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La suerte corona por primera vez a la Azurra en su casa

SPC-Agencias
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Un sorteo con una moneda hizo que Italia se metiera en la final

La suerte corona por primera vez a la Azurra en su casa

Italia subió por primera vez al trono continental con un angustioso triunfo en la edición de 1968, disputada en su país y en la que alcanzó el éxito tras un sorteo con una moneda y la repetición de la final ante Yugoslavia.

La selección anfitriona había presentado muchas deficiencias pese a disponer de jugadores como Zoff, Facchetti, Mazzola, Rivera o Riva, que quedaron ratificadas en la semifinal contra la URSS en el estadio San Paolo de Nápoles, el escenario donde el ambiente había atemorizado a Bulgaria en cuartos.

La ‘squadra azzurra’ fue incapaz de superar a un equipo soviético que se había presentado muy mermado por las lesiones y el 0-0 desembocó en un sorteo porque no había tiempo para otro partido. Se lanzó una moneda al aire y la fortuna sonrió al equipo que dirigía Valcareggi, que se metió de manera casi injusta en la final, en la que se enfrentaría a una Yugoslavia que comenzaba su etapa más dorada.

El cuadro balcánico se midió en semifinales a Inglaterra, la vigente campeona del mundo y ‘verdugo’ en cuartos de España, y demostró sus condiciones -incluidas simulaciones- y aspiraciones. Inglaterra se pertrechó atrás. Plantó una muralla y Yugoslavia sufrió para llegar, hasta que el genial Dzajic la clasificó.

Los yugoslavos habían presentado un equipo compacto y con buena técnica. Eran un rival de cuidado para una Italia que no tenía más remedio que prescindir de Mazzola, Rivera y Riva por problemas físicos.

Los 69.000 espectadores que se reunieron en el Olímpico romano se temieron lo peor cuando Dzajic inauguró el marcador a los 38 minutos.

Italia era impotente para superar la resistencia de los balcánicos, pero una acción de picardía -polémica- de Domenghini al lanzar una falta rápidamente mientras el árbitro formaba la barrera significó el 1-1 a falta de nueve minutos para el final.

La prórroga no desniveló la balanza y se tuvo que recurrir, 48 horas después, a un desempate. La Azzurra se puso sus mejores galas y arrolló a los yugoslavos (2-0).