El cambio climático reduce la vida de producción de la viña

I.M.L.
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El estudio realizado dentro del proyecto Enoadapta en la DO Ribera del Duero y en las gallegas Rías Baixas y Ribeiro remarca el desajuste que sufren las plantas por la reducción del parón vegetativo en los inviernos suaves

Entre las zonas escogidas por el grupo de investigación, el territorio de la Ribera del Duero es el que lleva registrando de manera más acuciada los efectos del cambio climático desde hace dos décadas. - Foto: Alberto Rodrigo

Que los efectos del cambio climático son ya palpables en nuestra producción agraria es una evidencia que nadie discute y los expertos se afanan ahora por encontrar alternativas para mitigarlos o adaptarse a ellos. En el plano teórico, la Asociación Sectorial Forestal Galega (Asefoga), que lidera el proyecto Enoadapta para analizar y dar respuesta a la problemática existente en el sector vitivinícola, se ha fijado en el territorio de la DO Ribera del Duero, además de otras dos zonas de calidad gallegas, Rías Baixas y Ribeiro. 
«Pocos factores son tan determinantes como el clima en las características del vino producido y eso ya se está empezando a ver como una amenaza real en Ribera del Duero, mientras que aquí se ha traducido en una mejoría de los vinos», explica Carmela Cañedo, técnico medioambiental de Asefoga y parte del equipo del proyecto Enoadapta, que especifica que los efectos sobre las cosechas son los mismos, «reducción de la acidez y aumento de los grados de alcohol», lo que resulta muy apropiado para los vinos de Rías Baixas que «están registrando unas añadas excelentes», pero no tan idóneo para los Ribera del Duero, donde sus características no precisan un aumento de la graduación alcohólica. 
Tras realizar una encuesta en la que han participado más de la mitad de las bodegas que conforman la DO Ribera del Duero, han constatado que los efectos del cambio climático se vienen constatando en las últimas dos décadas. «Los viticultores ya han comprobado que las estaciones no son tan extremas, con olas de calor que cada vez se producen antes y los fríos del invierno no son tan intensos, con lo que el parón vegetativo de la planta es menor, lo que provoca daños y desajustes en su desarrollo», explica Cañedo. Trasladado esto al cultivo de la vid, se traduce en una reducción de la vida útil de producción de las cepas. «Ellos mismos nos han trasladado que antes, una viña podía tener una vida útil de entre 70 y 100 años, pero ahora están viendo que ese plazo se ha reducido a los 50 años, por lo que las nuevas plantaciones que se han realizado no van a ser tan longevas como las que ahora están en plena producción», añade la técnico medioambiental. 
El proyecto Enoadapta se está desarrollando gracias al apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico para conocer nuevas técnicas de adaptación y mitigación contra el cambio climático que ayuden a minimizar los daños en las plantaciones y cosechas ante eventos climáticos extremos. Los trabajos de recopilación de información y datos comenzaron el julio de 2019 para después definir una estrategia de adaptación y mitigación a nivel local en cada una de las áreas amparadas bajo las denominaciones de origen de estudio, que ya ha concluido con la elaboración del manual de prácticas más idóneas. 
Para la conclusión de Enoadapta, resta llevar a cabo otras actividades como jornadas de difusión, talleres prácticos y un servicio de asesoramiento para poner en prácticas las medidas de adaptación y mitigación propuestas en cada uno de los territorios, que se desarrollará a partir de ahora hasta completar los dos años de proyecto.