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Paisanos por el mundo pero con su tierra en el corazón

L.M.
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Diego Ruiz y Marta Rodríguez son dos de los miles de vecinos que han tenido que emigrar para labrarse un futuro. Sin cumplir la treintena, trabajan de lo suyo al otro lado del Atlántico y en pleno continente africano, respectivamente

Diego Ruiz y Marta Rodríguez, dos burgaleses por el mundo pero con su tierra en el corazón.

Diego Ruiz | Ciudad de México (México)

«He tenido bastante suerte. La gente es muy acogedora»

La experiencia de Diego Ruiz en México tenía que haber arrancado en mayo de 2020. Sin embargo, el estallido de la pandemia retrasó el desembarco de este burgalés en la capital del país centroamericano unos cuantos meses. 

No fue hasta noviembre del año pasado cuando pudo pisar por segunda vez la capital, ya que ya lo había hecho en los primeros meses del 2020 para asistir a una feria por motivos de trabajo. Es precisamente una cuestión laboral la que le llevó a cruzar el Atlántico.

En Ciudad de México está ejerciendo como country manager de Geotelecom, la agencia de marketing digital del Monte de la Abadesa que busca expandirse al otro lado del océano. «Buscamos clientes en el mercado latino, me pareció una buena oportunidad y me lancé», reconoce. Su idea inicial es, como mínimo, permanecer en el país azteca dos años.

«Creemos que es un buen periodo inicial para probar y demostrar el potencial que tenemos. En España nos está yendo muy bien pero queremos entrar en nuevos mercados», apunta. La llegada a su nueva ciudad, a más de 9.000 kilómetros de casa, fue de todo menos fría. Cinco días después de instalarse en su nuevo piso, el grupo de hip hop burgalés formado por Víctor Rutty, Rober del Pyro y DJ Kaef dio un concierto. «Nos juntamos un montón de burgaleses, algunos con las camisetas del Burgos CF, del San Pablo o banderas», recuerda.

A nivel personal, aunque admite que está siendo «un reto» viajar a un país él solo, tan lejos de su familia y amigos, sí que destaca la amabilidad de los mexicanos y su buen recibimiento. «La gente es muy acogedora.Me han recibido con los brazos abiertos», indica. 

Como dos puntos a favor de su nuevo hogar pone tanto el clima como la comida. Del primero asegura que es «un auténtico lujo» poder salir a la calle en febrero en pantalones cortos, mientras que del segundo se queda con la variedad... y el picante. «Mi padre es de Cerezo de Río Tirón (Riojilla burgalesa) y algo acostumbrado estoy, aunque no llego al nivel de los mexicanos», admite entre risas. Sobre los posibles prejuicios acerca de la inseguridad de Ciudad de México, Ruiz señala que «no deja de ser una gran ciudad en la que hay que tener sentido común».

Marta Rodríguez | Luxor (Egipto)

«Es una cultura muy distinta a la que estamos acostumbrados»

Hace cinco meses que Marta Rodríguez cambió Burgos por Luxor, en el Alto Egipto. Conocida por ser un gran foco de turismo, cuenta también con importantes industrias que dan empleo tanto a oriundos como a personas de origen extranjero.

Es el caso de la burgalesa, que ejerce como responsable de Calidad en una compañía española de alimentación que ha decidido abrir una nueva sede. A orillas del río Nilo, Rodríguez vivirá al menos hasta octubre, aunque suele desplazarse a otros puntos del país por motivos laborales. «La ciudad es muy caótica, radicalmente distinta a lo que estamos acostumbrados en Europa», reconoce. La forma de vivir de sus vecinos es también distinta a la de los españoles, hecho que no obstante la burgalesa asegura le es «muy enriquecedor».

Sus primeros días en el continente africano coincidieron con unas fechas importantes para la comunidad musulmana, mayoritaria en egipto, el Ramadán. Del 2 de abril al 2 de mayo se desarrolló este mes sagrado en el que el ayuno se convierte en un factor indispensable cuando hay sol. «Tenía ganas», apunta. Vegetariana desde hace ya un tiempo, en Luxor está encontrando un auténtico paraíso para su estómago. «Tienen muchos platos típicos muy ricos», reconoce Rodríguez, que admite que la costumbre de comer carne casi a diario que hay en España allí no está tan arraigada. 

Con su familia, pareja y amigos se comunica a través de Telegram y Facebook, ya que la aplicación de Whatsapp no permite realizar videollamadas. No obstante, está continuamente en contacto con ellos, sobre todo cuando viaja para conocer otros rincones de la nación. «Hay auténticas maravillas. Tiene lugares muy interesantes con muchísima historia. Sorprende ver monumentos que se construyeron hace 3.000 años y siguen en pie casi como nuevos», asegura.

Comparte su piso con otros cuatro españoles que trabajan en la misma compañía de alimentación, aunque no ha conocido a muchos más en todo Luxor. Su condición de europea, apunta, provoca a diario situaciones anecdóticas. «Me siguen tratando como a una turista. Ir por el centro es agobiante, no paran de ofrecerme calesas, taxis o tours», apunta. Del mismo modo, destaca el afán del regateo que emplean muchos egipcios.