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Las precarias instalaciones lastran a los talleres de Renfe

Arsenio Besga
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Los trabajadores de Miranda conviven con goteras, techos que se desprenden, falta de iluminación y cada año con más compañeros subcontratados. «Es un sangrado lento, pero constante», aseguran

Las precarias instalaciones lastran a los talleres de Renfe

Los talleres de motor y remolcado de Renfe en Miranda encadenan lustros de problemas y deficiencias que «no se solucionan». Las instalaciones necesitan inversiones «pequeñas» para paliar desperfectos como goteras y falta de iluminación. Además, los empleados de estos servicios critican que «no existe un proyecto a largo plazo», pues cada curso el número de personas subcontratadas crece. «En diez años la plantilla se ha reducido un sesenta por ciento [...], hay una gran incertidumbre porque es un sangrado lento, pero constante», lamenta Óscar Balbás, miembro del comité de CGT.

Según cuenta José Antonio Barahona, presidente del comité del Grupo Renfe en la provincia, «las instalaciones están muy abandonadas». Desde hace tiempo, el taller motor «no tiene apenas iluminación», con el peligro que supone a la hora de realizar el camino desde la estación hasta el propio tren. Unido a ello, Javier Domínguez, presidente del comité de empresa, relata que la nave «tiene goteras y no se arreglan». La plantilla considera que se trata de una situación «dramática».

Los problemas de infraestructuras han llegado a provocar que la inspección de trabajo decidiera clausurar una zona. Óscar Balbás, representante de CGT, explica que «el techo directamente se desprendía». Desde los sindicatos se comenta que «la inversión necesaria es pequeña», pero nunca llega. «Se iban a gastar un dinero en rehabilitar partes del taller de material motor, que está que se cae, y seguimos esperando», recuerda Balbás.

Al margen de la descuidada y peligrosa situación que se vive en el interior de las naves, los talleres de Renfe también acusan graves carencias en el ámbito de los recursos humanos. «La carga de trabajo es incluso superior, pero en diez años la plantilla se ha reducido un sesenta por ciento», denuncian desde CGT. Para cubrir la carga de actividad que existe actualmente, Renfe apuesta por la externalización del trabajo. Por ejemplo, 25 personas realizan sus labores en el taller de remolcado. De esos profesionales, 16 pertenecen a Transfesa, una entidad externa a Renfe. «La plantilla es escasa», critica Barahona. «Hay servicios que no se pueden llevar a cabo por falta de personal», sentencia Domínguez.

Las propuestas olvidadas se han repetido en demasiadas ocasiones como para «confiar» en los nuevos proyectos que «se empiezan a escuchar». «No nos los llegamos a creer [...] si no hay recursos humanos y no hay cambios a corto plazo, ¿cómo van a asumirse esas inversiones?», se pregunta Barahona en referencia a la posible unificación de los talleres. «Promesas se oyen muchas», comenta Balbás. «La última inversión ha sido una cabina de pintura automática... Y llevaba aprobado desde 2014», exclama desesperado el representante sindical de CGT.

En resumidas cuentas, la plantilla de los talleres de Renfe percibe que sus necesidades no se centran en iniciativas «megalómanas», sino en el «día a día». «En Miranda debe hacerse un proyecto de futuro, pero antes tenemos que solventar los problemas diarios», recuerda Barahona. «Necesitamos trabajar en condiciones seguras», añade.

Las denuncias del colectivo se acumulan sobre la mesa de los responsables y la falta de actuación hace mucho que «decepciona» a unos trabajadores «sin esperanza».