Sin entrar en detalles

Rosalía Santaolalla


Quince minutos

16/07/2020

Hay quien ha corrido a comprar un sofá mejor después de que los muelles del que tenía se le hayan tatuado en las posaderas durante el confinamiento. Tres meses en casa dan para tomar nota de todo lo que nos hará la vida más cómoda en nuestras casas. La vuelta a las calles también puede servir para replantearse lo que debe cambiar en la ciudad. Para hacerla más vivible, sostenible, amable: para que sea de todos. Ahí está la propuesta que está surgiendo en Vadillos, el lugar de donde salieron los corazones verdes de Manu Revilla: un plan de regeneración del barrio que, efectivamente, lo necesita, como otros en la ciudad. Requerirá de inversiones públicas, claro. Pero también de una apuesta fundamental que es también individual: primar las personas, los comercios locales, los espacios comunes, lo menos contaminante. Echo un vistazo al proyecto pensando que me recuerda a algo y efectivamente, más adelante encuentro la referencia: la ‘ciudad del cuarto de hora’ propuesta por Anne Hidalgo, alcaldesa de París. 

La idea tiene como objetivo potenciar los barrios y descentralizar la ciudad: hacerla más sostenible y accesible y acercar los servicios a los ciudadanos, que no tardarían    -sobre el papel- más de quince minutos en ir al colegio o a sus trabajos. Supondría ensanchar las aceras, reducir el espacio para los vehículos a motor, ampliar y mejorar los lugares dedicados a la vida en común de los vecinos. En Vadillos tendrían corazones verdes para simbolizar el cambio que empezó con la pandemia. Y por qué no, podría extenderse a otros barrios, que requieren también de un cambio para el que Burgos es una ciudad idónea; sin grandes distancias y prácticamente llana, con una cada vez mayor presencia de la bicicleta como medio de transporte. Eso si el Ayuntamiento apostara de verdad por fomentar su uso, favoreciendo que los ciclistas circulen por la calzada sin miedo y sin proscribirlos en el centro histórico. Claro que tiene que haber normas, pero en este caso el sentido común puede y debe marcar la convivencia. En la movilidad como en todo lo demás.

 



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