lleva esquilando desde los 15. Es un oficio arraigado en su familia: tiene dos hermanos que también esquilan. "Lo más duro es estar lejos de casa, de la familia. Pero es lo que hay", señala. No es tanto un trabajo de fuerza (que también) como de maña. "Hay que trabajar bien con las piernas y los brazos, tratar de que el animal esté bien trabado para evitar forcejear, porque eso quita fuerzas. Lo que sí es un trabajo cansado. Acabo las jornadas agotado", explica el charrúa. En Cavia, entre él y su compañero esquilaron en torno a seiscientas ovejas. En unas pocas horas. Datos más precisos: pelaron 412 ovejas de Ángel Cantero en seis horas. Eso es una media inferior a la oveja por minuto. Increíble.

Manolo es cordobés. Le conocen como Paraca. También es una máquina pelando ovejas. Lleva la mitad de su vida haciéndolo, desde los 21 años. "Este es un trabajo muy desconocido. ¿Duro? Todos los trabajos lo son. No creo que este lo sea más que otros, lo que pasa es que todo lo relacionado con el mundo rural es desconocido para la inmensa mayoría de la gente". Que nadie piense que es un trabajo estacional. Manolo esquila de enero a diciembre. Pero es que lo hace en España y en el extranjero. "Para mí lo más duro es estar fuera de casa. Este trabajo te tiene que gustar para poder aguantar tanto tiempo duera de casa", apunta. Este esquilador andaluz reconoce que su trabajo está bien remunerado, y aunque añore el hogar el hecho de estar continuamente yendo de acá para allá también le ha permitido "conocer mundo y aprender muchas cosas".

Esquilar a esta velocidad tiene sus riesgos. Alexis recibió el otro día un cabezazo que le ha dejado un labio hinchado. "Puede pasar, por eso es importante trabar bien al animal". El joven uruguayo ya está contando los días para regresar a su país. Lo hará la próxima semana. Volverá a casa, pero no dejará de trabajar: pronto viajará a Chile, a Argentina, a Brasil, a seguir pelando ovejas. "Bueno, pues esta vida es así", concluye sonriendo. El dueño de la cabaña que están pelando estas dos fieras del esquileo va a descansar. "Ya tenía ganas de que vinieran, los animales ya estaban inquietos con estos calores", apunta Ángel Cantero. Eso sí, la lana que recogen y meten en sacos la venderá a un precio irrisorio "El año pasado me dieron 30 céntimos por cada kilo. ¡Este año me dan 3! Esto es una ruina. Nadie quiere la lana. Es una pena. Con lo buena que es y lo importante que llegó a ser nosotros... Ahora lo único que nos da algo es la leche", apostilla.