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Pilar Cernuda

CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Work alcoholic y sin complejos

15/10/2022

Si a alguien se le puede aplicar ese modismo americano, workalcoholic, adicta al trabajo, es a María Teresa Fernández de la Vega. Le echa al trabajo todas las horas necesarias para resolver el asunto que lleva entre manos, pero siempre ha tenido tiempo para disfrutar de familia, amigos, ocio y los proyectos sociales que puso en marcha. Entre ellos Mujeres por Africa, al que se dedica a fondo y mantiene muy activo. Nada que ver con ONGs que ponen en marcha personas conocidas y duermen el suelo de los justos cuando sus creadores comprenden que exigen mucho esfuerzo y compromiso.

Marfía Teresa Fernández de la Vega fue la primera vicepresidenta del gobierno, la primera mujer en dirigir una sección del Consejo de Estado y la primera mujer en alcanzar la presidencia de esta institución, que ahora abandona aunque continuará como miembro vitalicio. En este cargo se ha ganado el respeto y afecto de compañeros tan en sus antípodas políticas como Miguel Herrero de Miñón o Federico Trillo.

Cuentan, y es cierto, que cuando Zapatero la nombró vicepresidenta no había nadie en ese momento en el nuevo equipo presidencial que supiera cómo redactar un proyecto de ley, y se pudo resolver el problema los primeros días gracias José Enrique Serrano, que había sido secretario general de la Presidencia con Felipe González y volvió a trabajar en Moncloa, y gracias a Fernández de la Vega, con la "mala" costumbre de estudiar los asuntos en los que tendría que intervenir. Además, había sido Secretario de Estado de Justicia con Belloch.

Tenía tiempo para todo, a veces recién pasada la medianoche, cuando se iba del despacho. Feminista sin presumir de serlo, feminista del plan antiguo, defensora a ultranza de la igualdad de las mujeres con los hombres en todos los aspectos; no como las feministas de nuevo cuño que andan a vueltas con el género dejando en segundo lugar a la mujer. Ha sido también una mujer tan segura de sí misma y de sus capacidades que no se ha dejado llevar por complejos, y ha cuidado y cuida su aspecto, eligiendo bien el vestuario y sin rechazar retoques estéticos. La llamaron durante un tiempo María Teresa de la Vogue, y le importó poco. Siguió trabajando hasta la extenuación, la mejor forma de demostrar que se podía ser buena profesional sin renunciar a sentirse bien en su propia piel.

En estos tiempos de mediocridad política, de mujeres que no siempre llegan al poder por sus méritos, y que la igualdad se defiende desde posiciones muy discutibles, se echa de menos a personas como Fernández de la Vega. Deja la presidencia del Consejo de Estado, no el Consejo, y se puede dar por seguro que se volcará aún más con las mujeres africanas que tanto tienen que luchar para conseguir en sus países el respeto y la consideración de los hombres. Y también de muchas mujeres reticentes a pelear por sus derechos en un mundo masculino.